lunes, 20 de diciembre de 2010

HISTORIA DE LA MUJER EN CUBA: DEL FEMINISMO LIBERAL


Por Julio César González Pagés

En la foto l@s escritor@s Sonia Rivera-Valdés, Nancy Morejon, Tomas Fernández Robaina y Julio César González Pagés con el equipo de la Red Iberoamericana de Masculinidades despues de la presentación del libro de Sonia:"Historia de mujeres grandes y chiquitas"






Introducción: Estudios de género, ¿moda o necesidad?

La historia de las mujeres tiene un recorrido menor que el de la historia general, pero ya empieza a ganar un espacio en el debate académico cubano en sus más de seis años de presencia. La historiografía internacional ha tenido un ascendente desarrollo en esta modalidad que ha permitido teorizar con mayor énfasis a partir de la incorporación del análisis de género.

En los años 70 el feminismo internacional vive una transformación medular cuando recibe un segundo aire después de finalizada la II Guerra Mundial y la promoción de las ideas de “vuelta a casa para la mujer”. Este nuevo feminismo radical superó los planteamientos de las liberales en la lucha por el sufragio, divorcio, patria potestad y legislaciones obreras, amplió sus objetivos e incluyó los problemas raciales de orientación sexual, étnicos, variantes políticas, además de constatar que el poder de los hombres se fortalecía en una sociedad estructurada en “esferas sexuales”.

La incorporación de un análisis marxista y de la teoría de género ha facilitado la comprensión de la unidad indeleble que existe entre la opresión sexual, la división sexual del trabajo y la estructura económica de clase.
La deconstrucción o reelaboración de la Historia de Cuba para incorporarle nuevos estudios sobre sexo, raza y estudio de las mentalidades, significa un reto para los viejos y nuevos historiadores que ven con asombro cómo algunos mitos y paradigmas pierden su lugar protagónico.

La historia de las mujeres ha sido calificada de exagerada por algunos estudiosos de otras temáticas, manejándose la proposición de por qué no existe “historia de los hombres”. Este planteamiento tiene una probable respuesta: lo escrito hasta ahora puede ser historia masculina con honrosas excepciones.

La historia más divulgada de la nación cubana hace hincapié a partir de los siglos XIX y XX, ignorando los siglos XVI, XVII y XVIII que son abordados de forma general a pesar del esfuerzo de un grupo de historiadores que han dedicado su obra a esta época. Encontrar datos empíricos y de orden simbólico ayudará a recuperar la memoria femenina de estos siglos, los cuales no pueden ser obviados al valorarse el sentido del pasado para la mujer cubana.

Una reconsideración de las formas de clasificar las fuentes históricas, permitirá acabar con el mito de “sobre las mujeres no se ha escrito nada”, argumento frecuentemente utilizado para echar a un lado cualquier posible cuestionamiento a los anales de la historia. ¿Realmente no existe información o tenemos que dar otro tipo de lectura a los protocolos notariales?. [1]

Los estudios del siglo XIX cubano y la conformación del idealismo nacionalista han subestimado casi en su totalidad el discurso femenino presente en más de una veintena de publicaciones periódicas a partir de 1860.[2] Buscar información sobre las mujeres para construir una historia particular no significa reproducir lo que puede ser más importante teniendo en cuenta los acontecimientos masculinos, sino indagar la subjetividad femenina según el período histórico que se investiga.

Un ejemplo fehaciente es el inicio de las guerras de independencia de 1868, importante acontecimiento en donde se sustenta el criterio de poca participación femenina en la historia. Algunas nuevas lecturas se pudieran añadir a las tres guerras: ¿Sólo madres, hijas y esposas de los líderes independentistas tienen cierto protagonismo?. La imagen de la madre o esposa no ha permitido conocer casi nada sobre el pensamiento que de forma evolutiva se produce en mujeres como Mariana Grajales o Amalia Simoni. Si no existieran estos vínculos familiares, ¿estarían en la Historia de Cuba?.

La historia más reciente del siglo XX no escapa a la visión falseada que existe sobre la mujer. Sin embargo, la inclusión de la variable clase social ayudó a no tener que hablar de mujer de forma abstracta, sino de mujeres específicas; pertenecientes a un grupo social determinado.

Pero en muchos estudios la rigidez de las variables sólo permitió clasificaciones de burguesas y proletarias, trayendo un nuevo problema sobre todo en sectores importantes del sufragismo y feminismo liberal el cual no puede ser definido exactamente en una u otra variable.[3]

El feminismo ha sido un término muy cuestionado, interpretándose en muchos casos como un símil del machismo. Esta comparación es errónea porque independiente de cualquier tendencia extremista en otras latitudes, en Cuba cumplió un papel revolucionario, permitiendo la obtención de importantes reivindicaciones en fechas muy tempranas, como la Ley de la Patria Potestad (1917), la Ley del Divorcio (1918) y del Sufragio Femenino (1934).

Sobre el feminismo cubano existe una amplia bibliografía que pudiera estudiarse con mayor profundidad. Personalidades de la cultura nacional como Vicentina Antuña, Mirtha Aguirre, Camila Enríquez Ureña y Enrique José Varona aportaron ensayos de inestimable valor.

Los investigadores e investigadoras que nos dedicamos a esta materia en Cuba estamos culminando una etapa que recién se comienzan con un nuevo bagaje metodológico que permitirá i introducir categorías analíticas relacionadas con el género. Pienso que los estudios de género, más que moda o necesidad, son una realidad que debemos asumir en los análisis de nuestros trabajos.

Las primeras feministas

Las experiencias vividas en los espacios privados y públicos por las mujeres del siglo XIX en Cuba, pueden acercarnos a una apreciación más certera de cómo y cuándo fue que se tomaron las primeras ideas conocidas como “feminismo” por las mujeres y hombres del país. En esa época se fomentaba el paradigma de mujer-santa que desempeñaría los roles maternales, maritales y domésticos, bien alejados de todo lo que la separase de su condición de “bello sexo” o de “sexo débil”.

El cuestionamiento al “sistema de valores” promulgado por los hombres, convirtió a las féminas en centro de discordia entre la intelectualidad, que se vio de cierta forma precisada a definir criterios sobre educación para la mujer, matrimonio, los derechos de los hijos naturales y alguna protección a la mujer trabajadora. Después de finalizada la primera etapa de la Guerra de Independencia (1868-1878), muchos de los arquetipos construidos para la mujer perdieron sentido [4].

La violencia, el hambre, la emigración, cambiaron la imagen etéreo-romántica de muchas de las poetizas de las décadas del 50 y 60, donde sobresalió Gertrudis Gómez de Avellaneda, iniciadora de la vanguardia liberal femenina.

En la década del 70, las ideas de una educación especial para la mujer permitieron una asimilación mucho más rápida de las nociones feministas. Los colegios para señoritas -como se les denominaron- permitieron que pedagogas como Dora Galárraga y María Luisa Dolz ganaran en prestigio, sobre todo la Dolz, que incluyó la Segunda Enseñanza, requisito obligatorio para la entrada de mujeres cubanas a la Universidad.[5]

Otro aspecto que influyó en la asimilación del feminismo fue la emigración de miles de mujeres cubanas a los Estados Unidos y las repúblicas latinoamericanas, donde tuvieron que asumir la doble jornada laboral, en la factoría y en el hogar. Por eso no fue sorpresivo encontrar obras poéticas como El Burgués de la Casa, de Luz Herrera, donde de forma directa se expone la inconformidad ante el androcentrismo imperante:

Despierta de tu sueño
investiga y repara
que es solo, solo el hombre
quien tus cadenas labra
usurpa tus derechos
te beja (sic), te maltrata,
cohibe tu albedrío
tu inteligencia embarga
y no se cansa nunca
de hacer tu suerte infausta.[6]

El surgimiento de más de 100 clubes femeninos que simpatizaron con las ideas separatistas de los independentistas cubanos, permitió que las mujeres estuvieran presentes en espacios públicos donde se debatió el futuro de la Isla. La preparación de discursos políticos para las veladas y el aporte económico para la guerra fueron experiencias que las ayudaron a fomentar sus ideas liberales.

La participación social, económica y política de las emigradas, resultó un factor de primer orden en el cambio de mentalidad en un amplio sector de la emigración femenina y masculina. El hecho de que las cubanas pudieran presidir un club conformado por sus congéneres y realizar actividades en apoyo a la futura república independiente, creó en ellas una nueva visión de su género.

El siglo XIX marcó el surgimiento de las primeras ideas feministas en Cuba, que se reflejaron sobre todo en la década del 90 en mujeres como Elvira Martínez, Angela Landa, Martina Piedra Po, Fany Galárraga, Aurelia Castillo y María Luisa Dolz, autora esta última del discurso femenino más polémico de la década, Feminismo injusticia de los códigos[7], el cual se reflejó en una veintena de publicaciones que incluía los rotativos de mayor difusión del país.[8]

En una artículo de mayo de 1894 aparecido en El Fígaro con el título de “El movimiento feminista en Cuba”, el pensador cubano Enrique José Varona admitió su asombro al escribir este artículo y ponerlo “al lado de cosas muy serias y respetables, la Constitución, por ejemplo; y los derechos individuales que garantiza o que debiera garantizar” [9].

Los movimientos políticos de Cuba en el siglo XIX plantearon de forma general principios de libertad y democracia utilizando la imagen del cuerpo femenino como símbolo de los derechos individuales, pero esto sólo se hizo en lo concerniente a la forma estética, porque una vez culminada la guerra y la intervención norteamericana, el 21 de febrero de 1901, se aprobó la Constitución, que dejó a las mujeres sin derecho al voto.[10]

Este fue el comienzo de una república por la cual también habían luchado las mujeres, quienes no conformes con la visión androcentrista de sus primeros mandatarios, hicieron reclamos de puestos públicos, sufragio, indemnizaciones y otros tipos de demandas en cientos de misivas que trajeron un aumento de expectativas sobre la temática femenina, haciendo crecer considerablemente la bibliografía escrita sobre temas relacionados con el feminismo, legislación y sufragio.[11]

La construcción de un ideario nacionalista cubano al estilo norteamericano a través de la instrucción pública, utilizó a la fuerza femenina como futura portadora de la pedagogía de su ideal. Esta cuestión se fomentó durante la primera intervención norteamericana en la Isla (1898) y la promoción de “ideas modernas para la mujer”, que incluyó cursos de superación de miles de maestras en la Universidad de Harvard y contactos con el Woman Club de Boston. Esos encuentros de seguro influyeron en el ulterior surgimiento de organizaciones feministas al estilo norteamericano en el país.[12]

Existen algunas estadísticas sobre la progresiva incorporación de las mujeres a los recintos universitarios en los primeros 15 años de este siglo. En esta etapa 75 de ellas aprobaron los exámenes de oposición a la Universidad y 189 se graduaron de doctoras en diferentes especialidades. De igual forma el magisterio aumentó al número de 4 244, siendo las mujeres el 82% del total de maestros(as) de Cuba.[13] Las primeras organizaciones del sufragio se fundaron en este mismo período, con un por ciento elevado de maestras y la figura de Amalia Mallén de Oztolaza en la presidencia de las tres primeras: Partido Nacional Feminista (1912), Partido Sufragista (1913), y Partido Nacional Sufragista (1913) [14], agrupaciones que tuvieron el voto como reclamo fundamental y estuvieron integradas por sectores medios urbanos de la ciudad de La Habana.[15]


La década del 10 fue decisiva en los cambios de los arquetipos para la mujer. Por un lado la I Guerra Mundial y su cuestionada “promoción del sector femenino”, y por otro la influencia norteamericana en costumbres (bailes, modas, literatura), crearon un diapasón más amplio para las cubanas de la pequeña y media burguesía, donde los roles domésticos y maritales pudieron empezar a ser variados.

¿Mujeres al espacio público?

La obtención de dos importantes reclamos, la Ley de la Patria Potestad (1917) y la Ley del Divorcio (1918) [16], definieron una etapa de auge del feminismo liberal en Cuba que se hará más notorio con la creación del Club Femenino (1918), asociación que núcleo a una parte de las protagonistas del debate feminista de la década del 20. Figuras como Pilar Morlon de Menéndez, Pilar Jorge Tella, Mari Blanca Sabas Alomá, Ofelia Domínguez y Hortensia Lamar, ayudaron a cambiar la dinámica del periodismo de corte femenino y propusieron temas candentes que preocupaban a las trabajadoras, las reclusas y otros sectores marginales de mujeres. No obstante, la raíz del Club estuvo integrada por mujeres de las élites intelectuales que tuvieron como labor educativa este contacto con sectores de menos recursos y preparación educacional.[17]

El activismo del Club Femenino lo animó a crear una Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba [18] en 1921. Las asociaciones integrantes convocaron al Primer Congreso Nacional de Mujeres (1923), que tuvo la particularidad de ser el primero en Hispanoamérica, con un temario que incluyó desde la jardinería femenina hasta aspectos tan polémicos como la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos, la necesidad de lograr una igualdad entre el hombre y la mujer en la legislación sobre el adulterio y el inevitable tema del sufragio femenino.

Este tipo de evento es convocado por segunda ocasión en abril de 1925, pero si bien el primero propició la unidad de las fuerzas femeninas, el último fue todo lo contrario; la iglesia católica tomó las riendas haciéndose representar por varias organizaciones “fantasmas” que boicotearon los temas más polémicos y propiciaron la salida del Club Femenino del evento. Las contradicciones se agudizaron en el período de gobierno de Gerardo Machado (1925-1933), con la utilización del sufragio femenino como uno de los puntos populistas de su campaña.

Así quedaron divididas las fuerzas entre feministas y sufragistas, con posiciones bien divergentes. Conflictos entre las líderes de ambos bandos, Pilar Morlon y María Collado, fueron utilizados por la prensa conservadora para demostrar que las mujeres aún no estaban aptas para ser ciudadanas y emitir sufragio.

Al margen de estos acontecimientos surgieron otros tipos de organizaciones femeninas, como el Lyceum de La Habana, con fines culturales y de instrucción; de trabajo como la Unión Laborista de Mujeres, y políticas, con posiciones opuestas, como la Unión Radical de Mujeres y la tristemente célebre Porra Femenina. Para 1930 el país tenía la cifra de 320 asociaciones femeninas registradas de forma legal.[19] A la caída del gobierno de Machado, durante el período de transición del presidente Ramón Grau San Martín, en enero de 1934, fue aprobado el artículo 39 sobre el sufragio femenino.[20] Paradójicamente, después de tantos años de bregar por el reconocimiento constitucional de sus derechos, muchas de las feministas y sufragistas que se habían involucrado en este proceso estaban en el exilio, otras murieron casi inmediatamente y las que vivieron el momento, sabían que era sólo el inicio de la integración legal a la Nación.

Paso a la izquierda y la igualdad legal

El cambio de la correlación de fuerzas a favor de la izquierda, después del movimiento revolucionario de 1933 en Cuba, se ve reflejado en la celebración en abril de 1939 del Tercer Congreso Nacional de Mujeres, donde por primera vez tendrán una amplia representación.

El congreso fue una ruptura con el anterior feminismo liberal de los años 20, pues la mayoría de los requerimientos que se habían exigido ya eran realidad: el divorcio, la patria potestad, el sufragio, legislaciones obreras y de maternidad. ¿Qué faltaba?. Que estas leyes se cumplieran y que se integraran a otros temas, como la mujer joven y sus problemas específicos, la mujer y las leyes sociales, la mujer y la paz, la mujer y los códigos, la mujer y el niño.

Otras realidades que ocurrieron a nivel mundial, como los conflictos que desataron la II Guerra Mundial, la desprotección de la niñez y el sindicalismo para la mujer; ocuparon un lugar importante en la agenda. La presencia de delegadas negras, presididas por Inocencia Valdés, fue otro de los acontecimientos del último congreso que se celebró en la etapa republicana.

Este evento femenino tuvo repercusión en muchos de los derechos que obtuvo la mujer en la avanzada Constitución de 1940. Las mujeres cubanas vieron cumplidos así muchos de sus pedidos, como el reflejado en el título cuarto, donde se establece la igualdad independiente de la raza, clase o sexo, y en el título quinto, referente a la familia. En el artículo 43 se otorgó el derecho de la mujer casada a la vida civil sin que necesitase la licencia o autorización marital para regir sus bienes, ejercer libremente el comercio, la industria, profesión o arte y disponer del producto de su trabajo.

En el título sexto, sobre trabajo y propiedad, se planteó que la ley regulaba la protección de la maternidad obrera, extendiéndola a las empleadas y además no se establecieron diferencias entre casadas y solteras a los efectos del trabajo.[21] El reconocimiento ante la ley fue un triunfo convertido en arma de doble filo, que le dio el derecho a muchos sectores conservadores a expresar “¿y qué más quieren las mujeres?, ¿quieren gobernar?”.

En efecto, las mujeres en Cuba desde 1936 participaban en su doble condición de electoras y elegibles. Entre 1936 y 1944, habían alcanzado los siguientes cargos:

- Alcaldesas 3
- Representantes 15
- Concejales 2
- Senadoras 2

Figuras como María Gómez Carbonell, María Teresa Arrieta, María Antonia Quintana y Esperanza Sánchez Mastrapa, hicieron exitosas carreras políticas pero con una visión nada alejada de sus antecesores masculinos, lo cual no demerita este primer paso en busca de una mayor representación social.

Finalizada la década del 40 y comenzando los años 50, el feminismo en Cuba y en muchos lugares del mundo dejó de ser un suceso para convertirse en una realidad inmersa en muchas otras madejas. La II Guerra Mundial había finalizado y con ella la “vuelta a casa para la mujer”. Esta idea se generalizó y comenzó a venderse un modo de vida a la americana: la “ama de casa” se glorifica. Las más de 800 asociaciones feministas y femeninas del país se habían ramificado hacia problemáticas diferentes.[22]

Terminaba así la época gloriosa del feminismo liberal y del Club Femenino de Cuba organizando los dos primeros congresos, y de la Izquierda Femenina, que buscaban su espacio de poder.

Acción política femenina: ¿una nueva variante de lucha?

El golpe de estado del general Fulgencio Batista en 1952, abrió otra etapa de confrontación para la mujer cubana. Esta vez se llamó al sacrificio de la madre, esposa e hija como en las guerras de independencia del siglo XIX. No se trató de una lucha por sus exigencias de género, sino a favor de la “utopía revolucionaria”. Viejas luchadoras de los años 30 y muchas jóvenes de los 50 se integraron a grupos revolucionarios mixtos como el Directorio Revolucionario, la Federación de Estudiantes Universitarios, el Movimiento 26 de Julio y el Movimiento Nacional Revolucionario. No obstante, la mujer en estos grupos se hizo muchas veces anónima al no ocupar cargos dirigentes. Sólo fuertes individualidades como Haydee Santamaría, Melba Hernández, Vilma Espín, Celia Sánchez, Elvira Díaz Vallina y Zaida Trimiño, entre otras, se salvaron de una posterior invisibilidad.

Existieron pocas organizaciones revolucionarias femeninas surgidas en el período de 1952 a 1958. Las dos con mayor trayectoria reconocida fueron el Frente Cívico de Mujeres Martianas [23] y Mujeres Oposicionistas Unidas [24]. Ambas organizaciones no tuvieron en su programa ninguna petición específica para la mujer pues su prioridad fundamental era el derrocamiento de la dictadura batistiana.

El Frente Cívico, de heterogénea conformación, estuvo liderado por conocidas figuras femeninas como Carmen Castro Porta, Aida Pelayo, Olga Román, Rosita Mier, Maruja Iglesias y Naty Revuelta; quienes utilizaron el ideario martiano como parlamento político y se hicieron presentes en gran parte de las acciones revolucionarias de la década, cuestión por la cual Fidel Castro les propuso convertirse en la organización femenina del Movimiento 26 de Julio, en una misiva en septiembre de 1955. [25] Las Mujeres Oposicionistas Unidas aglutinaron en sus filas a conocidas miembras del Partido Socialista Popular como Clementina Serra, Esther Noriega, Zoila Lapique y Nila Ortega y fue presidida por Martha Fraide. La presencia tan evidente de mujeres de izquierda, unido a otras pugnas, trajo consigo el rechazo de algunos sectores femeninos y del propio Frente Cívico.

La participación de las mujeres en la acción política que culminó con la revolución de 1959, incluyó su incorporación al Ejército Rebelde. El 4 de septiembre de 1958 se fundó un pelotón militar femenino en la Sierra Maestra con el nombre de una heroína, “Mariana Grajales”, que incorporó a la oficialidad insurgente a mujeres como Isabel Rielo y Teté Puebla, quienes lideraron a las “marianas” [26] hasta el triunfo revolucionario. Una vez alcanzado dicho triunfo, las mujeres cubanas tenían un movimiento de organizaciones femeninas de más de 920 asociaciones [27].

El proyecto revolucionario necesitó de la unidad de todos los sectores en organizaciones monolíticas y para el sector femenino esto fructificó en la Federación de Mujeres Cubanas, organización que ha representado por más de tres décadas a la masa femenina del país.[28]



CITAS Y NOTAS:



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[1] En conversaciones y debates con historiadores que han abordado la investigación de estos primeros siglos de la Historia de Cuba, se nos ha planteado la existencia de documentos que involucran a mujeres en administración de haciendas, demandas judiciales y litigios de herencias. Los estudiosos (as) de la temática en Europa han reevaluado las lecturas de las fuentes medievales y sobre el trabajo femenino en el antiguo régimen de Francia. Más información en “La Historia de las Mujeres en Europa. Revisión teórica y metodológica”, en Arenal. Revista de Historia de las Mujeres. Vol.1. No.1, enero-junio, 1994.

[2] En el período 1860-1899 surgen publicaciones femeninas como el Álbum Cubano de lo Bueno y de lo Bello, el Álbum de las Damas, Las Hijas de Eva, La Mulata, Minerva, etc. También existen en esta misma época alrededor de 40 colaboradoras con publicaciones oficiales como el Diario de la Marina, El Fígaro, y con publicaciones independentistas como El Cubano Libre y Patria.

[3] Los libros de texto de la enseñanza de Historia de Cuba le han restado importancia al feminismo cubano. En dos de ellos: La República, de Julio Le Riverend, y Documentos para la Historia de Cuba, de Hortensia Pichardo, podemos constatar la poca relevancia que se le ha brindado al tema. Le Riverend sintetiza todo este accionar en un párrafo: “... el movimiento femenino, que entonces debido a circunstancias históricas, se llamó feminista...”. Véase: Le Riverend, Julio. La República. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. 1973, p. 214. De otro lado, Hortensia Pichardo en su abarcadora obra sólo dedica a las feministas tres documentos de un total de 363 recogidos en cuatro tomos. Véase: Pichardo, Hortensia. Documentos para la Historia de Cuba. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1973. t. II y III.
En uno de los estudios más recientes editados en Cuba del historiador Jorge Ibarra, el problema femenino sigue abordándose sólo desde el punto de vista de la marginación social, excluyendo casi en su totalidad el papel activo de las militantes feministas en la etapa republicana. Véase: Ibarra Cuesta, Jorge. Cuba: 1898-1958. Estructura y procesos sociales. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. 1995, pp.158-165.

[4] La investigadora Raquel Vinat de la Mata está desarrollando un proyecto de investigación sobre la etapa de 1868 a 1898 que tiene ya resultados parciales que aportan una nueva visión sobre mujeres que no fueron mambisas (término con el que se denominaba a las insurgentes). Véase: Vinat de La Mata, Raquel. La Mujer Cubana de 1895 – 1898. Discusión de trabajo del año 1996. 18 de febrero de 1997. Instituto de Historia de Cuba. (Inédito).

[5] El colegio de María Luisa Dolz se convirtió en el primer instituto de segunda enseñanza de Cuba en el año 1885, esto repercutió de forma favorable en la posterior entrada de mujeres en la Universidad. El importante diario El País saludó el inicio de una nueva época educacional para la mujer: "Es la era donde se comenzará a abrir las puertas de Academias y Universidades y la mujer dejará de ser víctima de la ignorancia". Siete mujeres cubanas obtuvieron su título universitario en las dos últimas décadas del siglo XIX: Asunción Menéndez, María Pimentel y Mercedes Rivas Pinos en Farmacia; Digna América del Sol en Ciencias Naturales y Farmacia; Francisca Rojas y Sabater en Derecho Civil y Canónico; Laura Mestre y Carvajal en Medicina y Ciencias Naturales; María Luisa Dolz en Ciencias Físico Naturales. Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Fuera de Caja 68, folio 96.

[6] Este poema aparece en un análisis general sobre la emigración patriótica femenina cubana. Para una información más ampliada véase Estrade, Paul. "Los clubes femeninos en el Partido Revolucionario Cubano (1892-1898)". En: Anuario del Centro de Estudios Martianos. La Habana. No. 10, 1987, p.191.

[7] El discurso circuló en forma de folleto y fue enviado por la Dolz a figuras interesadas en el tema femenino. Véase: Prólogo de Fernando Portuondo a Maria Luisa Dolz. En: La liberación de la mujer cubana por la educación. Municipio de La Habana: Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, 1955, p.15.
Agradezco a la Lic. Dania de la Cruz, investigadora del Archivo Nacional de Cuba, por llamar mi atención sobre la personalidad de María Luisa Dolz, además de obsequiarme una compilación bibliográfica de esta figura. Véase: Cruz Martínez, Dania de la y Marcos D. Arriaga. María Luisa Dolz. Documentos para el estudio de su labor pedagógica y social. La Habana: Editorial Academia, 1990.

[8] El discurso fue reseñado por el Diario de la Marina, El País, El Fígaro, El Eco de Galicia, La Gimnástica, Las Avispas, La Lucha, Revista Blanca, La Discusión, Diario de la Familia, Crónica Habanera y otras nueve publicaciones. Véase: Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Leg. 428, exp 3a.

[9] Las reflexiones sobre feminismo formaron parte de una extensa bibliografía de Enrique José Varona sobre el tema, centro de muchos de sus debates. Véase: Varona, Enrique José El movimiento feminista en Cuba. Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones. Leg. 428, exp. 3a.

[10] Para un comentario sobre la organización del sufragismo en Cuba, véase: González, Julio César. El voto femenino en Cuba. Presentado en el evento “Mujeres en los umbrales del siglo XXI”, Universidad de La Habana, noviembre de 1995 y de próxima publicación en una monografía.

[11] Una comparación lógica por temáticas, año y sexo de esta bibliografía se puede obtener al analizar las compilaciones que existen sobre mujeres en Cuba. Véase: Cruz Martínez, Dania de la. Movimiento femenino cubano. La Habana: Editora Política, 1980 y Fernández Robaina, Tomás. Bibliografía de la mujer cubana. La Habana: Biblioteca Nacional "José Martí", 1985.

[12] Las observaciones sobre nacionalismo e instrucción pública las he obtenido gracias a la sistemática colaboración de la profesora universitaria Marial Iglesias, autora de un trabajo en curso sobre estas problemáticas. Véase: Iglesias, Marial. El nacionalismo en Cuba. 1895-1908. Presentado en el curso taller “Las ciencias sociales a debate”, Universidad de La Habana, enero 1997. (En prensa).

[13] Para una visión general de la situación educacional de la mujer en Cuba en la primera década del siglo XX, véanse los capítulos VII y VIII de Caraballo Sotolongo, F. Mujeres ¡a las urnas!. La Habana: Librería Cervantes, 1918, pp.173-216.

[14] En la actualidad se trabaja en un ordenamiento de las agrupaciones femeninas del Registro de Asociaciones del Archivo Nacional de Cuba. Véase: Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Registro de Asociaciones. Leg. 346, exp. 11 299; leg.300, exp.8 677; leg. 400, exp. 11 886; leg. 305, exp. 8 882. Agradezco la colaboración de la especialista del Laboratorio de Automatización del Archivo Nacional de Cuba, Enma Rita Gutiérrez, por la ayuda para la revisión automatizada del fondo Registro de Asociaciones.

[15] Estas reflexiones forman parte de la investigación del autor publicada con el titulo de En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. La Habana. Editorial Ciencias Sociales.2003.

[16] Pichardo, Hortensia. "Liberación de la mujer." I y II. En: Documentos para la Historia de Cuba. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1973, tomo II, pp. 411-416.

[17] Un amplio estudio sobre esta organización no lo he podido encontrar. A los interesados en dicho Club, recomiendo ver los fondos que existen en el Centro de Información de la Federación de Mujeres Cubanas y en el Archivo Nacional de Cuba, Fondo: Registro de Asociaciones. Leg 299, exp.8 644.

[18] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Registro de Asociaciones. Leg. 299, exp. 8 644.
[19] Ibid.

[20] Ob. cit (9).

[21] "La Constitución de 1940 es un camino y no una meta". En: Pichardo, Hortensia. Ob. cit, t. IV, segunda parte, pp. 327-418. Acerca del progreso democrático en Cuba en las cuatro primeras décadas, véase: Funes, Reinaldo. Cuba, República y Democracia. 1901-1940. La Habana, 1995. (En prensa).

[22] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Registro de Asociaciones. Leg. 299, exp. 8 697. Véase el ordenamiento preliminar de agrupaciones de mujeres en el Laboratorio de Automatización del A.N.C.

[23] Como parte del trabajo de tesis de licenciatura, tuve la oportunidad de entrevistar a muchas de las miembras de esta organización, quienes me fueron presentadas por Texidor Savigne, autor de un libro de historia de mujeres con historia (sin editar). Véase: Castro Porta, Carmen, Aída Pelayo y otras. La lección del maestro. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1990. También se puede consultar: González, Julio César. La lucha revolucionaria de la mujer cubana. Tesis de Licenciatura, 1991. Biblioteca de la Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana.

[24] González, Julio César. “Creación de Mujeres Oposicionistas Unidas”. En: La República Femenina. La Habana: 1993, pp. 47-49. (Aprobada su publicación por la Editorial Abril).

[25] Ibídem. p. 46.

[26] Ibídem. pp.78-89.

[27] Ídem. (22).

[28] La Federación de Mujeres Cubanas (F.M.C), en enero de 1961, en pleno proceso de estructuración, sumó la cifra de 17 000 miembras y aumentó de forma considerable en 1962 hasta 239 342 "federadas", término con el que se empezó a denominar a las integrantes de la única organización de mujeres del país. Esta agrupación quiso romper con el anterior feminismo "capitalista" tratando de "forjar una mujer nueva, la mujer de la sociedad socialista". Véase: Espín Guillois, Vilma. "Informe Central del Primer Congreso de La Federación de Mujeres Cubanas". En: Informes Centrales de los Congresos de la F.M.C. La Habana: Imprenta Central de las F.A.R., 1990, pp.11. Desde la década del 60, ser feminista se asoció al sistema capitalista, lo que trajo un menosprecio por el término que ha llegado hasta la actualidad.

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