miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mariblanca Sabas Alomá: feminismo e identidad

Por Yerandi Capote Oliva.
Estudiante de 4to. Año
de Lic. en Historia, Universidad de La Habana

Introducción

El siguiente trabajo aborda el contexto de las luchas feministas cubanas en los primeros años del siglo XX, a través de Mariblanca Sabas Alomá. De ahí que se trate a Mariblanca desde sus campañas llevadas a cabo en defensa del feminismo cubano durante los años veinte en la revista Carteles, sin pasar por alto su discurso lesbofóbico dirigido contra los males sociales, que según ella padecía la sociedad cubana: el pepillismo y el garzonismo.

Ficha biográfica

Pero, ¿quién fue Mariblanca Sabas Alomá? Periodista, poeta, política, nacida en Santiago de Cuba, el 10 de febrero de 1901, en una familia que había participado en la lucha por la independencia nacional.
Comenzó su labor periodística en el año 1918, en su ciudad natal, al enviar trabajos para El Cubano Libre y el Diario de Cuba. Después de morir sus padres, se trasladó a La Habana, donde concluyó la enseñanza secundaria. Colaboró en la organización del Primer Congreso Nacional de Mujeres, celebrado en la capital (1923), e intervino en sus sesiones.

Su escritura se caracterizó por un estilo directo, certero y ameno, aderezado con tonos poéticos tanto en su producción periodística como en la literaria. Desde muy joven puso su pluma al servicio de las luchas por la reivindicación de los derechos de la mujer; sobre todo por el derecho al sufragio.
Su nombre estuvo entre los primeros en publicar reflexiones feministas en la prensa cubana. Alomá fue muy popular entre los años 20 y 40 del siglo XX. Integró el Club Femenino de Cuba, una de las organizaciones más prestigiosas de su clase. Sus libros y artículos alcanzaron gran éxito en ese periodo, sobre todo entre las mujeres sustentadoras de posiciones de vanguardia. Llegó a ser conocida como “la campeona del feminismo”. Descolló como polemista y alcanzó celebridad por sus debates. En 1925 fue nuevamente delegada al Congreso Nacional de Mujeres.

Fue una precursora del feminismo moderno, en especial por su libro Feminismo, publicado en 1930, en el cual sostenía la tesis de que el principal enemigo de la mujer era ella misma, puesto que reproducía la dominación masculina y transmitía la exclusión de su sexo de la vida pública. Abogaba por gestar la emancipación femenina desde las escuelas, los institutos y los centros de trabajo.

En 1938 fundó en su hogar, situado en la calle habanera de Neptuno, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UEAC), antecedente de la actual Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). A partir de 1948, Mariblanca Sabas fue ministra —sin cartera— en el gabinete de Carlos Prío Socarrás. Por vez primera en la historia nacional, una mujer ostentó una responsabilidad tan alta, que ocupó hasta el golpe de estado, el 10 de marzo de 1952.
Sabas Alomá y las luchas feministas

El movimiento femenino en Cuba revistió grandísima importancia, y lo que es más, podía considerarse a las cubanas como precursoras en la lucha y las actividades feministas entre las mujeres de nuestra América. Durante la primera mitad del siglo XX, inician las mujeres cubanas un gran movimiento, El Club Femenino de Cuba, que las llevó a asociarse, para diversos fines, bajo distintos lemas y tomar parte de forma colectiva como nunca antes se había hecho.
Su presidenta Pilar Jorge de Tellas abogaba por no pronunciarse al voto femenino y la negación a mezclarse con la política. Estas declaraciones iniciales nunca dejaron de ser señaladas, a manera de crítica aún años después. Ante la evidencia de un posible triunfo, el Club Femenino olvidó sus consideraciones y se declaró partidario del voto femenino que a toda costa le beneficiaria.

En sus inicios, dicho club que luego sería la Alianza Nacional Feminista, defendía sus postulados de la siguiente manera:

“¿Política? No señor
ella nos causa temor
por los frutos que nos da
gusta más al corazón
prodigar la ilustración
Fe, esperanza y caridad.”
(GONZÁLEZ PAGÉS, 2003)

El feminismo en Cuba no estaba ajeno al contexto latinoamericano y Sabas Alomá gendarme de este movimiento en la isla, planteaba que se encontraba fracturado, y lo dividió en tres: un feminismo reaccionario, otro de luchadoras en pequeños grupos, y una gran masa indiferente bailadora de salón. Con toda esta situación el movimiento prosigue y en febrero de 1922, se convocó a la celebración del 1er Congreso Nacional de Mujeres, primero en América Latina. La participación al 1er Congreso fue abierta a todas las organizaciones femeninas del país a partir de bases a cumplir como: no emitir criterios desfavorables entre sufragismo y feminismo, no realizar proselitismo religioso o político, entre otros.

El comité ejecutivo estuvo presidido por Pilar Morlón Menéndez. Se abordaron temas ecológicos, nacionalistas, sociales, políticos y de legislación obrera. El sufragio femenino fue expuesto por Jorge de Tellas, Aída Peláez y la más orgánica de las ponencias presentadas fue la de Hortensia Lamar, afirmando que: “El sufragismo, no era la desviación del feminismo, sino una modalidad que permitiría la igualdad política en la ciudadanía”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003)

Este punto, el del sufragio, fue un aspecto de unidad en el Congreso. Es por ello, que esta reunión de las mujeres cubanas en sentido general, llamó la atención de la prensa y permitió que un importante grupo de mujeres empezara a realizar un nuevo tipo de periodismo, alejado de los recetarios de cocina y atenciones domésticas, ayudando así a la formación de una esfera pública en la que estas mujeres opinaban y atacaban el estereotipo banal que se les otorgaba social y culturalmente.
Es precisamente en esta época que los trabajos periodísticos de Mariblanca dan un giro, debido en gran medida a su participación en este congreso y su afiliación a ideas de izquierda, ideas que se van a afianzar luego del 2do Congreso Nacional de Mujeres (1925). En su discurso feminista plantea un tema muy recurrente durante estos años, ve en la mujer el principal enemigo de sí misma, y que la lucha feminista luego de dos congresos se encontraba desorientada, carente de ideas, desordenada en su ideología y tambaleante en su organización.

La lucha feminista en Cuba pasó por un desconcertante período sin reformas fundamentales en su programa de acción social. Sus ideas progresistas la conllevan a pensar que la reivindicación femenina, la salvación del movimiento femenino cubano, está en la unión en un solo haz de las voluntades dispersas de las pocas mujeres que en Cuba tienen una visión clara de los problemas femeninos. La juventud que se levantaba estaba pronta a incorporarse al nuevo y gran ejército libertador. Los institutos, las escuelas normales, las fábricas eran los vientres fecundos donde la liberación y dignificación de la mujer se gestaría. Había en ese período de liberar de prejuicios las conciencias, base fundamental de toda lucha feminista que aspirase a perdurar y a triunfar.

Otro lastre de la época era el chisme y la murmuración, situación que se vivía a diario en los salones de la alta sociedad: “La chismografía y la murmuración constituyen, en el solar casi una necesidad. En los salones sociales un peligroso y tentador sport”. Este hábito por llamarlo de alguna manera, caracterizó a las mujeres de la alta sociedad, según Sabas Alomá en una de sus secciones del periódico Carteles. A estas no les preocupaba nada más que el novio, o el presunto amante de la amiga. De ahí que ellas, expresaba Mariblanca, no tocarían con tanta pasión los temas del feminismo, al contrario surgiría un gran dicterio, irónico pues se aferrarían más al divorcio de una pareja de la alta sociedad. (SABAS, 2003)

Mujeres que se ubican dentro de dogmas rígidos que son heredados de generación en generación, y las van enseñando a agradar, “a obedecer al hermano mayor tan pedante y tan irresponsable como ella”, la “chiquilla” se convierte en mujer y no le preocupará nada, no tendría conciencia. De modo que para Sabas, en ningún sector se hacía tan necesaria una activa profilaxis social como en el aristocrático, donde toda vanidad y egoísmo encuentran cómodo asiento. (SABAS, 2003)
En abril de 1928, Sabas Alomá publicó una serie de trabajos en la revista Carteles sobre la homosexualidad femenina o garzonismo como se le llamaba en Cuba en esa época. En dichos artículos hablando en nombre del feminismo cubano más progresista, articuló un discurso lesbofóbico que caracteriza al lesbianismo como una enfermedad social y aboga en contra de los que la asocian con el feminismo. (SABAS, 2003)
Este no era un caso aislado, el ala más progresista del movimiento feminista predicaban actitudes lesbofóbicas desde una posición reaccionariamente defensiva en su afán de distanciarse del estereotipo asociado con la orientación sexual de la mujer feminista.

El discurso "científico" sobre la sexualidad femenina mejor conocido en Cuba en esa época, era el que desarrolló el biólogo español Gregorio Marañón, cuyas teorías circulaban ampliamente en América Latina para la década del veinte. Se popularizó este tipo de discurso “medicalizado” y cientificista sobre la sexualidad femenina en el mismo momento histórico en el que surge el feminismo en Cuba; y el movimiento del llamado "amor libre" había comenzado a impactar a ciertos sectores de la sociedad cubana.

El acceso cada vez mayor a la independencia económica y a la educación, junto con el desarrollo de nuevos métodos de anticoncepción, hizo que el concepto del "amor libre" fuera viable para algunas mujeres y, al mismo tiempo, abrió en cierto grado un espacio social para la mujer lesbiana. La idea de la liberalización sexual de la mujer estaba surgiendo en la conciencia del público, como una fuerza a la cual era necesario controlar. Sin duda ni la sexualidad femenina en general, ni la sexualidad lesbiana en particular, podían ser ya controladas sólo a través de la ignorancia y la negación. Como respuesta a la necesidad de censurar la libertad sexual de la mujer, emergía un discurso que asumía la posición de superioridad del médico o del científico. Marañón presentó una perspectiva ante el lesbianismo basada en un concepto de la homosexualidad en cualquiera de sus manifestaciones como aberración, anormalidad y defecto trágico. A la vez estableció íntimos vínculos entre la mujer sexualmente "liberada" y la lesbiana. Para Marañón, todo se reduce a la siguiente fórmula: si, por un lado, una mujer manifiesta un alto nivel de deseo sexual o si, por otro, se niega a complacer a su esposo sexualmente, si padece de la depresión, no se conforma con la vida doméstica o no está feliz en su matrimonio, tiene que ser una lesbiana.

Sabas Alomá no tiene problemas con la noción de la lesbiana como aberración desviada y mujer masculinizada. Sin embargo, está en fuerte desacuerdo con lo que considera como el intento de Marañón de igualar al lesbianismo con el feminismo: “No se masculiniza la mujer en el nuevo ejercicio de derechos, responsabilidades y deberes que hasta ahora habían sido privativos del hombre”. (SABAS, 2003)
El feminismo, plantea Sabas Alomá, aboga por una fase superior en la evolución de la humanidad en la cual las mujeres participan activamente como ciudadanas en la esfera pública, mientras que el garzonismo existe desde las épocas de “Safo y de Victoria Colonna”, y es tan viejo como cualquier otro “vicio”. Según ella, el feminismo y el lesbianismo son diametralmente opuestos. “La garzona -afirma Sabas Alomá-, lejos de constituir una etapa del feminismo, florece y supervive a pesar del feminismo.” (SABAS, 2003)

Sabas Alomá no está de acuerdo con la tesis de Marañón, la cual plantea que la homosexualidad es producto de factores biológicos. Ella acepta la posibilidad de cierto grado de potencialidad biológica pero insiste en que hay factores sociales importantes que son necesarios para su actualización. Desde su perspectiva, la homosexualidad en potencia es desatada por la ineptitud de mujeres “no aptas para la maternidad”, o sea, mujeres que no tienen educación, y que no han sido liberadas. (SABAS, 1920; 2003)

Bibliografía

GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
SABAS ALOMÁ, M. Masculinismo, no; ¡Feminismo! Santiago de Cuba, 20 nov. 1920, -------------------------- Feminismo; cuestiones sociales, crítica literaria. Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 2003

Miguel de Carrión y Las impuras

Por Ernesto González Negrín.
Estudiante de 4to. Año
de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana

Miguel de Carrión y de Cárdenas nació en La Habana el 9 de abril de 1875, en la iglesia de Monserrate. Su padre era un abogado de los tribunales de la nación y su abuelo un caballero de la real Orden de Carlos III. Al estallar la Guerra de Independencia en 1895, emigra a los Estados Unidos. A su retorno se dedicó a las letras y al periodismo. Se graduó de médico en la Universidad de La Habana, profesión que ejerció durante toda su vida. En ese campo publicó Los cálculos renales y su diagnóstico.

Cuando se establecieron escuelas normales para maestros en 1918, ganó por oposición la Cátedra de Anatomía y Fisiología de la Escuela Normal de La Habana, llegando a dirigir dicha institución. Fue miembro fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras. Retrató en sus obras el “bajo mundo” habanero, en un intranquilo afán por captar la realidad social y política. Murió el 30 de julio de 1929.
Representa al grupo de narradores que a fines del siglo XIX empiezan a concebir el cuento como una narración distinta, por su factura y sus propósitos. Sus cuentos, reunidos en La última voluntad (1903), están enmarcados dentro de la tendencia naturalista que venía de Francia y España. Miguel de Carrión, en estas narraciones breves estaba interesado por la indagación psicológica, al igual que en sus novelas más destacadas. Su primera novela, El milagro, aparece en 1904, y trata sobre la frustración de una seudo vocación religiosa; entronca con las narrativas naturalistas y persigue objetivos psicológicos. Tiene mucho de relato lírico, en medio de una naturaleza absorbente.

Las Honradas (1918), novela de estructura equilibrada, de estilo cuidado, con técnica naturalista, constituye el relato espiritual de su protagonista, Victoria, quien narra en primera persona su propia existencia. El autor realiza una verdadera introspección en el ánimo de Victoria. Ella pondrá el balance de su auto-análisis el concepto de la honradez, tal como lo prescribía la moral burguesa de principios del siglo. El creador encara las convenciones mojigatas que predominaban en la familia cubana de la época, pero no es menos descarnada su visión de la realidad política y social de la República, sino como la copia de un ambiente empobrecedor y mezquino. Dicha novela psicológica muestra el esclarecimiento del mundo subjetivo de Victoria, pero el marco social no está olvidado, sirve como trasfondo adecuado para la protagonista, resulta un elemento más a considerar en el panorama anímico de esta mujer.

Para el año de 1919, Miguel de Carrión escribe su tercera novela: Las impuras. En 1961, es publicada su obra inconclusa La esfinge; cuenta con elementos como la descripción de escenas de fuerte sensualidad, típico en su narrativa al igual que el intento de penetrar en la psiquis de la mujer, que en esta se repite.
“Decir que Las Impuras es una gran novela es faltar el respeto a las grandes novelas”, escribía Calvert Casey. Sin embargo, para buena parte de los estudiosos literarios era el novelista más interesante de su generación ―Carlos Loveira, Jesús Castellanos, Miguel Ángel de La Torre…―, siendo las novelas Las Honradas, y sobre todo, Las Impuras, sus dos logros artísticos más preciados. El propio Calvert aseguraba que “la cruda exposición y el análisis que sin proponérselo hace (…) del fenómeno social del relajo, del principio agudo del placer que motivó a varias generaciones, convierten a Las Impuras en un documento sociológico de interés permanente si sus méritos literarios no bastaran”. Pero de todos modos, Miguel de Carrión se inscribe hoy dentro de la cultura nacional como uno de los escritores imprescindibles de la literatura cubana.

Con sus narraciones publicadas en Cuba durante los años iniciales del siglo XX y en sus obras inéditas, demostró un conocimiento inusual de la psicología y los conflictos de la mujer, trazando precisas caracterizaciones de sus personajes; particularmente, en las novelas Las honradas y Las impuras, donde sus protagonistas femeninas arrastradas por la pasión amorosa revelan un universo de contradicciones sociales, al tiempo que encarnan dos paradigmas: la «burguesa honrada» y la «pobre impura». No en vano la aparición de Las honradas conmocionó a la sociedad habanera de su época y Las impuras estuvo durante varios años prohibida para las solteras, hasta alcanzar reconocimiento y convertirse en una de las obras literarias más exitosas, con numerosas ediciones, versiones teatrales, radiales y televisivas.
Bajo el influjo del realismo positivista y de la literatura del francés Emile Zolá, Carrión se adentró en la intimidad de sus personajes para demostrar las contradicciones y pasiones que arrasan al ser humano, fundamentalmente a través de su relación con un tema para entonces tabú: el sexo. El autor expone su preocupación por los derechos de la mujer frente a una sociedad patriarcal y machista que se encarga de cuestionar y ridiculizar. Ello se evidencia con la construcción del personaje protagónico de Las impuras, Teresa, pese a su rectitud moral y al estoicismo con que asume su liberación, aplastada por la intransigencia de su hermano y de su amante y que es vencida por un mundo al que se rehusaba entrar.

La novela constituye un estudio del marco de la prostitución en La Habana de entonces. Teresa, mujer de pensamiento independiente y voluntariosa al actuar, es la amante de Rogelio Díaz. Para mantenerse al lado de este hombre casado, Teresa va a vivir en un ambiente bohemio, marcado por la confluencia de diferentes vicios. Rogelio se entrega al juego y a las mujeres, piensa en futuros negocios que nunca tienen éxito, no tiene firmeza de convicciones, ni constancia; el autor lo utiliza para reflejar la deformación moral y ética de la descendencia de un sector social compuesto por los inmigrantes que hicieron fortuna en la Isla, esos hijos forman parte de una generación educada en la complacencia, el ocio y el facilismo. La carencia total de carácter lo identifica, fue entrenado en el gasto desmedido sin conciencia real de lo que ello detonaría; incapaz de actuar con sensatez y de enfrentar dificultades. Su amante Rogelio es prácticamente la antítesis de su querida. Obligado a mantener la honra de la familia, tuvo que casarse con la muchacha que embarazó, enamoró a Teresa y se la agenció de querida. La vida en la ciudad y la pobreza terminaron por condensar la nube de ideas que lo rondaba y ello terminó en una huida con una nueva pasión.

Se traza una evidente diferenciación entre el campo y la ciudad, siendo esta última un marco propicio para obrar con más ligereza la conciencia y menos pudor. No es una novela de índole psicológica, sino de propósitos sociológicos. Al tiempo que descubre todo el mundo de las impuras, revela también la vida política de la época, con sus maniobras turbias, con los trucos políticos, la hipocresía de mercaderes como Rufino. Describe la cotidianeidad de La Habana y el papel que en ella jugaban los truculentos manejos políticos y el alcance de factores como el poder económico. Los rasgos naturalistas que se manifiestan en la obra no alcanzan la pornografía; Miguel de Carrión vincula este recio realismo con elementos románticos que advertimos en el desarrollo de la trama y en el trazado acentuadamente sentimental de algunos personajes.

Mediante el análisis de la obra, partiendo de la ficción que envuelve y potencia la historia narrada y tomando en cuenta que se parte de la creatividad de un hombre que se nutre del mundo que lo rodea, tomando de este lo que, en su consideración importa; se pueden distinguir rasgos que nos permiten visualizar la sociedad de entonces. Los personajes descritos en la misma, existen con toda intencionalidad: mostrar al lector la diversidad, las situaciones e individuos que componían la vida en los sitios donde se desenvuelve la trama.

Así vemos por ejemplo el deseo del hermano de la protagonista, una vez esta huérfana, de enviarla a los Estados Unidos de América a concluir sus estudios, en un momento en que la aristocracia de la recién nacida República adoptaba como paradigma rector lo proveniente de aquella nación que ejercía su control sobre el futuro de Cuba a través de políticos y de la economía, aunque esta situación sufre transformaciones con el decursar del tiempo; haciéndose manifiesto el desagrado dentro sectores amplios de la población, por la intromisión o la simple presencia de los llamados yanquis, y el autor lo refleja en su obra.

En repetidas ocasiones se aludirá a la inadaptabilidad social que experimenta Teresa, quien no deja que se le impongan cánones y criterios propios de la época en que le tocó vivir, tratando de defender sus mentalidad considerada demasiado orgánica como para ser bien vista. El autor la describe como una mujer independiente, que para ser consecuente con sus creencias está dispuesta a correr los riesgos necesarios. La describe capaz de no acatar lo preestablecido, por un sentimiento.

En el libro se toca, aunque no a profundidad, el mito de virilidad y la fogosidad caribeña, justificando comportamientos y actitudes en materia sexual con elementos como el factor climático. Unos estudiantes que residían en el lugar utilizaban bromas jocosas para justificar esa actitud, sus teorías coincidían en la existencia de un calor sofocante que perturbaba los sentidos y alteraba los humos haciendo del ser que lo padeciese un animal en celo. Creo, teniendo en cuenta el anterior lanzamiento de Las Honradas, que el autor con esta novela trataba de presentar una realidad, aunque por ser parte de la cotidianeidad, gozaba de cierto reconocimiento que la inclinaba a marginar más aún a ese sector que lucraba vendiendo placer carnal, y en aras de revindicarlo, el escritor diseñó el entramado de la historia, reduciendo de cierto modo las diferencias morales de los dos grupos de mujeres (honradas e impuras) apelando a lado sentimental y humano para no desdeñar de antemano al menos favorecido.

Ello se evidencia con la construcción misma de Teresa, quien era calificada por la sociedad del mismo modo que una prostituta al ser la querida de un hombre casado; la trama se encarga de demostrarlo errado de este criterio. La actitud solidaria de las muchachas ante la agonizante niña también lo demuestra, resaltando los valores humanos de las impuras que acuden en su auxilio. Por otro lado se denuncia el caso de la viuda Riscoso, una señora con una posición acomodada en la sociedad que le hacia ostentar cierto respeto, sin embargo fungió como alcahueta de la huérfana Teresa, guiándola por caminos que le eran desconocidos; o siendo víctima de una violación, en gran medida, provocada por su actuar despreocupado, que de cierta forma parece similar al de una impura.

El término impura es utilizado para calificar a las mujeres que venden los favores de sus carnes en aras de lucrar, dentro de ello se encuentran las prostitutas, las queridas, las queridas de hombres casados (esta goza de peor estatus que la anterior y ganaban un mayor repudio de la población). Otra definición más sencilla es la que engloba a toda aquella mujer que haya perdido la virginidad antes de casarse. La práctica del adulterio en el caso de los hombres se muestra como algo natural, y en caso de que se cometa no pagando por sexo sino fruto de una seducción, es motivo de orgullo y realza su prestigio en la sociedad como galán ante los demás hombres y en el caso de las mujeres casadas, sí ven este tipo de comportamientos como algo reprochable. En cambio, cuando una mujer incurría en ello sería muy mal vista por la sociedad, al igual que su marido.

La virginidad en la época tenía una importancia clave (la virginidad como medio para legitimar un matrimonio). La denominación usada para nombrar a la mujer que la perdiese antes de llegar al matrimonio era que había sido pervertida o perjudicada; ello podía ocurrir de varias formas, pero las enumeradas en el libro como principales causas eran: la seducción o romance, violación, o por la compra de ese derecho lo cual ocurría en caso de mujeres pobres.

Se utiliza el término chulo para nombrar al proxeneta, aunque en casi todas las oportunidades dicho término están acompañados de adjetivos peyorativos. Cobraban por proteger a la prostituta, otros se hacían mantener por ellas conviviendo fuera del marco del oficio como una pareja común; se imponían mediante el uso de la fuerza contra su protegida; eran sujetos violentos, capaces de enfrentar a las instituciones encargadas de velar por el orden público.

Las prostitutas al igual que las queridas podían tener lo que llamaban caprichos, son aquellas relaciones en las cuales no cobraban sus servicios y lo hacían seleccionando la persona en dependencia de sus preferencias. En el caso de los hombres existía la creencia de que la esposa era para atender la casa y la familia y las queridas y prostitutas para divertirse y amar.
No se estilaba el tener una querida para un hombre por la poca solvencia que existía en el país; la mujer dividía su tiempo en dependencia del dinero que abonase cada uno de los hombres que estaban en su programa, el número de miembros de cada grupo fluctuaba.

Recrea la costumbre entre los jóvenes de reunirse en Prado y recorrer dicha zona, con fines de esparcimiento. Entre las impuras y sus clientes existía una práctica frecuente denominada aviación, que era recorrer en un vehículo cierta distancia, en el trayecto se podía hacerse de una en la zona apartada donde las mujeres podían realizar su oficio, e incluso con el carro en movimiento. En el inmueble donde se hospeda Teresa se muestra la prostitución en diferentes modalidades y con una marcada diferenciación en cuanto a remuneración económica por los servicios que brindan. Se dilucida por la obra varias formas por las que se podía llegar a prostituirse una mujer de entonces: vendida al proxeneta en una forma de esclavitud, si ha sido pervertida y no encuentra posibilidad de matrimonio o es expulsada de la casa, que haya sido obligada de alguna forma. En todas las opciones que da el autor el factor económico es un medio o ejerce un peso determinante.

Salvador Bueno escribió: “Cuando la obra de Carrión queda certeramente ubicada se la considera como un testimonio doloroso y sombrío, pero agudamente fiel, de una etapa de la historia cubana, de una época de transición que, sin haber llegado al clímax, permite contemplar algunas señales de superación y de esperanza” (BUENO, 1963). Las impuras, debe ser ante todo vista como un testimonio de nuestro pasado nacional y de valor excepcional porque recrea dos elementos de la realidad poco tratado con tanta claridad en la época: la mujer y la prostitución.


Bibliografía:

BUENO, Salvador. Historia de la Literatura Cubana. La Habana: Editora del Ministerio de Educación, 1963
CARRIÓN, Miguel de. Las Impuras. La Habana: Editora Popular de Cuba y del Caribe, 1960
INSTITUTO DE HISTORIA DE CUBA. Historia de Cuba. La Neocolonia, organización y crisis desde 1899 hasta 1940. La Habana: Editorial Félix Varela, 2004

Rosario Guillaume: relaciones de pareja e inserción de la mujer en el ámbito laboral

Por: Enmanuel George López.
Estudiante de 3er. Año de Lic
en Historia, Universidad de La Habana

La etapa republicana en Cuba abrió sus puertas el 20 de mayo de 1902. El camino hacia el progreso no sería fácil, pues el panorama económico-social era de difícil pronóstico. La recién ocupación militar y la administración estadounidense (1899-1902), crearon los lazos que garantizaran la perpetuidad de las relaciones, en un mero interés yanqui: “Las consecuencias de la gestión imperialista no podían ser otras que el afianzamiento del subdesarrollo, la deformación y la dependencia económica, la instauración de una república mediatizada, y la temporal frustración del movimiento nacional liberador”. (IHC, 2004, p.41)

El naciente periodo dejaba atrás supuestamente los vestigios del colonialismo. La realidad era angustiosa para gran parte de la población. Dentro de ella, las condiciones de las mujeres, ancianos y niños, colocaban a estos grupos en una posición de completa vulnerabilidad. Además, la discriminación sexual y racial, empeoraban el escenario.

Las mujeres, con respecto a la Constitución de 1901, no encontraron nada referido a su situación social, mejorías jurídicas ni económicas. Quedaban excluidas de la administración y gobierno de su país, sin derecho al voto y en total inferioridad. El ambiente crítico y hostil, llevó a muchas mujeres a alzar su voz en reclamo de derechos igualitarios, el sufragio, así como la incorporación en aquellas actividades que les negaban el acceso (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003). Entre esas mujeres, se destacó María del Rosario Agustina Guillaume Pérez (Charito Guillaume), con un discurso feminista y una participación verdaderamente extraordinarios, que trascendieron distintas etapas del feminismo cubano, desde la exigencia del voto femenino hasta la igualdad de condiciones para ambos sexos en el empleo y otros espacios.

En una de las tantas esquinas de La Habana, San Rafael y Gervasio, nació un 5 de mayo de 1886, Rosario Guillaume. Hija de padre andaluz y madre habanera. Estudió música y pintura en la escuela de San Alejandro, pero comenzó a trabajar en la Glorieta Cubana, situada en la calle San Rafael, entre Galiano y Águila, luego de que su padre se arruinara con la crisis de los años veinte. “Sus experiencias como mujer trabajadora, le enseñaron la situación en que la sociedad colocaba a la mujer”. (OLIVA, 1977, p. 63)

Se vinculó al Club Femenino de Cuba desde 1918, en el que junto a otras feministas, abogaron por la defensa de la mujer y la niñez. De este modo, lograron influir para la aprobación de las leyes del Divorcio y de la Patria Potestad en ese año. Además, impulsaron obras de tipo social para la Cárcel de Mujeres en Guanabacoa, donde organizaron círculos de estudio.

Durante el Primer Congreso Nacional de Mujeres en 1923, Charito participa como Primera Secretaria de la Comisión de Recepción y Fiestas. “El sufragio femenino fue un punto de unidad de las mujeres en este Primer Congreso” (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003). Charito se integró como una de las más grandes activistas. En el Segundo Congreso asistió como delegada, donde se debatió sobre el añorado voto, protección del trabajo de la mujer, contra la prostitución y la igualdad de los hijos ilegítimos. En éste, participó el entonces presidente Gerardo Machado, quién parecía avalarlas, pero luego dio muestras de su engaño.

Charito colaboró además con el Movimiento de Veteranos y Patriotas, ahí servía como eje principal de los contactos para las reuniones, y para 1927 entró a militar en el Partido Comunista de Cuba. “Era multifacética en el trabajo revolucionario, maestra, dirigente sindical y feminista” (OLIVA, 1977, p. 66). Conoció a través de su labor a muchos dirigentes e intelectuales, entre ellos Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, Pablo de la Torriente Brau, Juan Marinello y Antonio Guiteras. Cuando los distintos clubes feministas de la época decidieron unirse y crear en 1928, la Alianza Nacional Feminista, Rosario Guillaume funcionó como Vice-Tesorera y promovió una amplia labor por todo el país, en apoyo de las activistas de esta organización. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003)

El trabajo revolucionario y la postura feminista de Charito Guillaume, forjaron en ella una personalidad indoblegable. Su actitud y consigna contra la discriminación, estampaban su temperamento transgresor para una época que diseñaba el papel de la mujer como bella, recatada y sumisa. Si tenemos en cuenta que un estereotipo se define “como una generalización aprendida, usualmente negativa y rígida, acerca de un grupo de personas, hombres o mujeres” (GONZÁLEZ PAGÉS, 2006, p.23); el salir de ese molde, implicaba para las mujeres toda una avalancha de críticas y ataques, pues alteraban todo el esquema social tradicionalmente impuesto, que tenía para ellas las únicas expectativas de ser bonitas, buenas madres o que cumpliesen las labores domésticas y maritales a cabalidad.

Como la mayoría de las actividades sociales no eran concebidas para las mujeres, su espacio se veía sometido al hogar y las atenciones con el esposo e hijos. La “buena educación” que podría recibir una jovencita, era ante todo, respetar la autoridad del hombre. Charito contrastaba con ese modelo, y fue por esto que no tuvo “buenas experiencias” en sus relaciones de pareja: “Su novio Arturo no quería que participara en las actividades feministas, que la política era para los hombres”. (NÚÑEZ, FMC)

Charito era vista como dura, insensible y nada sensual, por desprenderse de tabúes y prejuicios que la enmarcarían en un espacio reducido de oportunidades: “Tenía pretendientes en el Club, pero ninguno la enamoró por conocer su carácter” (NÚÑEZ, FMC). No convenía para una relación la rigidez de ella, atemorizaba su forma inquebrantable, cuando lo que se buscaba en una compañera, era la “fragilidad” y la “delicadeza”. “Ella temía casarse pues no quería ser esclava” (NÚÑEZ, FMC). Su conducta no era fiel al modelo femenino republicano, y su lucha se dirigía precisamente contra el sistema patriarcal de explotación.

Si “El movimiento feminista como corriente de ideas políticas y filosóficas fue muy cuestionado en Cuba porque sus objetivos atacaban el poder de los hombres” (GONZÁLEZ PAGÉS, 2006, p.27); toda la labor de Rosario Guillaume y las feministas en general, suponían un desafío a la autoridad varonil.

A pesar de que la posición social de las mujeres, siempre un escaño más bajo en cuanto a legitimación, se sostenía por la incuestionable dominación de los hombres; la lucha por reivindicaciones femeninas, atentaba contra sus masculinidades (GONZÁLEZ PAGÉS, 2006, p.27).

El poderío de los hombres en las esferas del empleo y los derechos, vacilaban con este movimiento feminista, que no pretendía comenzar una guerra antagónica contra el sexo opuesto, sino reclamar la equidad y el respeto.
En el año 1934, días antes del primer golpe de Estado de Batista (IHC, 2004, p.316), el entonces presidente Ramón Grau San Martín había otorgado el derecho al voto a las mujeres sin restricciones. Los más de treinta años persiguiendo el anhelado sufragio llegaban a su meta. Pero la vorágine de las feministas no se detuvo. Luego de asistir a las urnas, el marchar al hogar en el mismo rol de sirvientas, significó un fracaso tal como no haber conseguido el ejercicio electoral. (LAMAR, 1927)
El voto solo fue una representación legal, que promovió en lo adelante la búsqueda de mejores condiciones de trabajo y salarios, planes educacionales y protección a la maternidad, sin importar raza o clase social. Tales aspectos fueron demandados en el Tercer Congreso Nacional de Mujeres, que además prestó atención a la situación bélica mundial y la exhortación a la lucha antifascista.

La Constitución de 1940 tuvo importantes concesiones en torno a la mujer; decretos que acrecentaban la legitimación femenina, pero la realidad los convertía en “tinta sobre papel mojado”, pues siguieron siendo víctimas del machismo y la desigualdad. “La Constitución del 40 no cambiaría en la práctica la situación de inferioridad de las mujeres, las cuales continuaron recibiendo salarios más bajos que los hombres”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003, p.98)

Charito Guillaume estuvo al frente de las demandas sobre la inserción de las mujeres al trabajo y la educación, para favorecer la calidad de vida de estas. Colaboró con la creación de la Asociación Pro Enseñanza Popular de la Mujer: “(…) que abogó por el mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres pobres y marginales, preparándolas para que supieran demandar sus derechos básicos” (GONZÁLEZ PAGÉS, 2003, p.144). Contribuyó a la formación de mujeres campesinas como maestras rurales, tarea que desempeñó junto al líder obrero Jesús Menéndez.
Incidió de manera notable a la incorporación de féminas a la producción. Tal fue el caso, en la Empresa Consolidada de equipos agrícolas, “Talleres Cubana de Acero”, no querían mujeres trabajando allí, ni menos jovencitas. De forma que Rosario consiguió la inclusión de estas obreras y advirtió sobre el respeto con ellas: “Llegamos a verla como nuestra propia madre”. Aunque no encontró mucho apoyo, ya que los hombres no querían compañeras en la fábrica, “porque era un trabajo muy duro para ellas”. (ENTREVISTA, FMC)

La supuesta debilidad biológica de la mujer y la “pérdida” de su feminidad ante su incorporación al trabajo, operaron contra ella. El marcado machismo juzgaba discriminatoriamente la participación de estas en iguales labores u organismos que los hombres. El desafío frente a esos prejuicios y el desempeño de sus tareas, prácticamente alcanzaban la misma magnitud. Para los hombres, todo el tiempo dispuestos a demostrar su masculinidad (fuertes, viriles) significaba un duelo, pues era entendido como una violación de los espacios históricamente suyos. “Comprender estos elementos sobre la construcción social del género femenino y masculino, nos aproximan al análisis de la problemática del maltrato, el abuso y la explotación sexual (…)”. (GONZÁLEZ PAGÉS, 2006, p.24)

Rosario Guillaume luego del triunfo revolucionario en 1959, siguió ligada a la actividad feminista. Fue una de las fundadoras de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y militó en sus filas hasta fallecer en 1975: “Pertenece a la historia de mayor compromiso político de la mujer en las luchas contra las tiranías y las diferentes formas de explotación de su momento” (RICARDO, 2004, p.198). Charito fue una persona que luchó por un mejor futuro de su país, imaginando una sociedad en la que se habría alcanzado plena igualdad para la mujer, en el que todo bienestar proviene del esfuerzo de ambos sexos en el ejercicio de la verdadera equidad.

Bibliografía

GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
--------------------------------------- Manual Metodológico par el Taller de “Empoderamiento Solidario”. Michoacán: Instituto Michoacano de la Mujer, 2006
INSTITUTO DE HISTORIA DE CUBA. Historia de Cuba, la Neocolonia, organización y crisis desde 1899 hasta 1940. La Habana: Editorial Félix Varela, 2004
LAMAR, Hortensia. Sufragio Femenino. La Habana: S/E, 1927
OLIVA, Milagros. Desde la época del primer partido: Charito Guillaume. En: Mujeres Ejemplares, primer libro de la Orden Ana Betancourt. La Habana: Editorial Orbe, 1977
RICARDO, Yolanda. La resistencia en las Antillas tiene rostro de mujer. República Dominicana: Academia de Ciencias, 2004

Fondos

Entrevista a María Núñez, amiga y compañera de lucha de Rosario Guillaume. Centro de Documentación, FMC
Entrevista realizada a trabajadoras de la fábrica Cubana de Acero por el Grupo de Teatro de dicho centro. Centro de Documentación, FMC

PILAR Y LOS DERECHOS DE LA MUJER CUBANA

Por Dianelys del Pino Zayas.
Estudiante de 4to. Año de Lic
en Historia, Universidad de La Habana

Una de las situaciones más aquejantes de la sociedad cubana la poseían las mujeres. Era difícil, dada la realidad que imponía los inicios del siglo XX, vivir relegada a la esfera doméstica por la división del trabajo entre los sexos al tiempo que se desarrollaba una poderosísima ideología que aún determinaba la imagen de la mujer y su papel en la vida social. Era además, la encargada de la educación de lo hijos para limitar su participación en el ámbito público. La mujer de este tiempo estaba sumida bajo un esquema conservador y tradicionalista que no la dejaba hacer vida social, a no ser en los marcos en que la sociedad se lo permitía. No tenía ni derecho al voto, ni a la opinión; era, a su vez, utilizada como un objeto sexual, y caracterizada como santa o puta.

Para cambiar esta situación, irrumpió en el mundo político, en busca de la obtención de importantes reclamos por la defensa de la mujer y sus derechos, Pilar Jorge de Tellas. En aquella República fervorosa de anhelos de madres y hermanas, creó en 1918, el Club Femenino de Cuba. Comenzó de esta manera su lucha por los derechos de la mujer cubana, siendo esto un paso significativo para las aspiraciones de crear otras organizaciones revolucionarias con iguales fines, junto a un grupo heterogéneo que estaba integrado por periodistas, intelectuales, abogadas, maestras, etc.
Así, en mayo de 1921, intervino en el Proyecto de Ley que presentara Vicente Pardo Suárez a la Cámara de Representantes, tendiente a proteger a la mujer que trabajaba, que recogía demandas como las 8 horas de jornada laboral, el salario mínimo, el empleo de 50% de mujeres en industrias y comercios. También se declaró a favor del Seguro de Maternidad, el descanso pre y post natal retribuido y el tiempo para la lactancia del hijo; se alzó además por la comodidad de la mujer después de dar a luz, para que trabajara sin preocupación y no perdiera el empleo, creando Salas-Cunas en talleres y establecimientos.

En este sentido, por su labor en asistir a la mujer en cuanto al progreso, es válido aclarar, que antes no se había alcanzado no más que el coqueteo con las demandas femeninas, sin tomarlas en cuentas, y para revertir esto Pilar se convirtió en la Animadora del Curso de Cívica Superior y Derecho Social, cuya campaña estuvo dada para las mujeres de casas humildes y a las que se le suministraron principios de higiene, economía doméstica, moral y cívica.

A su vez, Pilar fue una excelente mujer, abnegada en su trabajo e incansable en favor de las penadas. De ahí, que luchó arduamente para lograr el traslado del Reclusorio a Guanabacoa e independizarlo de los hombres, y mejorarlo con las donaciones de camas, ropas, vajillas y el aula de Instrucción Penaria de que carecían. La Ley de la Silla, fue otra de las medidas que tomó a favor de las condiciones de trabajo de la mujer, la cual permitió a las empleadas que trabajaban 6 horas, dispusieran de la silla para cuando no fuera necesario permanecer de pie.
El Club Femenino de Cuba, creó la primera institución formadora de niñeras que funcionó en todo el país, mostrando cuánto pesaban los prejuicios y convencionalismos sociales en la mente de muchas mujeres cubanas. En el Club Femenino de Cuba, Pilar jugó un papel muy importante, mostrando mediante sus discursos la necesidad y las mejoras que traería la inserción de la mujer en la lucha por eliminar el régimen de exclusión, sin perder el punto esencial que era la defensa de la mujer cubana, enfrentándose a periódicos que atacaban a la institución.

En uno de sus discursos del año 1921 a las miembros del club, les expuso las intenciones de ese club, agregando no apartarse de la ruta trazada desde su fundación y que nada ni nadie lo cambiaría; en cambio, añadió que su disolución mostraría la incapacidad de la mujer cubana a plantearse y luchar por mejorar, mostrando así la necesidad de la unión para lograr sus objetivos. También expresó sobre el Club Femenino que:
“(…) había sido creado sólo para la mujer y por ella, para una mayor cultura y consolidación para su sexo. Tendiente a moralizar el ambiente femenino, a ilustrarla en sus deberes cívicos de ciudadana, enseñada a cumplir sus deberes para con la patria, igual que se le enseñaba a cumplir los de hija, esposa, madre y otra para obtener el sufragio femenino, el Club Femenino de Cuba sin rechazar la segunda dará en eso momentos preferencia a la primera por considerarla más urgente, más dentro de la índole de su objetivo y deja la segunda a las Asociaciones en ese fin”. (JORGE, 1921)

En otro de sus discursos en la Asamblea Nacional de Veteranos y Patriotas, dejaba bien claro cuáles eran las preferencias y la ideología de aquellas mujeres que la apoyaban en las diferentes actividades encaminadas a alcanzar las innumerables libertades que les era necesario a la mujer, agregando además, que al igual que a ella, muchas de las que luchaban no les interesaba pasar trabajo, estar en peligro, prefiriendo siempre sacrificarse por la patria contra el régimen, al igual que lo hacen por la mujer. Asimismo, que ellas acuden también al llamado consciente, demostrándole al mundo entero que con las mujeres se puede contar para librar al país de situaciones que adolecen al pueblo porque de la misma manera lo hacían para el mejoramiento de la mujer, que es la finalidad de la institución creada con el nombre de Club Femenino de Cuba, para obtener más consideración, más respeto, más igualdad dentro del régimen social, haciendo menos dolorosa la situación de la mujer (cobraban menos que los hombres), y del niño.

Pilar no se limitó a luchar por el sufragio y otras necesidades económicas y sociales, sino que se interesó por la cultura de las más desposeídas, reclamándole a la Junta de Educación escuelas nocturnas para obreras. Debido a las energías puestas para lograrlo, la Junta de Educación acogió la petición, y se fundó una escuela en 1918, en la calle Soledad (La Habana), la que resultó ser insuficiente en cuanto a las aulas debido al grado alto de analfabetismo y la baja escolaridad que padecían estas mujeres, en parte por el hecho de trabajar a temprana edad por la deficiente alimentación; por lo que con este acceso no se dejó pasar la oportunidad de mejorar e instruirse en las horas de descanso, para dejar de ser explotada y abusada por patronos sin conciencia, los cuales labraban su fortuna a costa de la legión de jovencitas que por sus necesidades era víctimas de los dueños de empleos. Conjuntamente con la protección de la mujer, de Tellas se dedicó a la protección de la niñez, proporcionándoles escuelas, con el objetivo de hacerlos ciudadanos/as útiles a su hogar y a su patria.

Para lograr una eficacia cada vez mayor a nivel nacional, creó la Gota de Lucha en 1921, la cual propició la fundación de la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas, dado el interés de lograr una mayor consistencia de lo que se hacía y se iba logrando. El principal objetivo de esta, era fomentar la unidad entre las asociaciones femeninas, tratando de alcanzar la afinidad de aspiraciones, también querían una mayor participación en los Congresos Internacionales Femeninos. Esta federación la llegaron a componer 5 asociaciones, cuya presidencia fue ocupada por Pilar Morlón: Club Femenino de Cuba, Congreso Nacional de Madres, Asociaciones de Católicas Cubanas, Asociación Nacional de Enfermos y el Comité de la Creché Habana Nueva.

El discurso era diferente a lo que los hombres acostumbraban, sin dejar la maternidad y sus roles maritales y maternales a un lado. Por esta razón, Pilar brilló con gran intensidad en los Congresos Nacionales de Mujeres, celebrados en 1923 y 1925, donde planteó en sus intervenciones la necesidad de preservación que tenía en aquel entonces la mujer y el hombre de los males de las enfermedades. Planteaba además, la condición del hombre, hallándose con mayores ventajas que la mujer para su autodeterminación. Mientras que la mujer estaba constantemente sometida por su falta de preparación a un antiguo vasallaje, hallándose limitada en sus horizontes de progreso, tanto intelectual como de vida, siendo prisionera de la educación hogareña, por lo que a veces era impulsada a la prostitución, a buscar de esa manera lo que se le prohibía en la sociedad y como derecho. La moral alta era lo que salvaría a las mujeres según Pilar, ya que disminuirían las enfermedades que tanto afectaban a la mujer a través del hombre, cuyo castigo recaería sobre los hijos. Aboga también por el respeto al niño, aspecto muy importante para toda mujer.

El sufragio femenino no escapó de sus discursos, ya que lo veía como una vital necesidad para elevar no solo la cultura de la mujer y las condiciones de vida, sino un desarrollo mayor a la sociedad; caracterizándose a su vez, en sus discursos, como mujeres bravas, combativas contra algunos males como el alcoholismo, cuidadora y protectora de la enseñanza, trabajadora por la paz y la colectividad para su mejoramiento. Este sufragio que defendió es la libertad de determinación y de protección a sí misma y a la sociedad, ya que se lucha por una patria mejor y más justa. Por esta misma razón, este movimiento de reformas sociales, sentó las bases para la lucha organizada del sector femenino y sus demandas. Las feministas y sufragistas “por naturaleza”, estaban lideradas además de Pilar Jorge de Tellas por Emma López, Hortensia Lamar de Monte, Dulce Ma. Borrero, etc.

Pilar no se limitó solamente a los aspectos señalados anteriormente, sino que también combatió las drogas y la prostitución, luchó por el proteccionismo a la infancia, por modificar la enseñanza en general, recabar la atención a la eugenesia y a la pluricultura. De igual forma planteó el derecho de la mujer a tener la Patria Potestad de los hijos y del divorcio si la vida marital no le funcionaba, y la defensa de la igualdad de condiciones para los hijos ilegítimos.

Ya para 1928, se creó la Alianza Nacional Feminista, apoyando a las otras ya creadas con anterioridad en la lucha por las causas de la mujer cubana. En la década de los años treinta colaboró con el Directorio Estudiantil Universitario para luchar contra el régimen de Machado, por lo que sufrió prisión en 2 ocasiones en la Cárcel de Mujeres de Guanabacoa, junto a oposicionistas de la alta intelectualidad cubana como: Teté Moré de Sáez Solís, Zoila Mulet, Lulú Durand.

Pilar como mujer intrépida y versátil, fue vocal de la Junta de Patronos de la Casa de Beneficencia y Maternidad, proponiendo que las asiladas de edad escolar asistieran a las Escuelas Públicas del Estado, Institutos y Escuelas Vocacionales. Aunque el proyecto no fue comprendido, fue una propuesta que alentó a muchas de ellas. Su voz también se hizo escuchar a nivel internacional, por la defensa de las mujeres, siendo para esto Técnica y Delegada Gubernamental ante la Comisión del Trabajo de Mujeres y Menores, además, fue Ponente de esta Comisión en la Segunda Conferencia Internacional del Trabajo de Estados Unidos de América , celebrada en La Habana.

Como miembro de la Delegación Salud y Maternidad de La Habana, tomó parte en la regulación funcional de Cajas de Maternidad, en apoyo de la niñez y de la mujer embarazada, cuidándoles su trabajo mediante leyes. Además como Jefa del Negociado de Trabajo de Mujeres y Menores del Ministerio de Trabajo, puso todas sus energías al progreso de la mujer a nivel nacional y propuso medidas para la mejoría en cuanto al desenvolvimiento en el empleo.

Toda la vida de Pila Jorge de Tellas estuvo llena de luchas y sacrificios, es por eso que el presente trabajo es un recordatorio a esta polifacética mujer. Además es una forma de agradecer todos sus esfuerzos por ayudar a la causa femenina en todas las esferas de su vida, porque gracias a ella todas tenemos oportunidades de ocupar puestos importantes, ser independientes al hombre y desdoblarnos por nosotras mismas, obteniendo a su vez significativos logros en los diferentes espacios en que nos encontremos.

Para concluir les quisiera agradecer a todos los que hicieron posible este trabajo, brindándome una excelente atención como lo hizo el personal de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en especial Iliana Báez, de igual manera la biblioteca de la facultad de Filosofía-Historia y Sociología. Muchas gracias además, al Centro de Estudio de la Mujer por su excelente atención, sobre todo a la bibliotecaria Margarita, por su esfuerzo y paciencia conmigo. Dentro de estos agradecimientos me gustaría mencionar a mis vecinas Susel y Niurka, ya que sin ellas este trabajo no se hubiese realizado. Un agradecimiento muy especial a mi tío Enrique, que por último no es menos importante, ya que me ha ayudado con todo el trabajo dándome idea.

BIBLIOGRAFÍA

FEDERACIÓN NACIONAL DE ASOCIACIONES FEMENINAS. Primer Congreso Nacional de Mujeres. La Habana, 1923
FEDERACIÓN NACIONAL DE ASOCIACIONES FEMENINAS. Segundo Congreso Nacional de Mujeres. La Habana, 1925
GÓMEZ CARBONELL, María. Síntesis bibliográfica y de actividades revolucionarias. La Habana, Expediente-242
GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César y TUR BROCHE, Leonardo. Federación Nacional de Asociaciones Femeninas y el Club Femenino: Primer intento de unificación en Cuba. Disponible en: (http://masculinidadesencuba.blogspot.com). Acceso en: 10 de nov. 2009
GUILLAUME, Rosario y PASCUAL, Sara. Segundo Congreso Nacional Femenino: Declaraciones y Hechos. La Habana, 1926
JORGE DE TELLAS, Pilar. Discursos en el Club Femenino. La Habana, 1921
------------------------- Discurso en la Asamblea Nacional de Veteranos y Patriotas: Por la Regeneración de Cuba
------------------------- Actividades revolucionarias. La Habana, 1925
LÓPEZ, Marlon y DÍAZ, Jorge. Periódico Hoy. En: Primero y Segundo Congreso Nacional de Mujeres. La Habana: 1925
PRUNA B., Yadira. La mujer en la sociedad cubana (1923-1935). La Habana: Editorial Ciencias Sociales, s/a

“Sin derecho a tener historia: el mundo de la prostitución en los primeros años de República”

Por Dayana Romero Benavides.
Estudiante de 4to. Año de Lic.
en Historia,
Universidad de La Habana

Introducción

El tema de la prostitución siempre ha sido y sigue siendo algo polémico, hablar abiertamente de ello hace un par de siglos te podía llevar a prisión, y actualmente, si conversamos sobre el tema, no podemos evitar bajar la voz e incluso sonrojarnos, como si no fuese una práctica común y altamente numerosa en la sociedad.
Muchas prostitutas han jugado importantes roles en la historia de la humanidad, ¿no lo era María Magdalena? Lo fue también Madame Bobary, concubina del rey Luís XV de Francia, y tuvo gran influencia en él y en el destino de su país, solo por citar algunas. Y nuestro país no es menos.

Ligados a nuestra historia tenemos numerosos personajes relacionados con el mundo de la prostitución, ¿qué cubano no ha oído siquiera mencionar a Alberto Yarini? El más famoso chulo que ha tenido Cuba, pero que era a su vez representante y portavoz del Partido Conservador, y provenía de unas de las familias más influyentes de La Habana. Pero actualmente nos seguimos empeñando en intentar ocultar ese pasado “bochornoso”, y silenciarles a personas pasadas y presentes que desean contar una historia.

Respecto a esto no puedo evitar mencionar una anécdota reciente, de cuando estaba realizando esta investigación. En el Centro de Investigación de la Mujer (donde tienen un fondo documental y bibliográfico importantísimo, y donde su bibliotecaria es una excelente trabajadora y persona) pedí un libro acerca del Primer Congreso de Mujeres de Cuba, y la bibliotecaria me lo trajo muy dispuesta. Más tarde le pregunté si tenía algún libro o documento sobre “La Bella Chelito”, “La Macorina”, o sobre otras prostitutas. No pudo disimular el disgusto y se limitó a contestar: “Aquí no tenemos nada sobre esas personas”. Esto nos ofrece la medida de que a estas mujeres no solo se les censura su profesión, sino que también su historia.
En fin, este trabajo está dedicado a todas esas mujeres sin historia, y en honor a una leyenda.

Desde su origen, en tiempos en que las jóvenes se ofrecían a los dioses por intermedio de los sacerdotes para obtener favores divinos, la prostitución ha estado regida, directa a o indirectamente por condiciones económicas que escapan a la voluntad o al deseo de los seres humanos. Nuestro país no está exento de estas prácticas. Este es un hecho que nos ubica en que hoy el dos o el tres por ciento de las mujeres trabajadoras de todo el mundo, se dedican al oficio “más antiguo”, obligadas por el desempleo, el hambre endémica, las migraciones, las pocas posibilidades de desarrollo, la escasas o nula educación, el predominio del patriarcado, la violencia doméstica que las devalúa ante sus propios ojos, la soledad, entre otras causas.

Lamentablemente, actualmente en nuestro país, la mayoría de los jóvenes que se prostituyen (o que “jinetean”, término más “cubano”) no lo hacen lanzados por la pobreza extrema, sino que básicamente lo que los impulsa ha sido la opción de ganar, sin demasiado esfuerzo físico, lo que sustentaría sus modelos de felicidad: una moneda de alto poder adquisitivo en el bolsillo, ropas y zapatos de moda, joyas, cosméticos, comidas, artículos electrodomésticos, paseos, estancias en hoteles y playas, y en no desdeñable medida, la posibilidad de casarse con un extranjero e irse del país. Pero, ello se escapa de la temporalidad que nos concierne en este trabajo.

Viajemos en el tiempo, situémonos en la Cuba, y más específicamente, en La Habana de los primeros años del pasado siglo. En 1899 ya se había oficializado el fin de la Guerra Necesaria por nuestra independencia y que a su vez, en su última etapa, había acontecido la intervención de los Estados Unidos en la misma y su posterior ocupación militar de la Isla.

Para ese entonces las condiciones de la vida material en Cuba podían considerarse desesperadas, especialmente en áreas rurales. La destrucción o abandono de las explotaciones agrícolas, así como el éxodo y la mortalidad entre la población rural resultaban las más señaladas características del campo cubano. Los cálculos arrojan un déficit poblacional de casi 400 000 personas en los años de guerra (1895-1898), que incluyen tanto las defunciones como los dejados de nacer en tan turbulento lapso.

La población masculina había mermado considerablemente, como consecuencia de la guerra, dejando detrás numerosas viudas, solteras desamparadas sin un cabezada familia que las mantuvieses, y en una situación económica paupérrima, y viéndose obligadas en su mayoría a emigrar a la capital en busca de alguna ocupación. Eran estas mujeres, en su mayoría analfabetas, sin saber hacer nada más que los oficios del hogar, y en situación desesperada. Si realizamos la ecuación: entrada masiva de extranjeros (por la intervención norteamericana) más, viudas y jóvenes solteras desamparadas, más, pobreza extrema, más, autoridad poco rigurosa, más, surgimiento y/o aumento del juego y de ilegalidades, el resultado indudablemente nos da igual a prostitución.

Era esta Habana una amalgama de tramas y subtramas que conformaban un universo singular, pleno de corrupciones e ilegalidades. Así, podía descubrirse en el Campo de Marte (hoy Parque de la Fraternidad) que la prostitución era legal, pues las meretrices estaban oficializadas y tenían un carné que les garantizaban la tranquilidad, y las que no tenías la manipulada cartilla compartían sus fondos con los policías de la zona. En aquellas oscuridades podían encontrarse vendedores ilícitos de drogas o de cualquier cosa, y la “impureza social” se ofertaba como algo trivial.

Pero la mayoría no entraban en ese mundo porque quisieran, a casi todas lo que les daba el impulso era ver a su familia muriéndose de hambre. Entonces, cuando se decidían, salían a buscarse un chulo que les comprara ropa y zapatos y que les pusiera a trabajar en una accesoria. Claro que éstos en su mayoría eran unos abusadores y les quitaba casi todo lo que ganaban, pero no tenían como meterse en el negocio si no era así.

Aquello no era nada fácil, pues tenían que meterse en la cama y complacer a hombres de todos tipos y figuras: blancos, negros, mulatos, chinos, gallegos o de donde fueran; limpios, sucios, a veces apestando a rayos, y no solo a aguardiente y a tabaco malo. Tenían que aguantar lo que viniera, porque sino el chulo les armaba “una buena” y hasta las golpeaban. Cuando podían los dejaban por otro, pero en el fondo era lo mismo, ya que todo el mundo las explotaba, no solo el chulo de turno, sino que hasta los médicos les sacaban un par de pesos cada vez que podían, sin contar a los policías, tan malos como los chulos.

La policía se lanzaba contra ellas por etapas. La acusación era siempre la misma: ofensa a la moral o por alteración del orden y escándalo en la vía pública. Nunca las acusaban de prostitutas. La ley no contemplaba el ejercicio de ese oficio como un delito; por tanto, no podían atacarlas por ahí. Si no les pagaban al policía de posta medio peso o una cajetilla de cigarros americanos, las llevaban presas. Los sábados, como era día de más movimiento en el negocio, tenían que pagar un peso.

Las formas de cazar a un “marchante” –posible cliente- no eran siempre iguales. En el bar, podían primero invitarlas a un trago, aunque también solían decirles simplemente: “Vamos a pasar un rato”. Les podían hacer una seña o mandar al cantinero que les sirviera una cerveza, o el recado para que la prostituta se le acercara. Otros no eran tan decididos, y ellas tenían que recurrir a las mejores sonrisas y decirles: “¿Me invitas a un trago? ¿Quieres pasar un rato bueno?”.
No era raro echar una partida de cubilete antes del encuentro. En las casas, sobre todo en la época en que había tela metálica en las ventanas y apenas se reconocían a las que estaban detrás, solían llamar la atención diciéndoles a los hombres toda clase de frases provocativas y sugerentes. Las “fleteras” (que andaban por las calles) también usaban frases parecidas; a veces atraían a los clientes mediante señas.

Este sistema se empleaba, de modo particular, cuando ellas se aventuraban por calles que no eran habituales para el negocio, o sea, que no estaban incluidas en zonas de tolerancia. Entonces guiñaban un ojo, o hacían un leve gesto con la cabeza, el puño cerrado o la lengua. También se insinuaban con preguntas o palabras de doble sentido. Otras, desde media cuadra de distancia, venían diciendo lo que eran, no sólo por el vestir descuidado y apretado en forma excesiva, sino porque llamaban en alta voz.

La entrada de franceses al país se incrementó en la época, convirtiéndose éstos en los chulos de más poder. Se les conocía como souteneurs o apaches, y con ellos trajeron a muchas francesas como mercancía para sus negocios. Eran estas francesas muy gustadas y preferidas por muchos, no solo por la palidez característica de su piel, ni por estar mejor vestidas y perfumadas, sino también por prácticas y técnicas más atrevidas que empleaban que a la mayoría de las cubanas les aborrecía.
En aquellas “sórdidas covachas” ocurría lo inconcebible en lo que a sexo se refiere, incluyendo perritos amaestrados utilizados por las fogueadas prostitutas francesas. Llegaba el hombre, y la mujer inquiría, a veces con palabras (“con perrito o sin perrito”), otras con habilidades conocidas de sobra, lo deseado: la forma habitual de cohabitación era la menos disfrutada, pues la mayoría de los asiduos preferían la novedad del sexo oral, que no se aventuraban a solicitar a las esposas. Así las francesas incorporaron además el sexo anal, desdeñado en las parejas matrimoniales por inmoral, pero que como innovación significaba un atractivo extraordinario para sus clientes. Las cubanas, durante un buen tiempo, no se ocupaban de esos juegos sexuales y se escandalizaban y escandalizaban a más no poder, agredían al hombre palangana en mano, mientras le gritaban que esa gimnasia podían irla a disfrutar con sus progenitoras.

Era en esa época la barriada de San Isidro la más popular zona de tolerancia. Era una trama de “inmundicias” y delincuencias, eran esas las “calles del vicio”, de todos los vicios. Por las calles Paula, San Isidro, Cuba, Habana, Compostela, Desamparados, etc.; las meretrices esperaban a sus clientes dentro de las accesorias y los hombres caminaban por la acera en busca de la preferida . La fama del barrio trascendían las fronteras del país, llegando a ser conocido en España, Francia y Estados Unidos.

Pero cuando se dice San Isidro, hay que hablar de Alberto Yarini. Con sombrero de castor carmelita oscuro y saco de dril blanco, pantalón a rayas, manejando con cuidados de orfebre el nuevo lazo en la corbata. Seleccionaba el color del chaleco, la leotina de oro, el pasador, el cinto, los zapatos, los mejores zapatos de glasé, los franceses de color avellana. Estudiaba con cuidado, a veces durante horas, su melena recortada, partida exquisitamente a la izquierda y con un mechón de pelo encrespado sobre la frente. Atrevido y soez como las caras esencias con que se perfumaba, hacía alarde de un arte especial para rendir a las mujeres y una mano muy dura para controlarles el dinero.

Hijo de Cirilo José Aniceto Yarini Ponce de León y de Juana Emilia Ponce de León, vio la luz Alberto Yarini Ponce de León, en 1882, quien, a pesar de su corta vida, se convertiría en una leyenda . Cuentan de él, quienes lo conocieron que fue un gran hombre, de los buenos, y muy buen amigo, de los que ayudan cuando más se les necesite, sin condición de ninguna clase, sin nada a cambio, a pesar de que era político, conservador. Él lo mismo hablaba con un negro, que con un chino, con cualquiera. Él era un rey. Y fue su reino de meretrices, de jugadores, chulos, ladrones; de criminales, estafadores, aduladores, vagos, matones. Fue su imperio de gente pobre: de carpinteros y estibadores, de albañiles y bodegueros, de marineros y panaderos, de lavanderas, cocineras y policías.

Este guayabito de apellidos célebres, el de palabra fácil, persuasiva, se convirtió de un solo paso en Presidente del Comité Conservador de San Isidro, con fuerza política en toda la zona de Belén. En su reino, Yarini se regodeaba por las calles saludando con gestos de caballero intachable, regalando monedas a los chiquillos y dando palmadas a los que lo adulaban y exaltaban, como a él degustaba. Era un hombre que debía cuidarse, porque sus rivales, los apaches foráneos, sabían ser implacables. El traficante de mujeres Louis Letot, Jean Petitjean, Ernest Laviere Paris, Quoerrier, Benedetti, Finet, entre otros, quienes andaban por el barrio con trajes de casimir, eran adversarios suspicaces y celosos del negocio, pero Yarini no tenía guardaespaldas.

Hacía tiempo que los problemas entre los chulos cubanos y los franceses se iban complicando cada vez más. No era que entre las prostitutas cubanas se estuviera despertando un sentimiento de nacionalismo, ni en especial un gusto por los cubanos en las francesas. Ya habían ocurrido broncas y navajazos entre ambos bandos. Era una guerra no muy silenciosa, que marchaba hacia líos mayores. Los franceses habían mantenido el control total de la trata de blancas. Cada cierto tiempo un francés viajaba a Francia en busca de mercancía fresca. Todo esto se hacía con la aprobación de las autoridades.

Sobre la muerte de Yarini se ha hablado más de lo que en verdad se ha escrito. Cada cual da su interpretación; se hace eco de los rumores que han llegado hasta nosotros. Se dice que se ha querido ver más de dos cosas en el asesinato, cuando en realidad todo se reduce a una fórmula muy simple: a Yarini lo mataron porque le quitó una mujer a un chulo francés. Pero, probablemente, ahí debió de haber otras razones. Cuando Letot (principal enemigo y rival del “guayabito”) regresó de Francia y se enteró de que Bertha Fontaine (conocida como la “Petit Bertha”, se dice que fue la más hermosa mujer de San Isidro) se le había ido con Yarini, declaró que había venido a Cuba a explotar mujeres, no a morir por ellas.

Letot era un hombre hábil, no se le podía pasar por alto que Yarini era el presidente de de los conservadores en el barrio. Pero los demás chulos franceses hicieron mucha presión para que Letot se enfrentara con Yarini. El 21 de noviembre de 1910, Alberto Yarini se levantó más temprano que de costumbre y fue al velorio de la madre de Domingo J. Valladares, Presidente del Comité Conservador del Barrio de Marte. Al regresar almorzó con sus mujeres, Celia, Elena y la Petit Bertha y durmió una pequeña siesta. Más tarde se dirigía hacia sus accesorias, ubicadas en Compostela y Habana. Al pasar Compostela se le une José Basterrechea (más conocido como Pepito, su más fiel e íntimo amigo ) y ambos cruzaron la calle y fueron a la accesoria número 59. Luego entraron en la 60, donde se encontraba Elena Morales, ambos entraron con ella y conversaron un momento. Ella se dirigió a la puerta, para ver qué pasaba en la calle, ya que se escuchaba un revuelo. Yarini salió detrás de ella, cuando vieron que Letot estaba de pie frente al acceso principal de la casa, por lo que la meretriz volvió a entrar rápidamente. Al ver a Yarini, y sin pronunciar ni una palabra ni darle tiempo a nada, el francés comenzó a disparar, a la vez que una lluvia de balas caía desde la acera de enfrente y de los tejados y azoteas, en los que se habían apostado otros ocho extranjeros. Yarini sacó su revólver, pero no le dio tiempo a usarlo. Detrás de él venía Pepito Basterrechea, con un revólver en la mano. Basterrechea, al darse cuenta de que agredían al amigo, hizo varios disparos sobre Letot, uno de los cuales hirió mortalmente al francés en el centro de la frente. Letot murió al instante, Yarini el día 22 a las diez y media de la noche en el hospital, no sin antes firmar una nota en la que se declaraba culpable de la muerte de Letot, y defendía la inocencia de Basterrechea. Fue ese uno de los entierros más concurridos de nuestra historia, en la que participaron, según se dice, decenas de miles de personas, de todas las clases, razas y posiciones .
Contra la prostitución se pronunciaron los medios de comunicación en innumerables ocasiones, de vez en vez un periodista la emprendía con las prostitutas, rehacían denuncias públicas, e incluso se decía por unos días que se iban a cerrar los barrios de tolerancia.

Pero una de las más reconocidas personalidades que se pronunciaron contra la prostitución fue Hortensia Lamar. Fue ella una de las más destacadas oradoras durante el Primer Congreso Nacional de Mujeres realizado en La Habana en 1923, quien fue como presidenta y representante del Club Femenino. A continuación citaré unos fragmentos de su discurso:

“(…) Sería prolijo un estudio o relación detallada de las causas determinantes y mantenedoras de la prostitución universal, hechos ya por distinguidos sociólogos. Solo mencionaré a grandes rasgos las más poderosas constantes; ellas son: la sórdida miseria de los parias de la sociedad que viven hacinados en horribles tugurios en los barrios bajos de las ciudades populosas, contaminándose unos a otros, y legando con la inconsciencia de bruto, en la bestialidad del instinto sin freno y sin alma, la modesta predisposición al vicio. Esa infancia con lacras hereditarias, crece y se desarrolla en un medio en que la bajeza, la grosería y la obscenidad son las normas de la vida. (…)
(…) Las mujeres que nos interesamos en la defensa del hogar, de la institución de la familia y en la salud y normal desarrollo de la raza, pedimos: como medida de profilaxis social, la clausura de todos los burdeles; pena de prisión de todo el que ejerza la prostitución, mujer u hombre, que tanta culpa tiene la que vende su cuerpo como el que lo compra; prisión correccional, que tenga tanto de clínica, como de escuela, en el campo, en contacto con la Naturaleza, tanto la de hombres como la de mujeres. Pedimos la clausura de las llamadas Academias o escuelitas de baile, que no son otra cosa que escuelas de corrupción de menores. Pedimos pena de prisión correccional para los padres que permitan a sus hijos frecuentar esas escuelas de vicio. Legislación penal para los traficantes de drogas heroicas y para los traficantes y explotadores de mujeres, en el asqueroso comercio. Estos son dos comercios que van íntimamente ligados. (…)
(…) Aquí también existe ese tráfico horrible, esa compra-venta de seres humanos, la criminal, repugnante trata de blancas con infelices e indefensas extranjeras traídas como mercancía, por lo cual se ha pagado en el lugar de origen el precio convenido al agente, y que luego aquí va subiendo de valor, según la calidad y la demanda que haya, y a veces sacada a subasta, después de la cual queda en poder del traficante que ha de explotarla, obteniendo todas las ganancias que su asqueroso comercio traiga del vicio. (…) El Club Femenino de Cuba, integrado por mujeres que han sentido una dulce e infinita compasión por esas pobres hermanas víctimas de la última y más abyecta de las esclavitudes; mujeres que tienen el firme propósito de continuar trabajando por el mejoramiento de la humanidad, empezando por la propia patria, han acordado fundar bajo los auspicios de la Institución referida una Liga contra la trata de blancas, de la prostitución y corrupción de menores. Con este fin haremos en breve un llamamiento a todas las clases sociales. (…)” (MEMORIAS, 1924)

Era esta, a grandes rasgos, la intervención de Hortensia Lamar. Fue este un discurso valiente y bastante osado para la época, pero que representa unas ideas bien claras.
Sin más, espero haber cubierto las expectativas. La prostitución es un oficio que, en mi opinión no dejará de existir, quizá desaparezca cuando el ser humano deje de mostrar interés por el sexo, lo cual imagino que estará ligado con el fin de la humanidad.

Bibliografía

CAÑIZARES, Dulcila. San Isidro 1910: Alberto Yarini y su época. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 2000
ELIZALDE, Rosa M. Flores desechables: ¿prostitución en Cuba? La Habana: Ed. Abril, 1996
Facetas de la vida de Cuba Republicana. La Habana: Oficina del Historiador de la Ciudad, 1954
FERNÁNDEZ R., Tomás. Historias de mujeres públicas. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1998
Memoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres. La Habana: Imprenta La Universal, 1924
ROIG de L., Emilio. Males y vicios de Cuba Republicana. La Habana: Ed. Oficina del Historiador, 1961

Tina Modotti

Por David Novo Curiel.
Estudiante de 4to. Año
de Lic. en Historia, Universidad de La Habana


Assunta Adelaida Luigia Modotti, nació en Italia en 1896 en Udine, una pequeña ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia, cercana a Trieste, el puerto del Mar Adriático. Su padre, Giuseppe Modotti, era de profesión mecánico y socialista radical con ideas revolucionarias, perteneciente, claro está, al Partido Socialista. y su madre, Assunta Mondini, estaba dedicada a las tareas del hogar.

De niña es llevada a Austria, con la intención de vivir en un ambiente político más libre; pero al no conseguirlo, tuvieron que regresar a Italia. Se educó en escuelas italianas y austriacas, pero debido a los escasos recursos económicos de su familia, a los 12 años se vio obligada a trabajar en una de las fábricas textiles de su ciudad natal.

Luego de un tiempo el padre y la hermana mayor de Tina emigran a Estados Unidos, atraídos por el ideal del "sueño americano". Mientras el padre trabajaba de obrero y la hermana en un taller de costura en California, como costurera en Italia, Tina se hacía cargo de la manutención de su madre y sus hermanos pequeños, viviendo en condiciones muy extremas, pero con un gran sentido de justicia e igualdad derivado de la postura política familiar.

Alrededor de los 17 años parte a Norteamérica, comienza a trabajar de costurera en Magnin's, pero gracias a su destacada belleza, pronto se transforma en modelo, incluso de sus propias confecciones. De sus características lo que más llamaba la atención era su frágil figura, el delicado rostro y la mirada triste. Pronto incursiona como actriz en el cine mudo. Por ese tiempo conoce a Roubaix de L'Abrie Richey, mejor conocido como Robo, quien al cabo de un tiempo, sería su esposo. Robo se desenvolvía en un gran ambiente bohemio, pues era pintor y poeta; constantemente organizaba reuniones en el patio de su casa, donde se tocaban temas como la revolución rusa, el amor libre, los convencionalismos, la moralidad y las aventuras de Pancho Villa.

Robo, al igual que muchos extranjeros alrededor de 1922, queda atrapado por la magia de los sitios exóticos y su cultura, por lo que decide viajar a México, donde desgraciadamente cae enfermo y muere de fiebre amarilla. Tina, quien se había quedado en Estados Unidos, no lo alcanza con vida.

Tina, con su atrayente tipo de femme fatale, se enamora de Edward Weston su marido los había presentado- mientras Robo permanecía en México. Tina, quien posaba tanto para su marido como para Weston, decide viajar a México acompañada de este último. Una vez establecidos, y envueltos por la multiplicidad de colores y ambientes, Tina descubre otra faceta de sí misma y abandona la melancolía y suavidad de Robo, por la explosión sensual y artística del fotógrafo.

Logra convencer a Weston para que la tome como discípula, y poco a poco va logrando una obra de gran calidad. El fotógrafo tenía ideas abstraccionistas muy avanzadas para su época y esta influencia es notoria en la obra de Tina. Weston regresa a Norteamérica y Tina, que ya se había codeado con el mundo cultural de la época, decide quedarse, sintiendo un gran compromiso con los indígenas, pues desde la primera vez que realizó un viaje al Istmo de Tehuantepec -junto a Diego Rivera, Frida y otros intelectuales de la época-, quedó maravillada.

Tina estaba en plenitud de su sexualidad, no se inhibía por su desnudez, a ella le gustaba juguetear desnuda; le molestaban las ataduras, los botones, los cinturones o cualquier prenda que le estorbara para moverse. Tenía una forma muy especial de caminar, de hablar, todo en ella era llamativo, y más para los mexicanos poco acostumbrados a una mujer con esas características. La mayoría de las mujeres del país ni pensarlo, ellas no podrían ser como Tina.

Tina se impresionó tanto con México que quiso plasmarlo en imágenes fotográficas como un homenaje, aunque no sólo captaba sus formas estéticas, sino que retrataba la visión de un país lleno de miseria e injusticia.

Conmovida por la explotación en la que vivía la clase trabajadora de la posrevolución mexicana, Tina se convierte en revolucionaria activista desde principios de los años veinte, desarrollando fuertes lazos con miembros del grupo de la Unión Mexicana de Artistas, entre los que se encuentran Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, Charlot, Orozco y Siqueiros.

En 1927 se afilió al Partido Comunista Mexicano y desde ese año hasta 1940 trabajó como editora colaboradora y fotógrafa de la revista Folklor Mexicano. Durante su estancia en México escandalizó a la mojigata sociedad de aquella época por ser una mujer que vivía bajo el mismo techo con un hombre que no era su marido ni su hermano, que salía a la calle después de las ocho de la noche y compartía la mesa en lugares públicos con varios varones; además de tener la costumbre de bañarse desnuda en la azotea de su casa cuando llovía.

En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzetti, con el cual comienza un romance y es considerado el amor de su vida, este joven estudiante cubano de fuertes ideales de izquierda, era el encargado de ayudar a sus compatriotas que huían de la isla.

Desafortunadamente Mella es asesinado en 1929. Para ese entonces, Tina ya había publicado en algunas revistas y periódicos de izquierda como la Revista de los Estridentistas, que a pesar de especializarse en literatura, coincidía con algunos principios de este movimiento artístico-, lo cual la vinculaba a esta postura política, indicio que llevó a culparla del asesinato del joven cubano.


Sin embargo, se le declara inocente poco después del crimen. Al año siguiente la acusan de haber tomado parte en el intento de asesinato de Pascual Ortiz Rubio, presidente de México, por lo que es expulsada del país. De allí salió acompañada del líder comunista Vittorio Vidali, rumbo a Alemania.


Continúa su trabajo en el exilio en Berlín, donde se hace miembro de la Unión de Fotógrafos de Prensa y publica sus imágenes en Der Arbeiter-Fotograf. Abandona la fotografía por el activismo político mientras se encuentra en Moscú entre 1931 y 1934 trabajando para la Cruz Roja Internacional de la URSS.


Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento. Cuando llegó, renunció a realizar una sola fotografía. Para ella no era compatible el arte con la violencia de los acontecimientos. Se sentía incapaz de retratar lo que veía y optó por la lucha armada. No obstante, Vidali, como dirigente de las Brigadas Internacionales, le ordenó cambiar las armas por el espionaje, ya que sus conocimientos de italiano eran muy beneficiosos dada la nacionalidad de las fuerzas que apoyaban a los franquistas. También colaboró en los hospitales con el Socorro Rojo. Tuvo que coincidir con Gerda Taro en Almería, pues a Modotti se le encargó el seguimiento de la tragedia en esa ciudad. Sus reportajes se publicaban en Ayuda, órgano de prensa del Socorro Rojo Internacional, y los firmaba con alguno de los pseudónimos que utilizó en España: María, Carmen Ruiz o Vera Martini.


Regresa a México en 1939, donde continúa su actividad política mediante la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi con un nombre falso; fotografió, trabajó y continuó su labor política hasta su muerte en 1942, debida a un ataque cardiaco.

En su lápida, ubicada en el panteón Dolores de la Ciudad de México se lee un verso de Pablo Neruda:
“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes;
Tal vez tu corazón oye crecer la rosa
De ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa”.

UNA MIRADA FEMENINA AL CUIDADO DE LA NATURALEZA

Por: Celia H. Martínez Prado.
Estudiante de 4to. Año de Lic.
en Historia, Universidad de La Habana.


El papel de la mujer cubana en la historia de nuestro país ha sido tratado en numerosos trabajos, sin embargo, la mayor parte de ellos recurren a las mismas figuras femeninas. De esta manera, observamos que en el siglo XIX el nombre por excelencia es el de la poetiza Gertrudis Gómez de Avellaneda; en las guerras de independencia lo son Ana Betancourt y Mariana Grajales; el período republicano presenta una escasez en este tema, salvo algunas excepciones donde se hace referencia a los Congresos Nacionales de Mujeres.

Igualmente recurrentes son los nombres de Celia Sánchez, Haydee Santamaría y Melba Hernández, esta vez en el periodo que comprende la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista.

Evidentemente, el papel de la mujer no ha sido lo suficientemente analizado y divulgado, por lo que se hace necesario realizar un análisis partiendo de la perspectiva de género y para ello resulta imprescindible el estudio de la década del veinte del siglo pasado, en la que se produce el ascenso de movimientos sociales y políticos, dentro de los que se encuentra el feminismo. En este contexto, las mujeres cubanas comenzaron a organizarse para reclamar sus derechos, aunque en sus demandas estuvieron incluidos también muchos de los problemas de la sociedad cubana de la época. Tienen lugar entonces, los Congresos Nacionales de Mujeres, como expresión de la lucha de este sector por alcanzar iguales derechos civiles que los hombres.

El presente trabajo pretende realizar un recorrido por los Congresos de Mujeres celebrados en La Habana en las primeras décadas del siglo XX, prestando especial interés al tratamiento dado al tema de la conservación de la naturaleza. Pretende además, establecer un primer acercamiento al movimiento ecofeminista a partir de sus principales postulados; así como demostrar que el interés femenino en el tema de la conservación durante los Congresos no puede incluirse dentro de este movimiento.

Las primeras conexiones entre el feminismo y la ecología que dieron origen al ecofeminismo se encuentran en las utopías literarias de las feministas de los años setenta. En ellas se define una sociedad en la que las mujeres viven sin opresión, con democracia interna y en la que prevalece el uso de tecnologías respetuosas con el medio ambiente. Fue Françoise d'Eaubonne (1) , en 1974, quien adoptó por primera vez el término de ecofeminismo para representar el potencial de las mujeres para encabezar una revolución ecológica que significara nuevas relaciones de género entre hombres y mujeres y una relación distinta entre los seres humanos y la naturaleza. Este ecofeminismo inicial ha evolucionado dando lugar a tendencias distintas, todas preocupadas e interesadas por el cambio de las relaciones entre las personas y el medio ambiente.

Ahora bien, de manera general el ecofeminismo plantea la existencia de una conexión entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, argumentando que la capacidad de gestación de la mujer permite una mayor identificación con la naturaleza y por ello propone objetivos comunes para el movimiento feminista y ecologista, planteando la necesidad de trabajar conjuntamente en la construcción de alternativas que reviertan tal situación.


El Primer Congreso Nacional de Mujeres sesionó en La Habana del primero al siete de abril de 1923, de esta forma, se abría un espacio para trazar las líneas a seguir por el movimiento femenino cubano, así como para propiciar la unidad entre las diferentes organizaciones que habían sido creadas con anterioridad. La participación en él quedó establecida a partir del cumplimiento de determinadas condiciones, así como con el compromiso de no emitir criterios desfavorables contra el feminismo. En sus palabras de apertura, la presidenta Pilar Morlón de Menéndez dio a conocer las aspiraciones generales del Congreso:

“Así, pues, el objeto de nuestro Congreso es doble: en primer término es un exponente del grado cultural de la cubana demostrando que, con haberla hecho copartícipe de los beneficios de la enseñanza, le han otorgado el derecho de aspirar a todas las sanas posibilidades y en segundo lugar servirá de exposición del pensamiento femenino respecto a los problemas que afectan al individuo, a la familia, al hogar y a la Patria.” (MEMORIAS, FMC)

En relación a la temática conservacionista, en este primer Congreso dos ponencias abordan el tema: una titulada “Amor y protección a los animales”, a cargo de Jeannette Ryder y la otra “Amor a las plantas y flores”, a cargo de Pilar Houston, ambas estadounidenses.(2) La presencia de dos trabajos que abordaran relativamente la misma temática me resultó muy interesante, si tenemos en cuenta el contenido del resto de los trabajos, orientados sobre todo a la lucha por el sufragio femenino y la reivindicación de una serie de derechos sociales que se hacían indispensables para la equiparación de la mujer con el hombre en la vida civil y política. Los trabajos hablan de la necesidad de fomentar en los niños el cuidado de los animales y el entorno que lo rodea; propiciar la siembra de árboles y exigir la limpieza en las plazas y parques públicos.

Finalizado el Congreso y dados a conocer sus principales acuerdos, los que abordan el tema de la protección al trabajo de la mujer, la equiparación de sus salarios con respecto a los hombres, la reforma penitenciaria y la legislación sobre el adulterio; en especial, el número seis está dedicado a “intensificar el amor a las plantas y los animales”. De esta manera quedaba suscrito el interés de las mujeres cubanas en el cuidado de la naturaleza.


Este Congreso Nacional de Mujeres fue el primero de su tipo en Cuba y América Latina, logrando movilizar a determinados sectores femeninos del país; puso de manifiesto el proceso de radicalización de la mujer frente a las leyes y las costumbres reaccionarias que la discriminaban y sirvió de reflejo a algunos de los males que afectaban al pueblo. Sin embargo, no puede pasarse por alto el hecho de que exigía reivindicaciones para la mujer al margen de la lucha contra el régimen que igualmente explotaba y discriminaba al país y que su carácter burgués le impedía abarcar las necesidades de la mujer cubana en general -dígase campesina, obrera.

El Segundo Congreso de Nacional de Mujeres se celebró en La Habana en el año 1925. Una de las peculiaridades que presentó fue la presencia de la mujer obrera trabajadora, ausente en la primera cita. Motivó el interés de los intelectuales y de la opinión pública en general. La prensa de la época concedió diariamente un espacio al comentario de las sesiones y temas que allí se debatían. Esta vez se prestó atención a algunos problemas sociales que no fueron discutidos en el Primer Congreso y que si bien no se les dio una solución definitiva, al menos fueron señalados y criticados. Aquí se incluyen, por ejemplo, la creación de gremios de las mujeres obreras para la defensa de sus intereses y la prohibición de anuncios que denigraran a la mujer. Se acordó además erigir un monumento a la mujer cubana participante en las guerras de independencia. En esta ocasión, no hubo ninguna ponencia que abordara el tema medioambiental.

Este Congreso culminó con una fuerte división al interior del movimiento femenino cubano, provocado por las diferencias de criterios en aspectos como el reconocimiento de iguales derechos entre los hijos legítimos e ilegítimos y la concesión del sufragio a partir de la asociación con algún partido político. Como consecuencia, las mujeres cubanas no volvieron a reunirse en Congreso hasta el año 1939.

El Tercer Congreso Nacional de Mujeres sesionó igualmente en La Habana. Su objetivo fundamental era agrupar a todas las mujeres de Cuba, sin exclusión de índole política, religiosa o racial, en la defensa de “los derechos de la mujer y el niño, la paz y el progreso de Cuba.” La labor del Congreso resultó amplia, profunda y sostenida. En las conclusiones, se exigieron, entre otros aspectos una reforma a la Carta Magna de la República; el respeto al derecho civil de la mujer; la realización de un Código de la Familia; la lucha contra la delincuencia femenina, encaminada hacia la solución del problema económico de la mujer joven; hacer que desaparecieran en los centros de reclusión el aspecto de sitios de castigo, convirtiéndolos en centros de readaptación de la mujer; luchar contra el proxenetismo y, finalmente, el rechazo a la pena de muerte. Una vez más, el tema de la conservación de la naturaleza no estuvo incluido.

Partiendo del análisis anterior, podemos concluir que la mayoría de los Congresos Nacionales de Mujeres adolecen del tratamiento al tema ecológico. Sólo en el primer encuentro de este tipo se hace referencia a esta temática, a partir de las ponencias de Pilar Houston y Jeannette Ryder. Esto responde, en mi opinión, al carácter clasista de los Congresos. Desde su perspectiva burguesa, la cuestión de la naturaleza y su cuidado no se torna fundamental para estas mujeres, ocupando el centro de sus debates el tema del sufragio femenino, el acceso a la vida política y la igualdad de derechos civiles con respecto a los hombres. Faltarían muchos años para que la mujer, en su lucha reivindicadora incluyera la cuestión ecológica como un intento más de cambio social y de denuncia.

NOTAS:

1-Escritora y profesora francesa pionera del movimiento feminista de los años setenta del siglo pasado.

2- Al congreso estuvieron invitadas asociaciones femeninas de otros países.


BIBLIOGRAFÍA

DOMÍNGUEZ, Ofelia. 50 años de una vida. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1971
EVANS, Sara. Nacidas para la libertad: historia de mujeres en Estados Unidos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1993
GÓMEZ-PASTRANA, Teresa María. El ecofeminismo: una opción real de Transformación social. Disponible en: http://www.rebelión.com. Acceso en: 5 de dic. 2004
GONZÁLEZ, Jorge F. Las luchas por el sufragio femenino bajo el régimen de Machado. 2007. Trabajo de Diploma-Facultad de Filosofía e Historia-Departamento de Historia, Universidad de La Habana, La Habana
GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
SUÁREZ F., Liane. La mujer cubana entre 1940-1952. 1996-1997. Trabajo de Diploma-Facultad de Filosofía e Historia-Departamento de Historia, Universidad de La Habana, La Habana