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lunes, 7 de noviembre de 2011

Migración y prostitución española en Cuba ¿mujeres invisibles?


El Dr. Julio César González Pagés durante la conferencia que ofreció el día 28 de octubre de 2011 en la Federación de Asociaciones Asturianas de La Habana





Por Yonnier Angulo Rodríguez

Siempre que se hace referencia al proceso de la migración en la historia, el protagonismo lo ha tenido casi siempre el hombre como sujeto universal, característico de la visión patriarcal que predomina en nuestras sociedades. Sin embargo, las mujeres también han formado parte de las principales migraciones a través de los tiempos, pero contradictoriamente su papel no se investiga o se realiza de forma secundaria.

Revertir este fenómeno es precisamente uno de los objetivos del historiador, Dr. Julio César González Pagés, quien ofreció el día 28 de octubre de 2011 en la Federación de Asociaciones Asturianas de La Habana la conferencia “Emigración de Mujeres Españolas a Cuba: ¿el fin de la travesía?”, a propósito de la Jornada por el Día Internacional del Emigrante auspiciado por varias instituciones cubanas y españolas

En su intervención, González Pagés se refirió a que la migración aún es un campo donde el tema de las mujeres aparece como anexo, pero sin ser abundado con profundidad. El autor del libro Emigración de Mujeres Gallegas a Cuba: Las Hijas de Galicia, exhortó además aprovechando el sitio donde se realizaba la actividad, que se visibilizaran diferentes asociaciones de mujeres españolas en Cuba, que tan importante función tuvieron en el pasado, como la de Hijas de Asturias o de Canarias. Habló acerca de las discriminaciones que sufrieron las mujeres inmigrantes por su sexo, clase social y estatus migratorio, algo que se puede trasladar a la actualidad cuando se analiza la emigración de mujeres latinoamericanas a España, las cuales atraviesan situaciones similares a las que tenían las españolas en el pasado.

Asimismo, presentó una multimedia, versión de su libro sobre la emigración de mujeres gallegas a Cuba en formato digital, donde se incluyeron además de la investigación, imágenes, mapas de rutas en La Habana, videos y documentos inéditos.

Un punto polémico fue el abordaje de la prostitución de las mujeres españolas durante la emigración en las tres primeras décadas del siglo XX. Algunos residentes españoles en Cuba, presentes en la conferencia, negaron el fenómeno al hacer referencia González Pagés a las estadísticas de esta época, tomadas de los Archivos policiales y de la obra La delincuencia femenina en Cuba (1928) de Israel Castellanos, donde resalto que “fueron las mujeres gallegas las más vulnerables a este negocio auspiciado por mafias y redes familiares que como pasa en la actualidad tienen en las mujeres y niñas su centro de atención “

En una de sus respuestas el destacado investigador cubano afirmo: “En el año 2003 cuando publique el libro Emigración de mujeres gallegas a cuba: Las Hijas de la Galicia algunos Presidentes de Asociaciones gallegas boicotearon la presentación del libro por abordar el tema de la prostitución gallega en las tres primeras décadas del siglo XX y en aquel momento les pregunte a algunos de ellos si sentían la misma indignación cuando los medios de comunicación de España hablan de la prostitución de la mujeres cubanas en la actualidad y no recibí respuesta. ¿Será que hay dos posiciones morales para un mismo fenómeno histórico?”

El profesor Julio César González Pagés alego: “Como investigador histórico comprometido con los debates sociales nunca mi voz se alzara para complacer a sectores conservadores de la emigración que intenta una vez más restarle valor a la historia de las mujeres que fueron obligadas por crisis económicas y políticas a ejercer la prostitución.” El estudioso en Historia de Mujeres hizo finalmente un llamado a hacer justicia con la historia de la mitad de la población mundial, es decir, las mujeres, relegada siempre su existencia en el pasado a un segundo plano.

viernes, 28 de octubre de 2011

Emigración de mujeres españolas a Cuba




Conferencia:



Emigración de mujeres españolas a Cuba

Dr. Julio César González Pagés.

Resumen:

La emigración de mujeres españolas a Cuba y su impacto en la sociedad cubana de los siglos XIX y XX será el tema que espondrá el investigador González Pagés autor de numerosos libros sobre emigración como "Hijas de Galicia" (Ecovigo, 2003)

Lugar: Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba.

Dirección Calle Paseo del Prado esquina Virtudes.

Habana Vieja

día 28 de octubre de 2011

hora: 2 .00 pm

entrada libre.

jueves, 30 de junio de 2011

Páginas inéditas con Por andar vestida de hombre


Fragmentos del libro Por andar vestida de hombre, de Julio César González Pagés, serán leídos por su autor, el miércoles 6 de julio, a las cuatro de la tarde, en el espacio Páginas inéditas, que conduce el periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa, en la Librería Fayad Jamís (Obispo 261, entre Cuba y Aguiar, La Habana Vieja).

Por andar vestida de hombre, que será publicada próximamente por la Editorial de la Mujer, es una documentada y acuciosa investigación, que analiza el caso de Enriqueta Favez, primera mujer que, en el siglo XIX, ejerció la medicina en Cuba, bajo la identidad masculina.

El propósito de esta obra, en palabras de Julio César González Pagés, es “llamar la atención sobre las discriminaciones que han sufrido las mujeres durante la historia para desempeñar empleos donde fueron excluidas por ser emigrantes o por una libre elección de su opción sexual. El caso de Enriqueta Favez sirve en la actualidad para demostrar que la lucha que ella libró por estos derechos aún continua”.

Doctor en Ciencias Históricas, profesor de la Universidad de La Habana, Julio César González Pagés (La Habana, 1965) es coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades y ha impartido cursos y conferencias en universidades de México (UNAM), Estados Unidos (Harvad, Princenton, Yale), España (Autónoma de Barcelona, La Salle y Complutense de Madrid) y Puerto Rico (UPR), entre otros países.

González Pagés es autor, entre otros libros, de En busca de un espacio: historia de mujeres en Cuba, Emigración de mujeres gallegas a Cuba: Las Hijas de Galicia, El feminismo cubano en el siglo XIX, ¿tendencia o movimiento? y Macho, varón, masculino. Estudios de masculinidades en Cuba, título este último que podrá ser adquirido en Páginas inéditas. .

El propósito de este espacio mensual de la Librería Fayad Jamís es dar a conocer, en voz de sus propios creadores, textos inéditos, además de establecer un diálogo en que los escritores invitados cuentan de sus intereses literarios y anécdotas relacionadas con su vida y obra.

Páginas inéditas, con Por andar vestida de hombre, de Julio César González Pagés, en la Librería Fayad Jamís, es con entrada libre del público.


La Habana, julio 2011
Dirección de Promoción
Instituto Cubano del Libro

miércoles, 15 de diciembre de 2010

“Feminismo, sexualidad y género"

Por: Dayron Oliva Hernández.
Red Iberoamericana de Masculinidades

Con el auspicio de la Red Iberoamericana de Masculinidades y la Cátedra de Género y Comunicación “Mirta Aguirre” del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, estudiantes de tercer y cuarto años de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, realizaron un amplio debate a partir de la historia republicana cubana (1902-1958), en saludo a la Jornada y al Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

Como parte del cierre del curso optativo Género y sexualidad en la República del profesor Julio César González Pagés, coordinador general además de la Red Iberoamericana de Masculinidades, los/as estudiantes reflexionaron a través de destacadas figuras entre ellas Ofelia Domínguez, Pilar J. de Tella, Hortensia Lamar, Rosario Guillaume, Miguel de Carrión, acerca de cómo el importante movimiento feminista cubano abordó el cambio social para la mujer, no solo desde el sufragio sino teniendo en cuenta su desfavorecida situación social ante los hombres, los estereotipos sexistas y los temas para la obtención de derechos como la educación, el divorcio, el trabajo, la protección a la mujer inmigrante, etc. También se trataron temas sensibles como la prostitución femenina, la homosexualidad y se tuvo en consideración obras significativas de la producción literaria de esa época que, en sentido general, nos pone en perspectiva histórica cuánto se ha avanzado en nuestra sociedad en relación a la equidad de género.

El blog FEMINISMO EN CUBA pone hoy estos trabajos a su consideración

Entre Luisa Capetillo y Filo Vidal: transgresión y defensa de la mujer

Por Jesús Gómez Mas.
Estudiante de 3er.
Año de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana

Constituye un viejo argumento el que plantea que no se puede escribir sobre las mujeres porque las fuentes documentales o bibliográficas son escasas. Otros apuntan al poco protagonismo que tienen para la Historia General, dada su poca participación en los acontecimientos que esta narra de guerras y luchas por el poder político en diferentes etapas.

La renovación historiográfica feminista aportaría nuevas formas para los grupos de Historia Social, ofreciendo un nuevo enfoque a la inclusión de las mujeres, independientemente de los roles tradicionales adjudicados, donde la maternidad y la familia parecían ser los únicos importantes.

La reinterpretación de las fuentes tradicionales y la utilización de métodos provenientes de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, permitieron abandonar maneras totalmente androcéntricas y cuantitativas de hacer historia.

Una de las contribuciones de la historia de mujeres, “ha sido precisamente la afirmación de que la mujer tiene una historia, y que esta historia no puede considerarse como un conjunto de datos olvidados cuyo destino sería incorporarlos a las categorías históricas tradicionales ni tampoco como simple contribución marginal a la supuesta historia definitiva –la historia del hombre vista desde una perspectiva masculina y un sistema de valores masculinos.”

Precisamente esta era una de las principales preocupaciones al abordar la investigación de dos importantísimas mujeres emigrantes acerca de las cuales se ha escrito muy poco o solamente de forma referencial. Las figuras de Filo Vidal y Luisa Capetillo serán los ejes fundamentales que motivan esta sencilla investigación.

El primer problema que tuvimos fue la escasa bibliografía existente sobre la actuación de dichas figuras feministas, la primera gallega y la otra puertorriqueña, durante sus estancias en Cuba; las cuales aparecen de modo periférico en estudios generales. Ello ocurre por la desvalorización de lo femenino, siendo una característica central del sistema social de género, en el que ha predominado la desigualdad entre los hombres y las mujeres. Las mujeres en tanto personas y las actividades definidas como femeninas, no tienen el mismo valor que las masculinas, ni tampoco lo tienen los espacios sociales donde estos roles se desempeñan: el mundo público y el mundo privado (familia). Debido a las relaciones de género basadas en la jerarquía, lo femenino, en cualquiera de sus niveles, ha desaparecido y se ha hecho invisible.

Sobre la actuación de Filo Vidal durante el Segundo Congreso Nacional de Mujeres de abril de 1925 y su defensa de la mujer emigrante quisiéramos comenzar nuestro estudio. Esta Asamblea, que fue inaugurada y clausurada en el Teatro Nacional, ubicado dentro del edificio del Centro Gallego, tuvo en la moción de la mencionada gallega, un discurso que más allá de defender una nacionalidad específica, hablaba de la necesidad de ayudar a las mujeres emigrantes sin distinción de su origen nacional o regional.

Vidal pidió en el Congreso lo siguiente:

“Primero- Hacer una llamada a las actuales sociedades de inmigrantes, de todos los países, para que presten su concurso por medios distintos, con el fin de recaudar fondos, para que se levante un edificio amplio y alegre que se denomine Casa de la mujer inmigrante”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2010)

Este punto pedido por la delegada se materializa años después por diferentes sociedades españolas, que constituyen asociaciones regionales para sus emigradas en específico. Un segundo punto pedido por Filo Vidal apuntaba sobre las características que debía tener la casa de la mujer inmigrante:


“Que dicho edificio se alce no lejos del puerto, como áncora de salvación, brindándole su hospitalidad cariñosa a la mujer emigrante, la cual abonará una cuota mensual que le dé derecho apenas desembarque, a poseer un hogar de sólida honradez y protección, donde se le acoja cubriendo sus necesidades, bajo el Patronato del Congreso Femenino de Cuba. Así evitará que la mujer emigrante caiga en manos poco escrupulosas de primos, vecinos y amigos que cuando no acaben con sus modestos ahorros, que traen para sus primeras necesidades, sabe Dios a costa de qué repugnancias íntimas, la inician en el vicio, dejándolas abandonadas después”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2010)

Son significativas las denuncias constantes que eran realizadas sobre familiares y amigos de las emigradas, que lejos de actuar solidariamente, se convirtieron en el calvario de las mismas, por someterlas a actos muy crueles de vejación.

El último punto de la ponencia de Filo era un llamado espiritual a la aceptación plural:
“Que en la casa de la mujer inmigrante sea admitida toda persona del sexo femenino, sin distinción de edades, ni de raza, para la cual el edificio constará de varios pabellones, teniendo por divisa suprema: Amor y Protección. Ello reanudará en provecho de la mujer y gloria del feminismo cubano, que llevará a cabo una bella y gloriosa obra, siendo una demostración para el orbe entero de lo que pueden las fuerzas del espíritu femenino”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2010)

Si algo puede resultar curioso en las ponencias de la feminista Filo Vidal es cómo propugna en cada una de sus palabras: la defensa de la mujer inmigrante en general, sin entrar en las particularidades de regionalismos o nacionalismos; aún cuando proviene de una España marcada por los exacerbados sentimientos autonomistas de cada territorio, donde no existió una identificación con la nación a la que pertenecen, sino que se dan a conocer de acuerdo a la región histórica de procedencia: vascos/as, navarros/as, asturianos/as, gallegos/as, canarios/as, entre otras.

Otra feminista, la lectora, periodista, escritora y organizadora obrera Luisa Capetillo, fue una de las más destacadas líderes feministas en la historia de Puerto Rico. En una de sus publicaciones del año 1911, elaboró muy detalladamente su visión de la relación hombre y mujer. A través de Mi Opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, insistió en el gran potencial que poseía la mujer como agente de cambio social, “porque el actual sistema, con todos sus errores, se sostiene por la ignorancia y esclavitud de la mujer” (RAMOS, 1992). Ello muestra cómo Capetillo hizo hincapié en la importancia de desmontar la errónea concepción que la educación no es apta para la mujer, y que esta es una valiosa vía para que se liberen de la dependencia con respecto a los hombres.

En este sentido, cabe recordar las palabras de una periodista y escritora asturiana llamada Agar Eva Infanzón y Canel (mejor conocida como Eva Canel), quien estuvo en Cuba durante el año 1891, y después de quedar viuda expresó: “si mi marido no hubiese muerto, y por el contrario hubiese hallado la salud en estas latitudes como los médicos lo habían predicho, yo habría venido a Cuba a ser lo que había sido antes, una esposa sumisa”. Esto viene afirmar, lo que años después, indicaban las palabras de la feminista puertorriqueña de exaltar el papel de la educación como mecanismo para terminar con la esclavitud de la mujer y no esperar por las vías “naturales” -la muerte, en este caso- para obtener reivindicaciones.

A partir de 1911 y durante los próximos cinco años, Luisa Capetillo extendió su radio de acción a otras regiones del continente. Así, en 1913, llegó a Cuba para vivir cerca de dos años. Después, de regreso a Puerto Rico, publicó su último libro conocido, influido de las ideas modernas fruto de sus viajes, y en el que desarrolló sus concepciones sobre la moral y el amor, citando como muestra de su cultura general sobre la mujer, historias de mujeres-paradigmas como: Madame Curie, Juana de Arco, Concepción Arenal, Agustina de Aragón, entre otras.

De su estancia por Cuba, data, tal vez, su más célebre anécdota, pues utilizó la transgresión de las normas masculinas, salir vestida de hombre por la calle de Obispo, como recurso para llamar la atención y ser oída por la opinión pública. Resultados de dicha acción: Capetillo fue obligada a salir del país y se le prohibió su entrada futura. Pareciera tan insignificante el motivo de tal sentencia, pero el que una mujer se vistiera de hombre en un espacio público, fue percibido como una violación del orden impuesto por los hombres.

Si bien pudo constituir una simple burla al atelier femenino, de la manera en que ocurrió, fue visto como un atentado a la tan irritable masculinidad de los hombres, un intento de empoderamiento por parte de dicha mujer, un delito que absurdamente solo pudo ser pagado por el modo en que se sancionó, pues el poder no había sido concebido socialmente para la mujer y la vía por la que ésta puede adquirirlo es mediante la dirección de los hombres; vía que a lo largo de la historia ha constituido un atropello de los ideales liberales-democráticos y donde las estigmatizadas mujeres no han gozado de la capacidad jurídica y política para decidir sobre algo.

A tan relevante escándalo se le realizó una copla popular que retrató dicho momento:

“Doña Luisa Capetillo,
con razón o sin razón
ha armado tremendo lío
con su falda pantalón.”
(GONZÁLEZ PAGÉS, 2003)

En honor y recuerdo de sus luchas y aportaciones al feminismo, Don Martín Beltrán, panadero, organizador obrero y compañero de trabajo de Capetillo la llamó: “Mujer de otro mundo, que vino a abrir nuevos senderos”. Y es que eso vino hacer tan osada mujer al transgredir normas y violar estereotipos en una época en que las féminas debían corresponder con el sistema sexo-género, o sino eran condenadas al patíbulo, guiado por las leyes de la nueva inquisición: la sociedad moderna.

Bibliografía

ARAUJO, Nara: Viajeras al Caribe. La Habana: Casa de las Américas, 1983
GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
------------------------------------------- Gallegas en Cuba. Bogotá: Editorial Karisma, 2010 (Edición digital)
RAMOS, Julio. Compilación de ensayos de Luisa Capetillo. Amor y Anarquía. Los escritos de Luisa Capetillo. San Juan: Ediciones Huracán, 1992

LUISA CAPETILLO: UNA HISTORIA, UNA OPINIÓN

Por Laura Benazir Hernández García.
Estudiante de 4to.
Año de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana.

“Doña Luisa Capetillo
Con razón o sin razón
Ha armado tremendo lío
Con su falda pantalón”
(FMC, No. 74)

Con esta copla popular fue conocida en su época Luisa Capetillo, al convertirse en la primera mujer puertorriqueña en vestir pantalones de hombre en público; pero indudablemente más que esto fue, como la llama Don Martín Beltrán, panadero, organizador obrero y compañero de trabajo de Capetillo: “una mujer de otro mundo, que vino a abrir nuevos senderos” (FMC, No. 74). Es ella clara expresión de la cultura de la resistencia y de las formas de lucha que ha revestido el combate por la emancipación de la mujer y por el cambio social.

Por esto escribo, con el objetivo de ofrecer en unas pocas páginas de historia de vida un fragmento de la impresionante vida y la acción transformativa de esta mujer, prácticamente sumida en la anonimia; demostrando la inmensa contribución femenina a las principales transformaciones en la historia de las sociedades humanas, fundamentalmente en los proyectos nacionales y de construcción social en sus países.
Nacida en Arecibo en octubre de 1879, hija de una francesa que llegó a Puerto Rico como institutriz, y de un español descendiente de una familia acaudalada pero finalmente convertido en proletario, Luisa Capetillo recibió en su hogar una educación más liberal de lo que podía esperar una mujer de su época. No solamente aprendió pronto a leer y escribir sino que bebió en la cultura de sus padres, formada en el romanticismo decimonónico francés y el socialismo libertario que dio vida a los inicios del feminismo, fuertemente influida por las ideas democráticas y los ideales anarquistas.

En esta época tiene lugar en toda América Latina una explosión de protagonismo de las mujeres anarquistas, bajo la consigna: “Ni Dios, ni patrón, ni marido”. En Buenos Aires, Argentina, durante el año 1895 circula entre las mujeres el folleto Propaganda anarquista, bajo la firma de la librepensadora italiana Ana María Monzón, que abordó temas como el amor libre, la familia, las distintas formas de violencia conyugal y la explotación femenina en el trabajo fabril. En 1901 aparece en Guanajuato, México, el primer número del periódico Vesper, editado por la periodista revolucionaria y anarquista mexicana Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, con el objetivo de combatir al gobierno de Porfirio Díaz, y que establece vínculos posteriormente con los hermanos Ricardo y Jesús Flores Magón, figuras centrales del anarquismo en ese país y fundadores del Partido Liberal Mexicano. Así vemos cómo se desarrolla la lucha femenina en busca de una alternativa de resistencia para las mujeres trabajadoras, denunciando primeramente las pésimas condiciones laborales, las jornadas excesivas y los miserables y desiguales salarios que reciben. Así intentan estas “libertarias” encontrar su lugar en una sociedad históricamente patriarcal, a la vez que desde su universo persiguen la justicia social.
En 1894 existen en varias ciudades de Puerto Rico numerosas uniones femeninas en las que se incrementan los temas de las demandas: la asunción de la igualdad en un sentido amplio y el enfrentamiento a la explotación capitalista y a las desigualdades entre los sexos, desde el feminismo, asumido como condición de ideología.

Es precisamente este el contexto en que se forma la personalidad de Luisa, marcada además por su condición de “querida” del Marqués de Arecibo, con dos hijos reconocidos legalmente pero fuera del matrimonio, por lo que sufre en carne propia los prejuicios de la época.

Ya para 1904 Luisa inicia su labor con varios periódicos de su pueblo natal. Luego comienza a hacer trabajos para la industria de la aguja desde su domicilio, para así poder ganarse la vida por su propia cuenta y no tener que depender del padre de sus hijos. En 1906 empieza a trabajar como lectora en las fábricas del tabaco, profundizando su educación con la lectura de las novelas de Zola, Tolstoi, Hugo, Balzac, Dumas y otros; obras de contenido social y político de Marx, Engels, Bakunin, y otros escritores de ideales avanzados; y de los periódicos y revistas de índole socialista, anarquista, y sindicalistas.
Como explica en sus diarios, Luisa Capetillo hizo su "debut sindical" en 1907, cuando participó en una importante huelga agrícola de Arecibo, en ebullición con las ideas del obrerismo y del anarquismo, por el temprano contacto de sus trabajadores con la literatura revolucionaria que llegaba a la ciudad puerto. En 1908, asume la defensa de los derechos de la mujer, solicitando que la Federación Libre del

Trabajo apoye el derecho al voto para todas las mujeres, no solo las educadas, convirtiéndose en la primera sufragista puertorriqueña.
Desde sus claves ideológicas y sin unirse a ninguna de las organizaciones feministas de su época, Luisa fue la primera mujer puertorriqueña en escribir acerca de las ideas feministas y las teorías de los derechos de la mujer, uniéndolo a sus esfuerzos de lograr la unión y organización del movimiento laboral, como único vehículo de las mujeres pobres para garantizar su instrucción, cohesión y unidad, y así obtener justicia e igualdad.

A partir de 1911 y durante los próximos 5 años, Luisa extiende su radio de acción a otras regiones, vinculada a la Federación de Torcedores de Tabaco, con filiales en varios países de la Cuenca del Caribe, incluyendo la costa sureste de los Estados Unidos. Como internacionalista obrera residió en Tampa, Florida, y Nueva York, donde colaboró con el periódico Cultura Obrera. De allí pasa a Cuba, donde fue considerada una "anarquista peligrosa" al pasearse por las calles de La Habana usando ropa de hombre. Además visitó México y la República Dominicana, donde se le impidió hablar en un teatro porque se había solidarizado con un grupo obrero.
Luisa Capetillo ejerció su militancia sindicalista al tiempo que se formaba como feminista, y fundió ambos conceptos en uno, y no sólo predicó el obrerismo y el feminismo sino que vivió de acuerdo con sus principios, expuestos firmemente en sus cuatro libros publicados: Ensayos Libertarios; Mi Opinión sobre los Derechos, Responsabilidades y Deberes de la Mujer; La Humanidad en el Futuro e Influencias de las Ideas Modernas.

En su primer libro Ensayos libertarios publicado en 1907, y dedicado a los trabajadores de ambos sexos, Luisa profesa su culto a la justicia, la paz y la fraternidad universales. Además, postula la necesidad de una nueva educación exenta de ritos y dogmas, sentando las bases de la equidad en la felicidad y la autosuficiencia. Concede en este libro importancia vital a la instrucción para el logro de la libertad y la igualdad:

“La instrucción es la base de la felicidad de los pueblos. Instruid bajo el dosel de la verdad: rasgad el velo de la ignorancia, mostrando la verdadera luz del progreso, exenta de ritos y dogmas. Practicad la fraternidad, para estrechar los lazos que deben unir la humanidad de un confín a otro sin distinción de razas ni creencias. La ignorancia es la causa de los mayores crímenes e injusticias”. (VALLE, 2010)

En su próximo libro La Humanidad en el Futuro, elabora su ideal de sociedad futura, de la “nueva escuela”, de la que saldrían “hombres y mujeres incapaces de vivir a costa de la explotación, del fraude y la ignorancia”. (VALLE, 2010)

Posteriormente en 1911, elabora más en detalle su visión de la relación hombre-mujer. En Mi Opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer insiste en el gran potencial que tiene la mujer como agente de cambio social porque “el actual sistema, con todos sus errores, se sostenía por la ignorancia y la esclavitud de la mujer” (VALLE, 2010), y esto solo puede ser transformado a partir de su educación.
En el primer capítulo de la obra discute la condición de la mujer en el hogar, la familia y el gobierno. Opina que la mujer debe ser instruida, pero no solamente en los quehaceres domésticos y el arte de saber confeccionar con perfección una prenda de vestir, sino también debe instruirse en las ciencias, la aritmética, la geografía y la literatura universal. Se pregunta cómo es posible que, de un lado, se le entregue a la mujer la responsabilidad de la crianza de los hijos y, de otro, se le niegue acceso a la educación liberalizante. Cree Capetillo que la mujer debe instruirse para que eduque a sus hijos con corrección; para que obtenga el respeto de su marido y compañero; y para que, en caso de que sobrevenga la separación de los cónyuges, la mujer esté preparada para sobrellevar la responsabilidad económica e intelectual del hogar: “La mujer tiene derecho a separarse del marido infiel y para esto debe saber trabajar, si es que desea conservar su libertad”. (VALLE, 2010)
Respecto a su posición en cuanto a los derechos de hombres y mujeres, Luisa define así:

“Para ser equitativa la ley humana, debe consagrar la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre, y todo privilegio concedido al uno o a la otra es contrario a la justicia. La emancipación de la mujer sigue al progreso de la civilización: su esclavitud camina con la barbarie. Por otra parte, los sexos no se deben más que a la organización física, y puesto que los espíritus pueden adoptar uno u otro, no existe diferencia entre ellos sobre este particular, y por lo tanto deben gozar de los mismos derechos.” (VALLE, 2010)

De aquí se traslada a uno de los principios más controvertidos de su ideario, el del llamado “amor libre”, aun cuando para ella pareció siempre significar una relación carente de ataduras legales, pero no “libertinaje promiscuo”. La pensadora feminista hace claro en repetidas ocasiones que el hombre y la mujer deberán unirse sin contrato alguno, siempre por amor y no por conveniencia de las familias. Luego, debe aspirar, en la unión entre el hombre y la mujer, a que exista el respeto y el apoyo mutuos. Para ella no debe existir la doble moralidad, mediante la cual el hombre puede serle infiel a la mujer mientras ella se ve obligada a quedarse en el hogar soportando una situación de inferioridad. Para Luisa Capetillo, como el matrimonio debe ser por amor, así debe permanecer, y en caso de romperse la unión, la mujer no debe quedar abandonada, sino ubicada en un nuevo rol, educada para trabajar en un oficio satisfactorio y apta para unirse a otro ser humano.

"Yo digo que el amor debe ser absolutamente libre, tanto para la mujer como para el hombre; y todavía añado: el amor no puede verdaderamente existir más que con la condición de ser libre. Sin la libertad absoluta, el amor es prostituido (…) La inmoralidad es la prostitución legal o no; es el celibato forzado de la mujer; es la venta del cuerpo femenino; es la sumisión de la esposa; es la mentira del marido hacia la que ha cesado de amar. Pero el amor libre no puede ser fuente de inmoralidad puesto que es una ley natural; el deseo sexual tampoco puede ser inmoral toda vez que es un deseo natural de nuestra vida física. Si la necesidad sexual fuera inmoral, en éste caso no hay más que anatemizar de inmoral el hambre, el sueño y todos los fenómenos fisiológicos que rigen el cuerpo humano". (VALLE, 2010)
Otro de los planteamientos feministas de Luisa Capetillo es el hecho de que no se debe estereotipar la educación de la niña, de la mujer. Cree que no se deben enseñar unos elementos a las niñas y otros a los varones, sino que estos deben formarse en una educación libre, en todas las materias, incluyendo las ciencias, las artes, la educación física, la gimnasia y la calistenia.

Igualmente defendió el lugar de la mujer en la sociedad del futuro, como parte integrante de esta y protagonista también de sus principales transformaciones: “Hoy no es aceptable eso del silencio y el retiro, en la mujer, pues hoy la mujer en Europa aspira a compartir los puestos públicos y a gobernar, administrar pueblos, sin perder su personalidad femenina, ni sus deberes de madre y esposa”. (VALLE, 2010)
Con la publicación de su libro Mi Opinión, Luisa Capetillo se convierte en la primera puertorriqueña que organiza sus ideas feministas y las publica como una tesis teórica.

Para 1916 está de vuelta en Puerto Rico, y publica su último libro conocido Influencia de las Ideas Modernas en el que desarrolla sus ideas sobre la moral y el amor. La obra está integrada por una diversidad de escritos en los que hay representaciones dramáticas, notas de diario y reflexiones fisiológicas. A lo largo de todo el libro queda evidenciada su sólida y extensa cultura general sobre la mujer en la historia. Respalda sus planteamientos en defensa del progreso femenino citando las vidas y obras de mujeres como Madame Curie, Juana de Arco, Concepción Arenal, Agustina de Aragón, etc. Además puntualizó las habilidades humanas y profesionales que potencialmente se encuentran en la mujer, preguntándose:

“¿Por qué calificar de prostitutas y viciosas a mujeres que están a más alto nivel moral que los hombres?

Veo reinas, emperatrices, mujeres inteligentes que piden reivindicación. Se ha exagerado de un modo abusivo su conducta y procedimiento. Una mujer libre, como Ana Bolena, ¿por qué acusarla de prostituta?, y a otras que no escribo sus nombres porque aún existen familiares.

Los historiadores no han tenido otro motivo para exagerar la conducta de las mujeres de otras épocas que la preponderancia de los hombres y el ser ellos los legisladores, historiadores y cultivadores de todas las artes, ciencias, literatura (…) Acostumbran entre ellos algunos "bombos" exagerados para ensalzar y elevar reputaciones, y con indiferencia para las mujeres cultas, libres e ilustradas, creyendo que éstas eran inferiores y no estaban capacitadas para realizar cualquier trabajo intelectual de diferente índole o procedimientos.
No acepto como viciosa ni perversa a mujer alguna conceptuada así por cualquier historiador que equivocadamente haya creído que la mujer no tiene derecho a usar de su completa libertad sin ser conceptuada viciosa, liviana, etc., en tanto el hombre ha podido hacer y realizar e inventar los más absurdos y ridículos caprichos sin que pudiese ser mal calificado, despreciado, impedido de concurrir a todas partes sin temor de no ser atendido, respetado y solicitado. La ley del embudo, a la cual nosotras pondremos término para tranquilidad de los justos y para rendir culto a la verdad y a la justicia que merece nuestro sexo.” (VALLE, 2010)
Con una pluma considerada feroz por muchos contemporáneos, Luisa demuestra la falta de fundamento de las actitudes superiores de los hombres perpetuadas por la tradición y la costumbre.

“¿La mujer debe ser mujer? ¡La mujer es para el hogar, no debe ser macho!, ¡a zurcir medias y calzones!, ¡a dormitar al amor de la lumbre tejiendo calceta! ¡Quién la manda a dar opiniones, ni a meterse en política, ni a pretender que la elijan diputada! ¡Eso no se puede soportar! ¿No le hemos permitido ya que ingrese en las cátedras para doctora en leyes o medicinas? Pues no se conforma, ya quiere ser juez, alcalde, jefe de policía, legisladora. Para eso la hemos dejado estudiar, para que quiera echarnos a un lado, pretendiendo acaparar nuestros puestos y querer superarnos. No sé cómo estas mujeres se olvidan de su debilidad y de su indiscreción, no se les puede confiar nada, ni enseñar algo, pues seguida quieren sustituirnos. ¿Pero cómo la mujer va a imitar al hombre? Si no puede, si es inferior, ¡hasta la naturaleza la condena a estar recluida durante el parto y la lactancia! Así se expresa la mayor parte de los hombres y ese es el concepto que le merece la mujer, olvidándose de su mujer, su madre y sus hijas. Pero no hay temor que la sangre llegue a los ríos ni a que las discusiones turben la placidez del hogar, pues la mujer no deja de serlo porque haga política ni exponga su opinión, así sea legisladora o detective. La mujer siempre será mujer, siempre que sea buena madre o mala, tenga esposo o amante. Es mujer, y no es ser mujer solamente estando empolvada y llena de cintas y encajes. Como no deja de ser un hombre el que perteneciendo a ese sexo aprenda a cocinar, a zurcir, a barrer y a coser. ¡Cuántos hombres lo hacen...! La mujer no pretende ser superior al hombre; al menos esa no es la intensión ni el fin de sus aspiraciones. Ella superará al hombre por su conducta y el cumplimiento de su deber”. (VALLE, 2010)

CONCLUSIONES

De esta manera se expresó claramente, sin miedos ni vergüenzas el pensamiento de vanguardia de esta mujer; que se atrevió a usar pantalones en público retando las costumbres y convencionalismos sociales, llamando la atención de manera audaz y original sobre sus ideales, convencida del derecho de toda mujer a comportarse, hablar y vestirse de acuerdo a sus principios.

Hoy en día cuando la cuestión de la mujer se encuentra en el centro de los proyectos reformistas o revolucionarios, el valor de estos propósitos depende en buena medida del papel que por su condición se le otorgue a la mujer dentro de sus planes y programas. Por tanto, los derechos de la mujer no son ya únicamente una cuestión de leyes o códigos, sino que constituyen el testimonio vivo de la evolución de estas sociedades, y del incuestionable y cada vez más protagónico lugar que alcanzan las mujeres en ellas. Así, los derechos de la mujer constituyen rasgo definitorio y decisivo del carácter de los proyectos sociales posibles, imaginables, utópicos…
Dentro de su visión anarquista Luisa Capetillo fue una transgresora en el sentido más diverso, impregnando su lucha por la reivindicación de la mujer en la sociedad con los principios de justicia social, trascendiendo las fronteras de la cuestión de género.

Luisa Capetillo vivió lo que predicó, lo que escribió para la posteridad. Ejerció la libertad en el amor y en la amistad, en el trabajo y en la escritura. Fue vegetariana y vistió pantalones. Una vida dedicada a la defensa de los derechos de la mujer, cuya herencia vivimos todas hoy.
Al informar su muerte, el periódico Unión Obrera del 15 de abril de 1922 leía: “Su entierro fue pobre, como son regularmente para los apóstoles líderes de las causas grandes de la humanidad.” (FMC, No. 74)

BIBLIOGRAFÍA:

AZIZE V., Yamila. La mujer en Puerto Rico, ensayos de investigación. San Juan: Ediciones Huracán, 1987
BENSADEN, Ney. Los derechos de la mujer: desde los orígenes hasta nuestros días. México: Colección Popular, 1980
GUERRA, Lucía. La mujer fragmentada: historias de un signo. Colombia: Edición Casa de las Américas, 1994
RICARDO, Yolanda. La resistencia en las Antillas tiene rostro de mujer. República Dominicana: Academia de Ciencias, 2004
VALLE F., Norma. Mi patria es la libertad. Disponible en: www.kaosenlared.net. Acceso en: 18 nov. 2010
VARGAS, Virginia. El movimiento feminista latinoamericano: entre la esperanza y el desencanto. S/L: S/E, 1990
FONDOS:
Centro de Capacitación de la FMC. Fondo Luisa Capetillo, Expediente No. 74

“Sin derecho a tener historia: el mundo de la prostitución en los primeros años de República”

Por Dayana Romero Benavides.
Estudiante de 4to. Año de Lic.
en Historia,
Universidad de La Habana

Introducción

El tema de la prostitución siempre ha sido y sigue siendo algo polémico, hablar abiertamente de ello hace un par de siglos te podía llevar a prisión, y actualmente, si conversamos sobre el tema, no podemos evitar bajar la voz e incluso sonrojarnos, como si no fuese una práctica común y altamente numerosa en la sociedad.
Muchas prostitutas han jugado importantes roles en la historia de la humanidad, ¿no lo era María Magdalena? Lo fue también Madame Bobary, concubina del rey Luís XV de Francia, y tuvo gran influencia en él y en el destino de su país, solo por citar algunas. Y nuestro país no es menos.

Ligados a nuestra historia tenemos numerosos personajes relacionados con el mundo de la prostitución, ¿qué cubano no ha oído siquiera mencionar a Alberto Yarini? El más famoso chulo que ha tenido Cuba, pero que era a su vez representante y portavoz del Partido Conservador, y provenía de unas de las familias más influyentes de La Habana. Pero actualmente nos seguimos empeñando en intentar ocultar ese pasado “bochornoso”, y silenciarles a personas pasadas y presentes que desean contar una historia.

Respecto a esto no puedo evitar mencionar una anécdota reciente, de cuando estaba realizando esta investigación. En el Centro de Investigación de la Mujer (donde tienen un fondo documental y bibliográfico importantísimo, y donde su bibliotecaria es una excelente trabajadora y persona) pedí un libro acerca del Primer Congreso de Mujeres de Cuba, y la bibliotecaria me lo trajo muy dispuesta. Más tarde le pregunté si tenía algún libro o documento sobre “La Bella Chelito”, “La Macorina”, o sobre otras prostitutas. No pudo disimular el disgusto y se limitó a contestar: “Aquí no tenemos nada sobre esas personas”. Esto nos ofrece la medida de que a estas mujeres no solo se les censura su profesión, sino que también su historia.
En fin, este trabajo está dedicado a todas esas mujeres sin historia, y en honor a una leyenda.

Desde su origen, en tiempos en que las jóvenes se ofrecían a los dioses por intermedio de los sacerdotes para obtener favores divinos, la prostitución ha estado regida, directa a o indirectamente por condiciones económicas que escapan a la voluntad o al deseo de los seres humanos. Nuestro país no está exento de estas prácticas. Este es un hecho que nos ubica en que hoy el dos o el tres por ciento de las mujeres trabajadoras de todo el mundo, se dedican al oficio “más antiguo”, obligadas por el desempleo, el hambre endémica, las migraciones, las pocas posibilidades de desarrollo, la escasas o nula educación, el predominio del patriarcado, la violencia doméstica que las devalúa ante sus propios ojos, la soledad, entre otras causas.

Lamentablemente, actualmente en nuestro país, la mayoría de los jóvenes que se prostituyen (o que “jinetean”, término más “cubano”) no lo hacen lanzados por la pobreza extrema, sino que básicamente lo que los impulsa ha sido la opción de ganar, sin demasiado esfuerzo físico, lo que sustentaría sus modelos de felicidad: una moneda de alto poder adquisitivo en el bolsillo, ropas y zapatos de moda, joyas, cosméticos, comidas, artículos electrodomésticos, paseos, estancias en hoteles y playas, y en no desdeñable medida, la posibilidad de casarse con un extranjero e irse del país. Pero, ello se escapa de la temporalidad que nos concierne en este trabajo.

Viajemos en el tiempo, situémonos en la Cuba, y más específicamente, en La Habana de los primeros años del pasado siglo. En 1899 ya se había oficializado el fin de la Guerra Necesaria por nuestra independencia y que a su vez, en su última etapa, había acontecido la intervención de los Estados Unidos en la misma y su posterior ocupación militar de la Isla.

Para ese entonces las condiciones de la vida material en Cuba podían considerarse desesperadas, especialmente en áreas rurales. La destrucción o abandono de las explotaciones agrícolas, así como el éxodo y la mortalidad entre la población rural resultaban las más señaladas características del campo cubano. Los cálculos arrojan un déficit poblacional de casi 400 000 personas en los años de guerra (1895-1898), que incluyen tanto las defunciones como los dejados de nacer en tan turbulento lapso.

La población masculina había mermado considerablemente, como consecuencia de la guerra, dejando detrás numerosas viudas, solteras desamparadas sin un cabezada familia que las mantuvieses, y en una situación económica paupérrima, y viéndose obligadas en su mayoría a emigrar a la capital en busca de alguna ocupación. Eran estas mujeres, en su mayoría analfabetas, sin saber hacer nada más que los oficios del hogar, y en situación desesperada. Si realizamos la ecuación: entrada masiva de extranjeros (por la intervención norteamericana) más, viudas y jóvenes solteras desamparadas, más, pobreza extrema, más, autoridad poco rigurosa, más, surgimiento y/o aumento del juego y de ilegalidades, el resultado indudablemente nos da igual a prostitución.

Era esta Habana una amalgama de tramas y subtramas que conformaban un universo singular, pleno de corrupciones e ilegalidades. Así, podía descubrirse en el Campo de Marte (hoy Parque de la Fraternidad) que la prostitución era legal, pues las meretrices estaban oficializadas y tenían un carné que les garantizaban la tranquilidad, y las que no tenías la manipulada cartilla compartían sus fondos con los policías de la zona. En aquellas oscuridades podían encontrarse vendedores ilícitos de drogas o de cualquier cosa, y la “impureza social” se ofertaba como algo trivial.

Pero la mayoría no entraban en ese mundo porque quisieran, a casi todas lo que les daba el impulso era ver a su familia muriéndose de hambre. Entonces, cuando se decidían, salían a buscarse un chulo que les comprara ropa y zapatos y que les pusiera a trabajar en una accesoria. Claro que éstos en su mayoría eran unos abusadores y les quitaba casi todo lo que ganaban, pero no tenían como meterse en el negocio si no era así.

Aquello no era nada fácil, pues tenían que meterse en la cama y complacer a hombres de todos tipos y figuras: blancos, negros, mulatos, chinos, gallegos o de donde fueran; limpios, sucios, a veces apestando a rayos, y no solo a aguardiente y a tabaco malo. Tenían que aguantar lo que viniera, porque sino el chulo les armaba “una buena” y hasta las golpeaban. Cuando podían los dejaban por otro, pero en el fondo era lo mismo, ya que todo el mundo las explotaba, no solo el chulo de turno, sino que hasta los médicos les sacaban un par de pesos cada vez que podían, sin contar a los policías, tan malos como los chulos.

La policía se lanzaba contra ellas por etapas. La acusación era siempre la misma: ofensa a la moral o por alteración del orden y escándalo en la vía pública. Nunca las acusaban de prostitutas. La ley no contemplaba el ejercicio de ese oficio como un delito; por tanto, no podían atacarlas por ahí. Si no les pagaban al policía de posta medio peso o una cajetilla de cigarros americanos, las llevaban presas. Los sábados, como era día de más movimiento en el negocio, tenían que pagar un peso.

Las formas de cazar a un “marchante” –posible cliente- no eran siempre iguales. En el bar, podían primero invitarlas a un trago, aunque también solían decirles simplemente: “Vamos a pasar un rato”. Les podían hacer una seña o mandar al cantinero que les sirviera una cerveza, o el recado para que la prostituta se le acercara. Otros no eran tan decididos, y ellas tenían que recurrir a las mejores sonrisas y decirles: “¿Me invitas a un trago? ¿Quieres pasar un rato bueno?”.
No era raro echar una partida de cubilete antes del encuentro. En las casas, sobre todo en la época en que había tela metálica en las ventanas y apenas se reconocían a las que estaban detrás, solían llamar la atención diciéndoles a los hombres toda clase de frases provocativas y sugerentes. Las “fleteras” (que andaban por las calles) también usaban frases parecidas; a veces atraían a los clientes mediante señas.

Este sistema se empleaba, de modo particular, cuando ellas se aventuraban por calles que no eran habituales para el negocio, o sea, que no estaban incluidas en zonas de tolerancia. Entonces guiñaban un ojo, o hacían un leve gesto con la cabeza, el puño cerrado o la lengua. También se insinuaban con preguntas o palabras de doble sentido. Otras, desde media cuadra de distancia, venían diciendo lo que eran, no sólo por el vestir descuidado y apretado en forma excesiva, sino porque llamaban en alta voz.

La entrada de franceses al país se incrementó en la época, convirtiéndose éstos en los chulos de más poder. Se les conocía como souteneurs o apaches, y con ellos trajeron a muchas francesas como mercancía para sus negocios. Eran estas francesas muy gustadas y preferidas por muchos, no solo por la palidez característica de su piel, ni por estar mejor vestidas y perfumadas, sino también por prácticas y técnicas más atrevidas que empleaban que a la mayoría de las cubanas les aborrecía.
En aquellas “sórdidas covachas” ocurría lo inconcebible en lo que a sexo se refiere, incluyendo perritos amaestrados utilizados por las fogueadas prostitutas francesas. Llegaba el hombre, y la mujer inquiría, a veces con palabras (“con perrito o sin perrito”), otras con habilidades conocidas de sobra, lo deseado: la forma habitual de cohabitación era la menos disfrutada, pues la mayoría de los asiduos preferían la novedad del sexo oral, que no se aventuraban a solicitar a las esposas. Así las francesas incorporaron además el sexo anal, desdeñado en las parejas matrimoniales por inmoral, pero que como innovación significaba un atractivo extraordinario para sus clientes. Las cubanas, durante un buen tiempo, no se ocupaban de esos juegos sexuales y se escandalizaban y escandalizaban a más no poder, agredían al hombre palangana en mano, mientras le gritaban que esa gimnasia podían irla a disfrutar con sus progenitoras.

Era en esa época la barriada de San Isidro la más popular zona de tolerancia. Era una trama de “inmundicias” y delincuencias, eran esas las “calles del vicio”, de todos los vicios. Por las calles Paula, San Isidro, Cuba, Habana, Compostela, Desamparados, etc.; las meretrices esperaban a sus clientes dentro de las accesorias y los hombres caminaban por la acera en busca de la preferida . La fama del barrio trascendían las fronteras del país, llegando a ser conocido en España, Francia y Estados Unidos.

Pero cuando se dice San Isidro, hay que hablar de Alberto Yarini. Con sombrero de castor carmelita oscuro y saco de dril blanco, pantalón a rayas, manejando con cuidados de orfebre el nuevo lazo en la corbata. Seleccionaba el color del chaleco, la leotina de oro, el pasador, el cinto, los zapatos, los mejores zapatos de glasé, los franceses de color avellana. Estudiaba con cuidado, a veces durante horas, su melena recortada, partida exquisitamente a la izquierda y con un mechón de pelo encrespado sobre la frente. Atrevido y soez como las caras esencias con que se perfumaba, hacía alarde de un arte especial para rendir a las mujeres y una mano muy dura para controlarles el dinero.

Hijo de Cirilo José Aniceto Yarini Ponce de León y de Juana Emilia Ponce de León, vio la luz Alberto Yarini Ponce de León, en 1882, quien, a pesar de su corta vida, se convertiría en una leyenda . Cuentan de él, quienes lo conocieron que fue un gran hombre, de los buenos, y muy buen amigo, de los que ayudan cuando más se les necesite, sin condición de ninguna clase, sin nada a cambio, a pesar de que era político, conservador. Él lo mismo hablaba con un negro, que con un chino, con cualquiera. Él era un rey. Y fue su reino de meretrices, de jugadores, chulos, ladrones; de criminales, estafadores, aduladores, vagos, matones. Fue su imperio de gente pobre: de carpinteros y estibadores, de albañiles y bodegueros, de marineros y panaderos, de lavanderas, cocineras y policías.

Este guayabito de apellidos célebres, el de palabra fácil, persuasiva, se convirtió de un solo paso en Presidente del Comité Conservador de San Isidro, con fuerza política en toda la zona de Belén. En su reino, Yarini se regodeaba por las calles saludando con gestos de caballero intachable, regalando monedas a los chiquillos y dando palmadas a los que lo adulaban y exaltaban, como a él degustaba. Era un hombre que debía cuidarse, porque sus rivales, los apaches foráneos, sabían ser implacables. El traficante de mujeres Louis Letot, Jean Petitjean, Ernest Laviere Paris, Quoerrier, Benedetti, Finet, entre otros, quienes andaban por el barrio con trajes de casimir, eran adversarios suspicaces y celosos del negocio, pero Yarini no tenía guardaespaldas.

Hacía tiempo que los problemas entre los chulos cubanos y los franceses se iban complicando cada vez más. No era que entre las prostitutas cubanas se estuviera despertando un sentimiento de nacionalismo, ni en especial un gusto por los cubanos en las francesas. Ya habían ocurrido broncas y navajazos entre ambos bandos. Era una guerra no muy silenciosa, que marchaba hacia líos mayores. Los franceses habían mantenido el control total de la trata de blancas. Cada cierto tiempo un francés viajaba a Francia en busca de mercancía fresca. Todo esto se hacía con la aprobación de las autoridades.

Sobre la muerte de Yarini se ha hablado más de lo que en verdad se ha escrito. Cada cual da su interpretación; se hace eco de los rumores que han llegado hasta nosotros. Se dice que se ha querido ver más de dos cosas en el asesinato, cuando en realidad todo se reduce a una fórmula muy simple: a Yarini lo mataron porque le quitó una mujer a un chulo francés. Pero, probablemente, ahí debió de haber otras razones. Cuando Letot (principal enemigo y rival del “guayabito”) regresó de Francia y se enteró de que Bertha Fontaine (conocida como la “Petit Bertha”, se dice que fue la más hermosa mujer de San Isidro) se le había ido con Yarini, declaró que había venido a Cuba a explotar mujeres, no a morir por ellas.

Letot era un hombre hábil, no se le podía pasar por alto que Yarini era el presidente de de los conservadores en el barrio. Pero los demás chulos franceses hicieron mucha presión para que Letot se enfrentara con Yarini. El 21 de noviembre de 1910, Alberto Yarini se levantó más temprano que de costumbre y fue al velorio de la madre de Domingo J. Valladares, Presidente del Comité Conservador del Barrio de Marte. Al regresar almorzó con sus mujeres, Celia, Elena y la Petit Bertha y durmió una pequeña siesta. Más tarde se dirigía hacia sus accesorias, ubicadas en Compostela y Habana. Al pasar Compostela se le une José Basterrechea (más conocido como Pepito, su más fiel e íntimo amigo ) y ambos cruzaron la calle y fueron a la accesoria número 59. Luego entraron en la 60, donde se encontraba Elena Morales, ambos entraron con ella y conversaron un momento. Ella se dirigió a la puerta, para ver qué pasaba en la calle, ya que se escuchaba un revuelo. Yarini salió detrás de ella, cuando vieron que Letot estaba de pie frente al acceso principal de la casa, por lo que la meretriz volvió a entrar rápidamente. Al ver a Yarini, y sin pronunciar ni una palabra ni darle tiempo a nada, el francés comenzó a disparar, a la vez que una lluvia de balas caía desde la acera de enfrente y de los tejados y azoteas, en los que se habían apostado otros ocho extranjeros. Yarini sacó su revólver, pero no le dio tiempo a usarlo. Detrás de él venía Pepito Basterrechea, con un revólver en la mano. Basterrechea, al darse cuenta de que agredían al amigo, hizo varios disparos sobre Letot, uno de los cuales hirió mortalmente al francés en el centro de la frente. Letot murió al instante, Yarini el día 22 a las diez y media de la noche en el hospital, no sin antes firmar una nota en la que se declaraba culpable de la muerte de Letot, y defendía la inocencia de Basterrechea. Fue ese uno de los entierros más concurridos de nuestra historia, en la que participaron, según se dice, decenas de miles de personas, de todas las clases, razas y posiciones .
Contra la prostitución se pronunciaron los medios de comunicación en innumerables ocasiones, de vez en vez un periodista la emprendía con las prostitutas, rehacían denuncias públicas, e incluso se decía por unos días que se iban a cerrar los barrios de tolerancia.

Pero una de las más reconocidas personalidades que se pronunciaron contra la prostitución fue Hortensia Lamar. Fue ella una de las más destacadas oradoras durante el Primer Congreso Nacional de Mujeres realizado en La Habana en 1923, quien fue como presidenta y representante del Club Femenino. A continuación citaré unos fragmentos de su discurso:

“(…) Sería prolijo un estudio o relación detallada de las causas determinantes y mantenedoras de la prostitución universal, hechos ya por distinguidos sociólogos. Solo mencionaré a grandes rasgos las más poderosas constantes; ellas son: la sórdida miseria de los parias de la sociedad que viven hacinados en horribles tugurios en los barrios bajos de las ciudades populosas, contaminándose unos a otros, y legando con la inconsciencia de bruto, en la bestialidad del instinto sin freno y sin alma, la modesta predisposición al vicio. Esa infancia con lacras hereditarias, crece y se desarrolla en un medio en que la bajeza, la grosería y la obscenidad son las normas de la vida. (…)
(…) Las mujeres que nos interesamos en la defensa del hogar, de la institución de la familia y en la salud y normal desarrollo de la raza, pedimos: como medida de profilaxis social, la clausura de todos los burdeles; pena de prisión de todo el que ejerza la prostitución, mujer u hombre, que tanta culpa tiene la que vende su cuerpo como el que lo compra; prisión correccional, que tenga tanto de clínica, como de escuela, en el campo, en contacto con la Naturaleza, tanto la de hombres como la de mujeres. Pedimos la clausura de las llamadas Academias o escuelitas de baile, que no son otra cosa que escuelas de corrupción de menores. Pedimos pena de prisión correccional para los padres que permitan a sus hijos frecuentar esas escuelas de vicio. Legislación penal para los traficantes de drogas heroicas y para los traficantes y explotadores de mujeres, en el asqueroso comercio. Estos son dos comercios que van íntimamente ligados. (…)
(…) Aquí también existe ese tráfico horrible, esa compra-venta de seres humanos, la criminal, repugnante trata de blancas con infelices e indefensas extranjeras traídas como mercancía, por lo cual se ha pagado en el lugar de origen el precio convenido al agente, y que luego aquí va subiendo de valor, según la calidad y la demanda que haya, y a veces sacada a subasta, después de la cual queda en poder del traficante que ha de explotarla, obteniendo todas las ganancias que su asqueroso comercio traiga del vicio. (…) El Club Femenino de Cuba, integrado por mujeres que han sentido una dulce e infinita compasión por esas pobres hermanas víctimas de la última y más abyecta de las esclavitudes; mujeres que tienen el firme propósito de continuar trabajando por el mejoramiento de la humanidad, empezando por la propia patria, han acordado fundar bajo los auspicios de la Institución referida una Liga contra la trata de blancas, de la prostitución y corrupción de menores. Con este fin haremos en breve un llamamiento a todas las clases sociales. (…)” (MEMORIAS, 1924)

Era esta, a grandes rasgos, la intervención de Hortensia Lamar. Fue este un discurso valiente y bastante osado para la época, pero que representa unas ideas bien claras.
Sin más, espero haber cubierto las expectativas. La prostitución es un oficio que, en mi opinión no dejará de existir, quizá desaparezca cuando el ser humano deje de mostrar interés por el sexo, lo cual imagino que estará ligado con el fin de la humanidad.

Bibliografía

CAÑIZARES, Dulcila. San Isidro 1910: Alberto Yarini y su época. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 2000
ELIZALDE, Rosa M. Flores desechables: ¿prostitución en Cuba? La Habana: Ed. Abril, 1996
Facetas de la vida de Cuba Republicana. La Habana: Oficina del Historiador de la Ciudad, 1954
FERNÁNDEZ R., Tomás. Historias de mujeres públicas. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1998
Memoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres. La Habana: Imprenta La Universal, 1924
ROIG de L., Emilio. Males y vicios de Cuba Republicana. La Habana: Ed. Oficina del Historiador, 1961

Tina Modotti

Por David Novo Curiel.
Estudiante de 4to. Año
de Lic. en Historia, Universidad de La Habana


Assunta Adelaida Luigia Modotti, nació en Italia en 1896 en Udine, una pequeña ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia, cercana a Trieste, el puerto del Mar Adriático. Su padre, Giuseppe Modotti, era de profesión mecánico y socialista radical con ideas revolucionarias, perteneciente, claro está, al Partido Socialista. y su madre, Assunta Mondini, estaba dedicada a las tareas del hogar.

De niña es llevada a Austria, con la intención de vivir en un ambiente político más libre; pero al no conseguirlo, tuvieron que regresar a Italia. Se educó en escuelas italianas y austriacas, pero debido a los escasos recursos económicos de su familia, a los 12 años se vio obligada a trabajar en una de las fábricas textiles de su ciudad natal.

Luego de un tiempo el padre y la hermana mayor de Tina emigran a Estados Unidos, atraídos por el ideal del "sueño americano". Mientras el padre trabajaba de obrero y la hermana en un taller de costura en California, como costurera en Italia, Tina se hacía cargo de la manutención de su madre y sus hermanos pequeños, viviendo en condiciones muy extremas, pero con un gran sentido de justicia e igualdad derivado de la postura política familiar.

Alrededor de los 17 años parte a Norteamérica, comienza a trabajar de costurera en Magnin's, pero gracias a su destacada belleza, pronto se transforma en modelo, incluso de sus propias confecciones. De sus características lo que más llamaba la atención era su frágil figura, el delicado rostro y la mirada triste. Pronto incursiona como actriz en el cine mudo. Por ese tiempo conoce a Roubaix de L'Abrie Richey, mejor conocido como Robo, quien al cabo de un tiempo, sería su esposo. Robo se desenvolvía en un gran ambiente bohemio, pues era pintor y poeta; constantemente organizaba reuniones en el patio de su casa, donde se tocaban temas como la revolución rusa, el amor libre, los convencionalismos, la moralidad y las aventuras de Pancho Villa.

Robo, al igual que muchos extranjeros alrededor de 1922, queda atrapado por la magia de los sitios exóticos y su cultura, por lo que decide viajar a México, donde desgraciadamente cae enfermo y muere de fiebre amarilla. Tina, quien se había quedado en Estados Unidos, no lo alcanza con vida.

Tina, con su atrayente tipo de femme fatale, se enamora de Edward Weston su marido los había presentado- mientras Robo permanecía en México. Tina, quien posaba tanto para su marido como para Weston, decide viajar a México acompañada de este último. Una vez establecidos, y envueltos por la multiplicidad de colores y ambientes, Tina descubre otra faceta de sí misma y abandona la melancolía y suavidad de Robo, por la explosión sensual y artística del fotógrafo.

Logra convencer a Weston para que la tome como discípula, y poco a poco va logrando una obra de gran calidad. El fotógrafo tenía ideas abstraccionistas muy avanzadas para su época y esta influencia es notoria en la obra de Tina. Weston regresa a Norteamérica y Tina, que ya se había codeado con el mundo cultural de la época, decide quedarse, sintiendo un gran compromiso con los indígenas, pues desde la primera vez que realizó un viaje al Istmo de Tehuantepec -junto a Diego Rivera, Frida y otros intelectuales de la época-, quedó maravillada.

Tina estaba en plenitud de su sexualidad, no se inhibía por su desnudez, a ella le gustaba juguetear desnuda; le molestaban las ataduras, los botones, los cinturones o cualquier prenda que le estorbara para moverse. Tenía una forma muy especial de caminar, de hablar, todo en ella era llamativo, y más para los mexicanos poco acostumbrados a una mujer con esas características. La mayoría de las mujeres del país ni pensarlo, ellas no podrían ser como Tina.

Tina se impresionó tanto con México que quiso plasmarlo en imágenes fotográficas como un homenaje, aunque no sólo captaba sus formas estéticas, sino que retrataba la visión de un país lleno de miseria e injusticia.

Conmovida por la explotación en la que vivía la clase trabajadora de la posrevolución mexicana, Tina se convierte en revolucionaria activista desde principios de los años veinte, desarrollando fuertes lazos con miembros del grupo de la Unión Mexicana de Artistas, entre los que se encuentran Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, Charlot, Orozco y Siqueiros.

En 1927 se afilió al Partido Comunista Mexicano y desde ese año hasta 1940 trabajó como editora colaboradora y fotógrafa de la revista Folklor Mexicano. Durante su estancia en México escandalizó a la mojigata sociedad de aquella época por ser una mujer que vivía bajo el mismo techo con un hombre que no era su marido ni su hermano, que salía a la calle después de las ocho de la noche y compartía la mesa en lugares públicos con varios varones; además de tener la costumbre de bañarse desnuda en la azotea de su casa cuando llovía.

En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzetti, con el cual comienza un romance y es considerado el amor de su vida, este joven estudiante cubano de fuertes ideales de izquierda, era el encargado de ayudar a sus compatriotas que huían de la isla.

Desafortunadamente Mella es asesinado en 1929. Para ese entonces, Tina ya había publicado en algunas revistas y periódicos de izquierda como la Revista de los Estridentistas, que a pesar de especializarse en literatura, coincidía con algunos principios de este movimiento artístico-, lo cual la vinculaba a esta postura política, indicio que llevó a culparla del asesinato del joven cubano.


Sin embargo, se le declara inocente poco después del crimen. Al año siguiente la acusan de haber tomado parte en el intento de asesinato de Pascual Ortiz Rubio, presidente de México, por lo que es expulsada del país. De allí salió acompañada del líder comunista Vittorio Vidali, rumbo a Alemania.


Continúa su trabajo en el exilio en Berlín, donde se hace miembro de la Unión de Fotógrafos de Prensa y publica sus imágenes en Der Arbeiter-Fotograf. Abandona la fotografía por el activismo político mientras se encuentra en Moscú entre 1931 y 1934 trabajando para la Cruz Roja Internacional de la URSS.


Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento. Cuando llegó, renunció a realizar una sola fotografía. Para ella no era compatible el arte con la violencia de los acontecimientos. Se sentía incapaz de retratar lo que veía y optó por la lucha armada. No obstante, Vidali, como dirigente de las Brigadas Internacionales, le ordenó cambiar las armas por el espionaje, ya que sus conocimientos de italiano eran muy beneficiosos dada la nacionalidad de las fuerzas que apoyaban a los franquistas. También colaboró en los hospitales con el Socorro Rojo. Tuvo que coincidir con Gerda Taro en Almería, pues a Modotti se le encargó el seguimiento de la tragedia en esa ciudad. Sus reportajes se publicaban en Ayuda, órgano de prensa del Socorro Rojo Internacional, y los firmaba con alguno de los pseudónimos que utilizó en España: María, Carmen Ruiz o Vera Martini.


Regresa a México en 1939, donde continúa su actividad política mediante la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi con un nombre falso; fotografió, trabajó y continuó su labor política hasta su muerte en 1942, debida a un ataque cardiaco.

En su lápida, ubicada en el panteón Dolores de la Ciudad de México se lee un verso de Pablo Neruda:
“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes;
Tal vez tu corazón oye crecer la rosa
De ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa”.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Gallegas en Cuba.






En la foto Carmen Almodovar
Julio César González Pagés y equipo de la
Red Iberoamericana de Masculinidades


Presentación de la Dra. Carmen Almodóvar al libro Gallegas en Cuba


En términos generales, cuando se acude a la presentación de un libro, se indaga por el autor del mismo, en tanto se unen el escritor y su obra para perdurar en la memoria o para ser condenados al olvido.

Siempre había pensado, que en este mundo de las Ciencias Sociales, tan complicado y espinoso -pero a la par tan lleno de compensaciones- no resultaba fácil abrirse paso rápidamente, bien en el ámbito universitario como en el de las publicaciones. Cuando reflexionaba al respecto no había tomado en cuenta las excepciones. Hoy estamos en presencia de uno de esos casos: el de un joven historiador, poseedor de una cautivante personalidad y de una tenacidad incalculable, que ha logrado romper “tabúes” y algunas barreras consideradas “infranqueables” para ganarse por “sus méritos” un espacio prestigioso como intelectual, dentro y fuera de Cuba.

Julio César González Pagés en apenas dos décadas, ha dictado conferencias y cursos sobre su especialidad –Género- en universidades y centros de investigación altamente reconocidos. España, Estados Unidos, México y otros países europeos e hispanoamericanos, han reclamado reiteradamente su presencia.

A partir de 1991, se suceden los títulos, libros y folletos –avalados por reconocidas editoriales- ven la luz tanto en Cuba como en el extranjero. Después del año 2001 sus trabajos también aparecen en soporte digital e Internet.
Julio César González se acerca tempranamente al estudio del movimiento feminista, a su lucha por el derecho al sufragio… Aún no había abandonado las aulas universitarias y ya era un defensor de estas causas un tanto perdidas u olvidadas en muchas partes del mundo. El doctorado le conduce definitivamente hacia los estudios de género… y en este ir y venir, en su afán por “rescatar al género femenino de la invisibilidad”, se encuentra un buen día con las vicisitudes confrontadas por las mujeres gallegas que deciden emigrar al “Nuevo Mundo” para “hacer la América”, creyendo algunos “cantos de sirena” puestos en boca de supuestos “indianos”, a través de las “cartas de llamada” y todo el imaginario creado al amparo de las “tierras de promisión”.

Surge así el acercamiento del mencionado historiador al tema de la emigración y el libro Las hijas de Galicia, que hoy amplía y reverdece en Gallegas en Cuba, editado en soporte digital.

A mi juicio, la estructura del libro – muy bien balanceada- cuenta con un discurso que, sin perder las precisiones informativas, las valoraciones novedosas, los análisis críticos y por supuesto, una fuerte presencia de criterios propios, mantiene un ritmo ágil y una elegancia sobria que atrapa al lector, obligándolo a continuar su lectura. He ahí uno de los méritos que debe concedérsele al libro, en tanto se ha escrito para leerse con placer, no por obligación.

El lenguaje empleado por el autor es accesible a todo estudioso del tema, sea o no especialista en el mismo; ha tenido el buen tacto de escribir para ser entendido sin necesidad de recurrir a un diccionario a cada paso. No se suma a corrientes de mal gusto impuestos por algunos “seudo-intelectuales”
Hace un momento he subrayado los valores formales de Gallegas…; a continuación voy a referirme a los contenidos de ese dinámico discurso, determinante, a la hora de evaluar una obra.

En primer lugar, el trabajo no está dirigido a examinar la historia de una institución, como pudiera presumirse –dado que la mayoría de las gallegas residentes en La Habana en aquellos tiempos de “república mediatizada” estaban asociadas a Hijas de Galicia –como una manera de agruparse en un territorio ajeno al propio, buscando amparo y calor humano- por tal motivo, el estudio del quehacer de la referida Asociación no resultaría ocioso. Sin embargo, aunque para Julio César González “el eje fundamental que motiva su investigación es la Asociación “Hijas de Galicia”, el verdadero centro temático de su libro es “el análisis sobre qué lugar ocupaban las mujeres gallegas en el seno de aquella hospitalaria sociedad y cuáles eran sus principales preocupaciones.”

La metodología empleada, ajena a los cánones tradicionales –donde interactúan métodos provenientes de diferentes disciplinas dentro de las Ciencias Sociales- a lo que se suma una rigurosa selección de fuentes empleadas, debidamente criticadas- permite al autor cumplimentar con creces los objetivos propuestos.
En el primer capítulo sobresale el epígrafe titulado “De Vigo a Coruña: embarque para las Hijas de Galicia”. El historiador pone al descubierto una página que había sido prácticamente obviada por la historiografía precedente relacionada con el tema abordado: la utilización de las mujeres que emigraban para trabajar honradamente y labrarse un porvenir y se convertían –por razones de la vida- en una fuente abastecedora de prostitución.

Julio César González Pagés se vale de expedientes penales, testimonios y la prensa de la época –entre otras fuentes- para estudiar las causas que conducen a muchas gallegas, a enrolarse en territorio cubano, a las filas de las “prostitutas”. La mayoría de estas infelices mujeres “caen en barrena” y reciben el menosprecio de la sociedad que le rodea. Por excepción –como en el caso de la “Macorina”- se convierten en dueñas de sus propios negocios, aunque estos carezcan de respetabilidad. En el propio capítulo debe destacarse lo concerniente a las “Voces feministas” que se alzan en l 1ro y 2do Congresos Nacionales de Mujeres (1923 y 1925) para reclamar medidas concretas que beneficiasen a la mujer inmigrante y evitar, con estas disposiciones, los atropellos a que eran sometidas, incluso, por parte de sus propios familiares.

El autor de Gallegas… pone al descubierto la denuncia de las feministas cubanas acerca de las diversas fórmulas empleadas en la Isla para explotar a las emigradas. Asimismo, subraya el investigador, cómo alzan su voz en los referidos Congresos, estas mujeres de avanzada, en señal de apoyo para la construcción de un refugio apropiado para las emigradas, contando con la efectiva colaboración de las instituciones españolas.

En el 2do capítulo abunda la información de primera mano sobre el nacimiento del sanatorio “Concepción Arenal”, sus estatutos, sus fundadores y el desenvolvimiento de las 1ras Juntas Generales de Asociados. Sobresale en el capítulo, el espacio concedido en éste a los “debates” suscitados en las Juntas, donde numerosas asociadas denuncian las conductas impropias asumidas por algunos directivos del centro asistencial, elevándose estas denuncias –en casos puntuales- a los tribunales competentes.

El autor se detiene en los “derechos” de loso asociados, en los beneficios sanitarios yen la presencia femenina en el seno de la Junta Directiva. Si se toma en cuenta la época en que se elaboran aquellos Estatutos, se les puede considerar de “Avanzada”. González hace hincapié en que no se obvie el responsable papel jugado por algunas asociadas, quejándose con sólidas fundamentaciones, en cartas dirigidas a los Presidentes de “Hijas de Galicia” de situaciones tales como: la manipulación de los Estatutos por parte de las Juntas Directivas Gobernantes, inapropiadas decisiones de las Juntas, incompetencia en los fallos dictados, etc. Demuestra el autor con sus ejemplos incuestionables, el gran interés de buena parte de la membresía en los problemas internos de la citada Asociación.

En el tercer y último capítulo del libro que se comenta, Julio César González se hace eco, con muy buen tino, de las polémicas surgidas alrededor de la compra de un terreno por parte de la “Sociedad Hijas de Galicia”, para que fuese instalado en él un balneario. Las razones esgrimidas por aquellas asociadas, muy bien documentadas sobre sus derechos para oponerse a la referida transacción, son detenidamente evaluadas por el historiador que destaca la diligente actuación de algunas de aquellas mujeres, en defensa de los intereses de la Sociedad a la que pertenecían, en una coyuntura que no las favorecía.
En el mismo capítulo González analiza, desprejuiciadamente, un tema espinoso: la imagen estereotipada divulgada en cine, teatro y la radio sobre la mujer gallega.

Durante años, el teatro vernáculo impuso en Cuba una imagen de la gallega –que de hecho, simbolizaba a todas las nacidas en España- donde se entremezclaban honradez, incapacidad, tozudez, laboriosidad, torpeza, etc., de manera intencional, discriminatoria, en la misma forma que se hacía con el “negrito criollo”.
El cine se hace eco, particularmente el argentino, de este estereotipo, a partir de la aparición en pantalla de la Cándida protagonizada por Nené Marshall. Julio César González se remite a la reacción de algunos periodistas sobre este sensible tema; particularmente destaca las airadas protestas de Fuco Gómez, oponiéndose a esta pueril y vejaminosa imagen de las gallegas, en unos y otros espacios socio-culturales.

No deja en el tintero el autor a que se hace referencia, la caracterización de la revista Cenit, órgano oficial de “Hijas de Galicia”, publicación que incluye a la mujer en sus cuadros de dirección y le concede la posibilidad de escribir en sus secciones –fijas: González reflexiona, con objetividad, ubicándose siempre en el contexto histórico en el cual se inserta la mencionada revista- sobre los temas abordados en aquellos espacios, que ponen a prueba la capacidad de estas mujeres –devenidas periodistas- y destaca la utilidad y novedad de algunos de sus escritos relativos a la historia, la educación y la formación de valores cívicos.
Coincido con el historiador en que Cenit cumplió ampliamente sus objetivos y la evolución de la revista tiene un carácter ascendente, desde el ángulo cultural, en tanto se atreve a incorporar a sus páginas temas considerados tabúes, en aquellos años, como el dela educación sexual.

Sólo me resta aplaudir esta nueva entrega de Julio César González, que una vez más hace aportes a las historiografías de Cuba y España, coadyuvando con su quehacer a mantener vivos e indisolubles, los lazos de nuestra “Común Historia”.