miércoles, 15 de diciembre de 2010

PILAR Y LOS DERECHOS DE LA MUJER CUBANA

Por Dianelys del Pino Zayas.
Estudiante de 4to. Año de Lic
en Historia, Universidad de La Habana

Una de las situaciones más aquejantes de la sociedad cubana la poseían las mujeres. Era difícil, dada la realidad que imponía los inicios del siglo XX, vivir relegada a la esfera doméstica por la división del trabajo entre los sexos al tiempo que se desarrollaba una poderosísima ideología que aún determinaba la imagen de la mujer y su papel en la vida social. Era además, la encargada de la educación de lo hijos para limitar su participación en el ámbito público. La mujer de este tiempo estaba sumida bajo un esquema conservador y tradicionalista que no la dejaba hacer vida social, a no ser en los marcos en que la sociedad se lo permitía. No tenía ni derecho al voto, ni a la opinión; era, a su vez, utilizada como un objeto sexual, y caracterizada como santa o puta.

Para cambiar esta situación, irrumpió en el mundo político, en busca de la obtención de importantes reclamos por la defensa de la mujer y sus derechos, Pilar Jorge de Tellas. En aquella República fervorosa de anhelos de madres y hermanas, creó en 1918, el Club Femenino de Cuba. Comenzó de esta manera su lucha por los derechos de la mujer cubana, siendo esto un paso significativo para las aspiraciones de crear otras organizaciones revolucionarias con iguales fines, junto a un grupo heterogéneo que estaba integrado por periodistas, intelectuales, abogadas, maestras, etc.
Así, en mayo de 1921, intervino en el Proyecto de Ley que presentara Vicente Pardo Suárez a la Cámara de Representantes, tendiente a proteger a la mujer que trabajaba, que recogía demandas como las 8 horas de jornada laboral, el salario mínimo, el empleo de 50% de mujeres en industrias y comercios. También se declaró a favor del Seguro de Maternidad, el descanso pre y post natal retribuido y el tiempo para la lactancia del hijo; se alzó además por la comodidad de la mujer después de dar a luz, para que trabajara sin preocupación y no perdiera el empleo, creando Salas-Cunas en talleres y establecimientos.

En este sentido, por su labor en asistir a la mujer en cuanto al progreso, es válido aclarar, que antes no se había alcanzado no más que el coqueteo con las demandas femeninas, sin tomarlas en cuentas, y para revertir esto Pilar se convirtió en la Animadora del Curso de Cívica Superior y Derecho Social, cuya campaña estuvo dada para las mujeres de casas humildes y a las que se le suministraron principios de higiene, economía doméstica, moral y cívica.

A su vez, Pilar fue una excelente mujer, abnegada en su trabajo e incansable en favor de las penadas. De ahí, que luchó arduamente para lograr el traslado del Reclusorio a Guanabacoa e independizarlo de los hombres, y mejorarlo con las donaciones de camas, ropas, vajillas y el aula de Instrucción Penaria de que carecían. La Ley de la Silla, fue otra de las medidas que tomó a favor de las condiciones de trabajo de la mujer, la cual permitió a las empleadas que trabajaban 6 horas, dispusieran de la silla para cuando no fuera necesario permanecer de pie.
El Club Femenino de Cuba, creó la primera institución formadora de niñeras que funcionó en todo el país, mostrando cuánto pesaban los prejuicios y convencionalismos sociales en la mente de muchas mujeres cubanas. En el Club Femenino de Cuba, Pilar jugó un papel muy importante, mostrando mediante sus discursos la necesidad y las mejoras que traería la inserción de la mujer en la lucha por eliminar el régimen de exclusión, sin perder el punto esencial que era la defensa de la mujer cubana, enfrentándose a periódicos que atacaban a la institución.

En uno de sus discursos del año 1921 a las miembros del club, les expuso las intenciones de ese club, agregando no apartarse de la ruta trazada desde su fundación y que nada ni nadie lo cambiaría; en cambio, añadió que su disolución mostraría la incapacidad de la mujer cubana a plantearse y luchar por mejorar, mostrando así la necesidad de la unión para lograr sus objetivos. También expresó sobre el Club Femenino que:
“(…) había sido creado sólo para la mujer y por ella, para una mayor cultura y consolidación para su sexo. Tendiente a moralizar el ambiente femenino, a ilustrarla en sus deberes cívicos de ciudadana, enseñada a cumplir sus deberes para con la patria, igual que se le enseñaba a cumplir los de hija, esposa, madre y otra para obtener el sufragio femenino, el Club Femenino de Cuba sin rechazar la segunda dará en eso momentos preferencia a la primera por considerarla más urgente, más dentro de la índole de su objetivo y deja la segunda a las Asociaciones en ese fin”. (JORGE, 1921)

En otro de sus discursos en la Asamblea Nacional de Veteranos y Patriotas, dejaba bien claro cuáles eran las preferencias y la ideología de aquellas mujeres que la apoyaban en las diferentes actividades encaminadas a alcanzar las innumerables libertades que les era necesario a la mujer, agregando además, que al igual que a ella, muchas de las que luchaban no les interesaba pasar trabajo, estar en peligro, prefiriendo siempre sacrificarse por la patria contra el régimen, al igual que lo hacen por la mujer. Asimismo, que ellas acuden también al llamado consciente, demostrándole al mundo entero que con las mujeres se puede contar para librar al país de situaciones que adolecen al pueblo porque de la misma manera lo hacían para el mejoramiento de la mujer, que es la finalidad de la institución creada con el nombre de Club Femenino de Cuba, para obtener más consideración, más respeto, más igualdad dentro del régimen social, haciendo menos dolorosa la situación de la mujer (cobraban menos que los hombres), y del niño.

Pilar no se limitó a luchar por el sufragio y otras necesidades económicas y sociales, sino que se interesó por la cultura de las más desposeídas, reclamándole a la Junta de Educación escuelas nocturnas para obreras. Debido a las energías puestas para lograrlo, la Junta de Educación acogió la petición, y se fundó una escuela en 1918, en la calle Soledad (La Habana), la que resultó ser insuficiente en cuanto a las aulas debido al grado alto de analfabetismo y la baja escolaridad que padecían estas mujeres, en parte por el hecho de trabajar a temprana edad por la deficiente alimentación; por lo que con este acceso no se dejó pasar la oportunidad de mejorar e instruirse en las horas de descanso, para dejar de ser explotada y abusada por patronos sin conciencia, los cuales labraban su fortuna a costa de la legión de jovencitas que por sus necesidades era víctimas de los dueños de empleos. Conjuntamente con la protección de la mujer, de Tellas se dedicó a la protección de la niñez, proporcionándoles escuelas, con el objetivo de hacerlos ciudadanos/as útiles a su hogar y a su patria.

Para lograr una eficacia cada vez mayor a nivel nacional, creó la Gota de Lucha en 1921, la cual propició la fundación de la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas, dado el interés de lograr una mayor consistencia de lo que se hacía y se iba logrando. El principal objetivo de esta, era fomentar la unidad entre las asociaciones femeninas, tratando de alcanzar la afinidad de aspiraciones, también querían una mayor participación en los Congresos Internacionales Femeninos. Esta federación la llegaron a componer 5 asociaciones, cuya presidencia fue ocupada por Pilar Morlón: Club Femenino de Cuba, Congreso Nacional de Madres, Asociaciones de Católicas Cubanas, Asociación Nacional de Enfermos y el Comité de la Creché Habana Nueva.

El discurso era diferente a lo que los hombres acostumbraban, sin dejar la maternidad y sus roles maritales y maternales a un lado. Por esta razón, Pilar brilló con gran intensidad en los Congresos Nacionales de Mujeres, celebrados en 1923 y 1925, donde planteó en sus intervenciones la necesidad de preservación que tenía en aquel entonces la mujer y el hombre de los males de las enfermedades. Planteaba además, la condición del hombre, hallándose con mayores ventajas que la mujer para su autodeterminación. Mientras que la mujer estaba constantemente sometida por su falta de preparación a un antiguo vasallaje, hallándose limitada en sus horizontes de progreso, tanto intelectual como de vida, siendo prisionera de la educación hogareña, por lo que a veces era impulsada a la prostitución, a buscar de esa manera lo que se le prohibía en la sociedad y como derecho. La moral alta era lo que salvaría a las mujeres según Pilar, ya que disminuirían las enfermedades que tanto afectaban a la mujer a través del hombre, cuyo castigo recaería sobre los hijos. Aboga también por el respeto al niño, aspecto muy importante para toda mujer.

El sufragio femenino no escapó de sus discursos, ya que lo veía como una vital necesidad para elevar no solo la cultura de la mujer y las condiciones de vida, sino un desarrollo mayor a la sociedad; caracterizándose a su vez, en sus discursos, como mujeres bravas, combativas contra algunos males como el alcoholismo, cuidadora y protectora de la enseñanza, trabajadora por la paz y la colectividad para su mejoramiento. Este sufragio que defendió es la libertad de determinación y de protección a sí misma y a la sociedad, ya que se lucha por una patria mejor y más justa. Por esta misma razón, este movimiento de reformas sociales, sentó las bases para la lucha organizada del sector femenino y sus demandas. Las feministas y sufragistas “por naturaleza”, estaban lideradas además de Pilar Jorge de Tellas por Emma López, Hortensia Lamar de Monte, Dulce Ma. Borrero, etc.

Pilar no se limitó solamente a los aspectos señalados anteriormente, sino que también combatió las drogas y la prostitución, luchó por el proteccionismo a la infancia, por modificar la enseñanza en general, recabar la atención a la eugenesia y a la pluricultura. De igual forma planteó el derecho de la mujer a tener la Patria Potestad de los hijos y del divorcio si la vida marital no le funcionaba, y la defensa de la igualdad de condiciones para los hijos ilegítimos.

Ya para 1928, se creó la Alianza Nacional Feminista, apoyando a las otras ya creadas con anterioridad en la lucha por las causas de la mujer cubana. En la década de los años treinta colaboró con el Directorio Estudiantil Universitario para luchar contra el régimen de Machado, por lo que sufrió prisión en 2 ocasiones en la Cárcel de Mujeres de Guanabacoa, junto a oposicionistas de la alta intelectualidad cubana como: Teté Moré de Sáez Solís, Zoila Mulet, Lulú Durand.

Pilar como mujer intrépida y versátil, fue vocal de la Junta de Patronos de la Casa de Beneficencia y Maternidad, proponiendo que las asiladas de edad escolar asistieran a las Escuelas Públicas del Estado, Institutos y Escuelas Vocacionales. Aunque el proyecto no fue comprendido, fue una propuesta que alentó a muchas de ellas. Su voz también se hizo escuchar a nivel internacional, por la defensa de las mujeres, siendo para esto Técnica y Delegada Gubernamental ante la Comisión del Trabajo de Mujeres y Menores, además, fue Ponente de esta Comisión en la Segunda Conferencia Internacional del Trabajo de Estados Unidos de América , celebrada en La Habana.

Como miembro de la Delegación Salud y Maternidad de La Habana, tomó parte en la regulación funcional de Cajas de Maternidad, en apoyo de la niñez y de la mujer embarazada, cuidándoles su trabajo mediante leyes. Además como Jefa del Negociado de Trabajo de Mujeres y Menores del Ministerio de Trabajo, puso todas sus energías al progreso de la mujer a nivel nacional y propuso medidas para la mejoría en cuanto al desenvolvimiento en el empleo.

Toda la vida de Pila Jorge de Tellas estuvo llena de luchas y sacrificios, es por eso que el presente trabajo es un recordatorio a esta polifacética mujer. Además es una forma de agradecer todos sus esfuerzos por ayudar a la causa femenina en todas las esferas de su vida, porque gracias a ella todas tenemos oportunidades de ocupar puestos importantes, ser independientes al hombre y desdoblarnos por nosotras mismas, obteniendo a su vez significativos logros en los diferentes espacios en que nos encontremos.

Para concluir les quisiera agradecer a todos los que hicieron posible este trabajo, brindándome una excelente atención como lo hizo el personal de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en especial Iliana Báez, de igual manera la biblioteca de la facultad de Filosofía-Historia y Sociología. Muchas gracias además, al Centro de Estudio de la Mujer por su excelente atención, sobre todo a la bibliotecaria Margarita, por su esfuerzo y paciencia conmigo. Dentro de estos agradecimientos me gustaría mencionar a mis vecinas Susel y Niurka, ya que sin ellas este trabajo no se hubiese realizado. Un agradecimiento muy especial a mi tío Enrique, que por último no es menos importante, ya que me ha ayudado con todo el trabajo dándome idea.

BIBLIOGRAFÍA

FEDERACIÓN NACIONAL DE ASOCIACIONES FEMENINAS. Primer Congreso Nacional de Mujeres. La Habana, 1923
FEDERACIÓN NACIONAL DE ASOCIACIONES FEMENINAS. Segundo Congreso Nacional de Mujeres. La Habana, 1925
GÓMEZ CARBONELL, María. Síntesis bibliográfica y de actividades revolucionarias. La Habana, Expediente-242
GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César y TUR BROCHE, Leonardo. Federación Nacional de Asociaciones Femeninas y el Club Femenino: Primer intento de unificación en Cuba. Disponible en: (http://masculinidadesencuba.blogspot.com). Acceso en: 10 de nov. 2009
GUILLAUME, Rosario y PASCUAL, Sara. Segundo Congreso Nacional Femenino: Declaraciones y Hechos. La Habana, 1926
JORGE DE TELLAS, Pilar. Discursos en el Club Femenino. La Habana, 1921
------------------------- Discurso en la Asamblea Nacional de Veteranos y Patriotas: Por la Regeneración de Cuba
------------------------- Actividades revolucionarias. La Habana, 1925
LÓPEZ, Marlon y DÍAZ, Jorge. Periódico Hoy. En: Primero y Segundo Congreso Nacional de Mujeres. La Habana: 1925
PRUNA B., Yadira. La mujer en la sociedad cubana (1923-1935). La Habana: Editorial Ciencias Sociales, s/a

“Sin derecho a tener historia: el mundo de la prostitución en los primeros años de República”

Por Dayana Romero Benavides.
Estudiante de 4to. Año de Lic.
en Historia,
Universidad de La Habana

Introducción

El tema de la prostitución siempre ha sido y sigue siendo algo polémico, hablar abiertamente de ello hace un par de siglos te podía llevar a prisión, y actualmente, si conversamos sobre el tema, no podemos evitar bajar la voz e incluso sonrojarnos, como si no fuese una práctica común y altamente numerosa en la sociedad.
Muchas prostitutas han jugado importantes roles en la historia de la humanidad, ¿no lo era María Magdalena? Lo fue también Madame Bobary, concubina del rey Luís XV de Francia, y tuvo gran influencia en él y en el destino de su país, solo por citar algunas. Y nuestro país no es menos.

Ligados a nuestra historia tenemos numerosos personajes relacionados con el mundo de la prostitución, ¿qué cubano no ha oído siquiera mencionar a Alberto Yarini? El más famoso chulo que ha tenido Cuba, pero que era a su vez representante y portavoz del Partido Conservador, y provenía de unas de las familias más influyentes de La Habana. Pero actualmente nos seguimos empeñando en intentar ocultar ese pasado “bochornoso”, y silenciarles a personas pasadas y presentes que desean contar una historia.

Respecto a esto no puedo evitar mencionar una anécdota reciente, de cuando estaba realizando esta investigación. En el Centro de Investigación de la Mujer (donde tienen un fondo documental y bibliográfico importantísimo, y donde su bibliotecaria es una excelente trabajadora y persona) pedí un libro acerca del Primer Congreso de Mujeres de Cuba, y la bibliotecaria me lo trajo muy dispuesta. Más tarde le pregunté si tenía algún libro o documento sobre “La Bella Chelito”, “La Macorina”, o sobre otras prostitutas. No pudo disimular el disgusto y se limitó a contestar: “Aquí no tenemos nada sobre esas personas”. Esto nos ofrece la medida de que a estas mujeres no solo se les censura su profesión, sino que también su historia.
En fin, este trabajo está dedicado a todas esas mujeres sin historia, y en honor a una leyenda.

Desde su origen, en tiempos en que las jóvenes se ofrecían a los dioses por intermedio de los sacerdotes para obtener favores divinos, la prostitución ha estado regida, directa a o indirectamente por condiciones económicas que escapan a la voluntad o al deseo de los seres humanos. Nuestro país no está exento de estas prácticas. Este es un hecho que nos ubica en que hoy el dos o el tres por ciento de las mujeres trabajadoras de todo el mundo, se dedican al oficio “más antiguo”, obligadas por el desempleo, el hambre endémica, las migraciones, las pocas posibilidades de desarrollo, la escasas o nula educación, el predominio del patriarcado, la violencia doméstica que las devalúa ante sus propios ojos, la soledad, entre otras causas.

Lamentablemente, actualmente en nuestro país, la mayoría de los jóvenes que se prostituyen (o que “jinetean”, término más “cubano”) no lo hacen lanzados por la pobreza extrema, sino que básicamente lo que los impulsa ha sido la opción de ganar, sin demasiado esfuerzo físico, lo que sustentaría sus modelos de felicidad: una moneda de alto poder adquisitivo en el bolsillo, ropas y zapatos de moda, joyas, cosméticos, comidas, artículos electrodomésticos, paseos, estancias en hoteles y playas, y en no desdeñable medida, la posibilidad de casarse con un extranjero e irse del país. Pero, ello se escapa de la temporalidad que nos concierne en este trabajo.

Viajemos en el tiempo, situémonos en la Cuba, y más específicamente, en La Habana de los primeros años del pasado siglo. En 1899 ya se había oficializado el fin de la Guerra Necesaria por nuestra independencia y que a su vez, en su última etapa, había acontecido la intervención de los Estados Unidos en la misma y su posterior ocupación militar de la Isla.

Para ese entonces las condiciones de la vida material en Cuba podían considerarse desesperadas, especialmente en áreas rurales. La destrucción o abandono de las explotaciones agrícolas, así como el éxodo y la mortalidad entre la población rural resultaban las más señaladas características del campo cubano. Los cálculos arrojan un déficit poblacional de casi 400 000 personas en los años de guerra (1895-1898), que incluyen tanto las defunciones como los dejados de nacer en tan turbulento lapso.

La población masculina había mermado considerablemente, como consecuencia de la guerra, dejando detrás numerosas viudas, solteras desamparadas sin un cabezada familia que las mantuvieses, y en una situación económica paupérrima, y viéndose obligadas en su mayoría a emigrar a la capital en busca de alguna ocupación. Eran estas mujeres, en su mayoría analfabetas, sin saber hacer nada más que los oficios del hogar, y en situación desesperada. Si realizamos la ecuación: entrada masiva de extranjeros (por la intervención norteamericana) más, viudas y jóvenes solteras desamparadas, más, pobreza extrema, más, autoridad poco rigurosa, más, surgimiento y/o aumento del juego y de ilegalidades, el resultado indudablemente nos da igual a prostitución.

Era esta Habana una amalgama de tramas y subtramas que conformaban un universo singular, pleno de corrupciones e ilegalidades. Así, podía descubrirse en el Campo de Marte (hoy Parque de la Fraternidad) que la prostitución era legal, pues las meretrices estaban oficializadas y tenían un carné que les garantizaban la tranquilidad, y las que no tenías la manipulada cartilla compartían sus fondos con los policías de la zona. En aquellas oscuridades podían encontrarse vendedores ilícitos de drogas o de cualquier cosa, y la “impureza social” se ofertaba como algo trivial.

Pero la mayoría no entraban en ese mundo porque quisieran, a casi todas lo que les daba el impulso era ver a su familia muriéndose de hambre. Entonces, cuando se decidían, salían a buscarse un chulo que les comprara ropa y zapatos y que les pusiera a trabajar en una accesoria. Claro que éstos en su mayoría eran unos abusadores y les quitaba casi todo lo que ganaban, pero no tenían como meterse en el negocio si no era así.

Aquello no era nada fácil, pues tenían que meterse en la cama y complacer a hombres de todos tipos y figuras: blancos, negros, mulatos, chinos, gallegos o de donde fueran; limpios, sucios, a veces apestando a rayos, y no solo a aguardiente y a tabaco malo. Tenían que aguantar lo que viniera, porque sino el chulo les armaba “una buena” y hasta las golpeaban. Cuando podían los dejaban por otro, pero en el fondo era lo mismo, ya que todo el mundo las explotaba, no solo el chulo de turno, sino que hasta los médicos les sacaban un par de pesos cada vez que podían, sin contar a los policías, tan malos como los chulos.

La policía se lanzaba contra ellas por etapas. La acusación era siempre la misma: ofensa a la moral o por alteración del orden y escándalo en la vía pública. Nunca las acusaban de prostitutas. La ley no contemplaba el ejercicio de ese oficio como un delito; por tanto, no podían atacarlas por ahí. Si no les pagaban al policía de posta medio peso o una cajetilla de cigarros americanos, las llevaban presas. Los sábados, como era día de más movimiento en el negocio, tenían que pagar un peso.

Las formas de cazar a un “marchante” –posible cliente- no eran siempre iguales. En el bar, podían primero invitarlas a un trago, aunque también solían decirles simplemente: “Vamos a pasar un rato”. Les podían hacer una seña o mandar al cantinero que les sirviera una cerveza, o el recado para que la prostituta se le acercara. Otros no eran tan decididos, y ellas tenían que recurrir a las mejores sonrisas y decirles: “¿Me invitas a un trago? ¿Quieres pasar un rato bueno?”.
No era raro echar una partida de cubilete antes del encuentro. En las casas, sobre todo en la época en que había tela metálica en las ventanas y apenas se reconocían a las que estaban detrás, solían llamar la atención diciéndoles a los hombres toda clase de frases provocativas y sugerentes. Las “fleteras” (que andaban por las calles) también usaban frases parecidas; a veces atraían a los clientes mediante señas.

Este sistema se empleaba, de modo particular, cuando ellas se aventuraban por calles que no eran habituales para el negocio, o sea, que no estaban incluidas en zonas de tolerancia. Entonces guiñaban un ojo, o hacían un leve gesto con la cabeza, el puño cerrado o la lengua. También se insinuaban con preguntas o palabras de doble sentido. Otras, desde media cuadra de distancia, venían diciendo lo que eran, no sólo por el vestir descuidado y apretado en forma excesiva, sino porque llamaban en alta voz.

La entrada de franceses al país se incrementó en la época, convirtiéndose éstos en los chulos de más poder. Se les conocía como souteneurs o apaches, y con ellos trajeron a muchas francesas como mercancía para sus negocios. Eran estas francesas muy gustadas y preferidas por muchos, no solo por la palidez característica de su piel, ni por estar mejor vestidas y perfumadas, sino también por prácticas y técnicas más atrevidas que empleaban que a la mayoría de las cubanas les aborrecía.
En aquellas “sórdidas covachas” ocurría lo inconcebible en lo que a sexo se refiere, incluyendo perritos amaestrados utilizados por las fogueadas prostitutas francesas. Llegaba el hombre, y la mujer inquiría, a veces con palabras (“con perrito o sin perrito”), otras con habilidades conocidas de sobra, lo deseado: la forma habitual de cohabitación era la menos disfrutada, pues la mayoría de los asiduos preferían la novedad del sexo oral, que no se aventuraban a solicitar a las esposas. Así las francesas incorporaron además el sexo anal, desdeñado en las parejas matrimoniales por inmoral, pero que como innovación significaba un atractivo extraordinario para sus clientes. Las cubanas, durante un buen tiempo, no se ocupaban de esos juegos sexuales y se escandalizaban y escandalizaban a más no poder, agredían al hombre palangana en mano, mientras le gritaban que esa gimnasia podían irla a disfrutar con sus progenitoras.

Era en esa época la barriada de San Isidro la más popular zona de tolerancia. Era una trama de “inmundicias” y delincuencias, eran esas las “calles del vicio”, de todos los vicios. Por las calles Paula, San Isidro, Cuba, Habana, Compostela, Desamparados, etc.; las meretrices esperaban a sus clientes dentro de las accesorias y los hombres caminaban por la acera en busca de la preferida . La fama del barrio trascendían las fronteras del país, llegando a ser conocido en España, Francia y Estados Unidos.

Pero cuando se dice San Isidro, hay que hablar de Alberto Yarini. Con sombrero de castor carmelita oscuro y saco de dril blanco, pantalón a rayas, manejando con cuidados de orfebre el nuevo lazo en la corbata. Seleccionaba el color del chaleco, la leotina de oro, el pasador, el cinto, los zapatos, los mejores zapatos de glasé, los franceses de color avellana. Estudiaba con cuidado, a veces durante horas, su melena recortada, partida exquisitamente a la izquierda y con un mechón de pelo encrespado sobre la frente. Atrevido y soez como las caras esencias con que se perfumaba, hacía alarde de un arte especial para rendir a las mujeres y una mano muy dura para controlarles el dinero.

Hijo de Cirilo José Aniceto Yarini Ponce de León y de Juana Emilia Ponce de León, vio la luz Alberto Yarini Ponce de León, en 1882, quien, a pesar de su corta vida, se convertiría en una leyenda . Cuentan de él, quienes lo conocieron que fue un gran hombre, de los buenos, y muy buen amigo, de los que ayudan cuando más se les necesite, sin condición de ninguna clase, sin nada a cambio, a pesar de que era político, conservador. Él lo mismo hablaba con un negro, que con un chino, con cualquiera. Él era un rey. Y fue su reino de meretrices, de jugadores, chulos, ladrones; de criminales, estafadores, aduladores, vagos, matones. Fue su imperio de gente pobre: de carpinteros y estibadores, de albañiles y bodegueros, de marineros y panaderos, de lavanderas, cocineras y policías.

Este guayabito de apellidos célebres, el de palabra fácil, persuasiva, se convirtió de un solo paso en Presidente del Comité Conservador de San Isidro, con fuerza política en toda la zona de Belén. En su reino, Yarini se regodeaba por las calles saludando con gestos de caballero intachable, regalando monedas a los chiquillos y dando palmadas a los que lo adulaban y exaltaban, como a él degustaba. Era un hombre que debía cuidarse, porque sus rivales, los apaches foráneos, sabían ser implacables. El traficante de mujeres Louis Letot, Jean Petitjean, Ernest Laviere Paris, Quoerrier, Benedetti, Finet, entre otros, quienes andaban por el barrio con trajes de casimir, eran adversarios suspicaces y celosos del negocio, pero Yarini no tenía guardaespaldas.

Hacía tiempo que los problemas entre los chulos cubanos y los franceses se iban complicando cada vez más. No era que entre las prostitutas cubanas se estuviera despertando un sentimiento de nacionalismo, ni en especial un gusto por los cubanos en las francesas. Ya habían ocurrido broncas y navajazos entre ambos bandos. Era una guerra no muy silenciosa, que marchaba hacia líos mayores. Los franceses habían mantenido el control total de la trata de blancas. Cada cierto tiempo un francés viajaba a Francia en busca de mercancía fresca. Todo esto se hacía con la aprobación de las autoridades.

Sobre la muerte de Yarini se ha hablado más de lo que en verdad se ha escrito. Cada cual da su interpretación; se hace eco de los rumores que han llegado hasta nosotros. Se dice que se ha querido ver más de dos cosas en el asesinato, cuando en realidad todo se reduce a una fórmula muy simple: a Yarini lo mataron porque le quitó una mujer a un chulo francés. Pero, probablemente, ahí debió de haber otras razones. Cuando Letot (principal enemigo y rival del “guayabito”) regresó de Francia y se enteró de que Bertha Fontaine (conocida como la “Petit Bertha”, se dice que fue la más hermosa mujer de San Isidro) se le había ido con Yarini, declaró que había venido a Cuba a explotar mujeres, no a morir por ellas.

Letot era un hombre hábil, no se le podía pasar por alto que Yarini era el presidente de de los conservadores en el barrio. Pero los demás chulos franceses hicieron mucha presión para que Letot se enfrentara con Yarini. El 21 de noviembre de 1910, Alberto Yarini se levantó más temprano que de costumbre y fue al velorio de la madre de Domingo J. Valladares, Presidente del Comité Conservador del Barrio de Marte. Al regresar almorzó con sus mujeres, Celia, Elena y la Petit Bertha y durmió una pequeña siesta. Más tarde se dirigía hacia sus accesorias, ubicadas en Compostela y Habana. Al pasar Compostela se le une José Basterrechea (más conocido como Pepito, su más fiel e íntimo amigo ) y ambos cruzaron la calle y fueron a la accesoria número 59. Luego entraron en la 60, donde se encontraba Elena Morales, ambos entraron con ella y conversaron un momento. Ella se dirigió a la puerta, para ver qué pasaba en la calle, ya que se escuchaba un revuelo. Yarini salió detrás de ella, cuando vieron que Letot estaba de pie frente al acceso principal de la casa, por lo que la meretriz volvió a entrar rápidamente. Al ver a Yarini, y sin pronunciar ni una palabra ni darle tiempo a nada, el francés comenzó a disparar, a la vez que una lluvia de balas caía desde la acera de enfrente y de los tejados y azoteas, en los que se habían apostado otros ocho extranjeros. Yarini sacó su revólver, pero no le dio tiempo a usarlo. Detrás de él venía Pepito Basterrechea, con un revólver en la mano. Basterrechea, al darse cuenta de que agredían al amigo, hizo varios disparos sobre Letot, uno de los cuales hirió mortalmente al francés en el centro de la frente. Letot murió al instante, Yarini el día 22 a las diez y media de la noche en el hospital, no sin antes firmar una nota en la que se declaraba culpable de la muerte de Letot, y defendía la inocencia de Basterrechea. Fue ese uno de los entierros más concurridos de nuestra historia, en la que participaron, según se dice, decenas de miles de personas, de todas las clases, razas y posiciones .
Contra la prostitución se pronunciaron los medios de comunicación en innumerables ocasiones, de vez en vez un periodista la emprendía con las prostitutas, rehacían denuncias públicas, e incluso se decía por unos días que se iban a cerrar los barrios de tolerancia.

Pero una de las más reconocidas personalidades que se pronunciaron contra la prostitución fue Hortensia Lamar. Fue ella una de las más destacadas oradoras durante el Primer Congreso Nacional de Mujeres realizado en La Habana en 1923, quien fue como presidenta y representante del Club Femenino. A continuación citaré unos fragmentos de su discurso:

“(…) Sería prolijo un estudio o relación detallada de las causas determinantes y mantenedoras de la prostitución universal, hechos ya por distinguidos sociólogos. Solo mencionaré a grandes rasgos las más poderosas constantes; ellas son: la sórdida miseria de los parias de la sociedad que viven hacinados en horribles tugurios en los barrios bajos de las ciudades populosas, contaminándose unos a otros, y legando con la inconsciencia de bruto, en la bestialidad del instinto sin freno y sin alma, la modesta predisposición al vicio. Esa infancia con lacras hereditarias, crece y se desarrolla en un medio en que la bajeza, la grosería y la obscenidad son las normas de la vida. (…)
(…) Las mujeres que nos interesamos en la defensa del hogar, de la institución de la familia y en la salud y normal desarrollo de la raza, pedimos: como medida de profilaxis social, la clausura de todos los burdeles; pena de prisión de todo el que ejerza la prostitución, mujer u hombre, que tanta culpa tiene la que vende su cuerpo como el que lo compra; prisión correccional, que tenga tanto de clínica, como de escuela, en el campo, en contacto con la Naturaleza, tanto la de hombres como la de mujeres. Pedimos la clausura de las llamadas Academias o escuelitas de baile, que no son otra cosa que escuelas de corrupción de menores. Pedimos pena de prisión correccional para los padres que permitan a sus hijos frecuentar esas escuelas de vicio. Legislación penal para los traficantes de drogas heroicas y para los traficantes y explotadores de mujeres, en el asqueroso comercio. Estos son dos comercios que van íntimamente ligados. (…)
(…) Aquí también existe ese tráfico horrible, esa compra-venta de seres humanos, la criminal, repugnante trata de blancas con infelices e indefensas extranjeras traídas como mercancía, por lo cual se ha pagado en el lugar de origen el precio convenido al agente, y que luego aquí va subiendo de valor, según la calidad y la demanda que haya, y a veces sacada a subasta, después de la cual queda en poder del traficante que ha de explotarla, obteniendo todas las ganancias que su asqueroso comercio traiga del vicio. (…) El Club Femenino de Cuba, integrado por mujeres que han sentido una dulce e infinita compasión por esas pobres hermanas víctimas de la última y más abyecta de las esclavitudes; mujeres que tienen el firme propósito de continuar trabajando por el mejoramiento de la humanidad, empezando por la propia patria, han acordado fundar bajo los auspicios de la Institución referida una Liga contra la trata de blancas, de la prostitución y corrupción de menores. Con este fin haremos en breve un llamamiento a todas las clases sociales. (…)” (MEMORIAS, 1924)

Era esta, a grandes rasgos, la intervención de Hortensia Lamar. Fue este un discurso valiente y bastante osado para la época, pero que representa unas ideas bien claras.
Sin más, espero haber cubierto las expectativas. La prostitución es un oficio que, en mi opinión no dejará de existir, quizá desaparezca cuando el ser humano deje de mostrar interés por el sexo, lo cual imagino que estará ligado con el fin de la humanidad.

Bibliografía

CAÑIZARES, Dulcila. San Isidro 1910: Alberto Yarini y su época. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 2000
ELIZALDE, Rosa M. Flores desechables: ¿prostitución en Cuba? La Habana: Ed. Abril, 1996
Facetas de la vida de Cuba Republicana. La Habana: Oficina del Historiador de la Ciudad, 1954
FERNÁNDEZ R., Tomás. Historias de mujeres públicas. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1998
Memoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres. La Habana: Imprenta La Universal, 1924
ROIG de L., Emilio. Males y vicios de Cuba Republicana. La Habana: Ed. Oficina del Historiador, 1961

Tina Modotti

Por David Novo Curiel.
Estudiante de 4to. Año
de Lic. en Historia, Universidad de La Habana


Assunta Adelaida Luigia Modotti, nació en Italia en 1896 en Udine, una pequeña ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia, cercana a Trieste, el puerto del Mar Adriático. Su padre, Giuseppe Modotti, era de profesión mecánico y socialista radical con ideas revolucionarias, perteneciente, claro está, al Partido Socialista. y su madre, Assunta Mondini, estaba dedicada a las tareas del hogar.

De niña es llevada a Austria, con la intención de vivir en un ambiente político más libre; pero al no conseguirlo, tuvieron que regresar a Italia. Se educó en escuelas italianas y austriacas, pero debido a los escasos recursos económicos de su familia, a los 12 años se vio obligada a trabajar en una de las fábricas textiles de su ciudad natal.

Luego de un tiempo el padre y la hermana mayor de Tina emigran a Estados Unidos, atraídos por el ideal del "sueño americano". Mientras el padre trabajaba de obrero y la hermana en un taller de costura en California, como costurera en Italia, Tina se hacía cargo de la manutención de su madre y sus hermanos pequeños, viviendo en condiciones muy extremas, pero con un gran sentido de justicia e igualdad derivado de la postura política familiar.

Alrededor de los 17 años parte a Norteamérica, comienza a trabajar de costurera en Magnin's, pero gracias a su destacada belleza, pronto se transforma en modelo, incluso de sus propias confecciones. De sus características lo que más llamaba la atención era su frágil figura, el delicado rostro y la mirada triste. Pronto incursiona como actriz en el cine mudo. Por ese tiempo conoce a Roubaix de L'Abrie Richey, mejor conocido como Robo, quien al cabo de un tiempo, sería su esposo. Robo se desenvolvía en un gran ambiente bohemio, pues era pintor y poeta; constantemente organizaba reuniones en el patio de su casa, donde se tocaban temas como la revolución rusa, el amor libre, los convencionalismos, la moralidad y las aventuras de Pancho Villa.

Robo, al igual que muchos extranjeros alrededor de 1922, queda atrapado por la magia de los sitios exóticos y su cultura, por lo que decide viajar a México, donde desgraciadamente cae enfermo y muere de fiebre amarilla. Tina, quien se había quedado en Estados Unidos, no lo alcanza con vida.

Tina, con su atrayente tipo de femme fatale, se enamora de Edward Weston su marido los había presentado- mientras Robo permanecía en México. Tina, quien posaba tanto para su marido como para Weston, decide viajar a México acompañada de este último. Una vez establecidos, y envueltos por la multiplicidad de colores y ambientes, Tina descubre otra faceta de sí misma y abandona la melancolía y suavidad de Robo, por la explosión sensual y artística del fotógrafo.

Logra convencer a Weston para que la tome como discípula, y poco a poco va logrando una obra de gran calidad. El fotógrafo tenía ideas abstraccionistas muy avanzadas para su época y esta influencia es notoria en la obra de Tina. Weston regresa a Norteamérica y Tina, que ya se había codeado con el mundo cultural de la época, decide quedarse, sintiendo un gran compromiso con los indígenas, pues desde la primera vez que realizó un viaje al Istmo de Tehuantepec -junto a Diego Rivera, Frida y otros intelectuales de la época-, quedó maravillada.

Tina estaba en plenitud de su sexualidad, no se inhibía por su desnudez, a ella le gustaba juguetear desnuda; le molestaban las ataduras, los botones, los cinturones o cualquier prenda que le estorbara para moverse. Tenía una forma muy especial de caminar, de hablar, todo en ella era llamativo, y más para los mexicanos poco acostumbrados a una mujer con esas características. La mayoría de las mujeres del país ni pensarlo, ellas no podrían ser como Tina.

Tina se impresionó tanto con México que quiso plasmarlo en imágenes fotográficas como un homenaje, aunque no sólo captaba sus formas estéticas, sino que retrataba la visión de un país lleno de miseria e injusticia.

Conmovida por la explotación en la que vivía la clase trabajadora de la posrevolución mexicana, Tina se convierte en revolucionaria activista desde principios de los años veinte, desarrollando fuertes lazos con miembros del grupo de la Unión Mexicana de Artistas, entre los que se encuentran Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, Charlot, Orozco y Siqueiros.

En 1927 se afilió al Partido Comunista Mexicano y desde ese año hasta 1940 trabajó como editora colaboradora y fotógrafa de la revista Folklor Mexicano. Durante su estancia en México escandalizó a la mojigata sociedad de aquella época por ser una mujer que vivía bajo el mismo techo con un hombre que no era su marido ni su hermano, que salía a la calle después de las ocho de la noche y compartía la mesa en lugares públicos con varios varones; además de tener la costumbre de bañarse desnuda en la azotea de su casa cuando llovía.

En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzetti, con el cual comienza un romance y es considerado el amor de su vida, este joven estudiante cubano de fuertes ideales de izquierda, era el encargado de ayudar a sus compatriotas que huían de la isla.

Desafortunadamente Mella es asesinado en 1929. Para ese entonces, Tina ya había publicado en algunas revistas y periódicos de izquierda como la Revista de los Estridentistas, que a pesar de especializarse en literatura, coincidía con algunos principios de este movimiento artístico-, lo cual la vinculaba a esta postura política, indicio que llevó a culparla del asesinato del joven cubano.


Sin embargo, se le declara inocente poco después del crimen. Al año siguiente la acusan de haber tomado parte en el intento de asesinato de Pascual Ortiz Rubio, presidente de México, por lo que es expulsada del país. De allí salió acompañada del líder comunista Vittorio Vidali, rumbo a Alemania.


Continúa su trabajo en el exilio en Berlín, donde se hace miembro de la Unión de Fotógrafos de Prensa y publica sus imágenes en Der Arbeiter-Fotograf. Abandona la fotografía por el activismo político mientras se encuentra en Moscú entre 1931 y 1934 trabajando para la Cruz Roja Internacional de la URSS.


Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento. Cuando llegó, renunció a realizar una sola fotografía. Para ella no era compatible el arte con la violencia de los acontecimientos. Se sentía incapaz de retratar lo que veía y optó por la lucha armada. No obstante, Vidali, como dirigente de las Brigadas Internacionales, le ordenó cambiar las armas por el espionaje, ya que sus conocimientos de italiano eran muy beneficiosos dada la nacionalidad de las fuerzas que apoyaban a los franquistas. También colaboró en los hospitales con el Socorro Rojo. Tuvo que coincidir con Gerda Taro en Almería, pues a Modotti se le encargó el seguimiento de la tragedia en esa ciudad. Sus reportajes se publicaban en Ayuda, órgano de prensa del Socorro Rojo Internacional, y los firmaba con alguno de los pseudónimos que utilizó en España: María, Carmen Ruiz o Vera Martini.


Regresa a México en 1939, donde continúa su actividad política mediante la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi con un nombre falso; fotografió, trabajó y continuó su labor política hasta su muerte en 1942, debida a un ataque cardiaco.

En su lápida, ubicada en el panteón Dolores de la Ciudad de México se lee un verso de Pablo Neruda:
“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes;
Tal vez tu corazón oye crecer la rosa
De ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa”.

UNA MIRADA FEMENINA AL CUIDADO DE LA NATURALEZA

Por: Celia H. Martínez Prado.
Estudiante de 4to. Año de Lic.
en Historia, Universidad de La Habana.


El papel de la mujer cubana en la historia de nuestro país ha sido tratado en numerosos trabajos, sin embargo, la mayor parte de ellos recurren a las mismas figuras femeninas. De esta manera, observamos que en el siglo XIX el nombre por excelencia es el de la poetiza Gertrudis Gómez de Avellaneda; en las guerras de independencia lo son Ana Betancourt y Mariana Grajales; el período republicano presenta una escasez en este tema, salvo algunas excepciones donde se hace referencia a los Congresos Nacionales de Mujeres.

Igualmente recurrentes son los nombres de Celia Sánchez, Haydee Santamaría y Melba Hernández, esta vez en el periodo que comprende la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista.

Evidentemente, el papel de la mujer no ha sido lo suficientemente analizado y divulgado, por lo que se hace necesario realizar un análisis partiendo de la perspectiva de género y para ello resulta imprescindible el estudio de la década del veinte del siglo pasado, en la que se produce el ascenso de movimientos sociales y políticos, dentro de los que se encuentra el feminismo. En este contexto, las mujeres cubanas comenzaron a organizarse para reclamar sus derechos, aunque en sus demandas estuvieron incluidos también muchos de los problemas de la sociedad cubana de la época. Tienen lugar entonces, los Congresos Nacionales de Mujeres, como expresión de la lucha de este sector por alcanzar iguales derechos civiles que los hombres.

El presente trabajo pretende realizar un recorrido por los Congresos de Mujeres celebrados en La Habana en las primeras décadas del siglo XX, prestando especial interés al tratamiento dado al tema de la conservación de la naturaleza. Pretende además, establecer un primer acercamiento al movimiento ecofeminista a partir de sus principales postulados; así como demostrar que el interés femenino en el tema de la conservación durante los Congresos no puede incluirse dentro de este movimiento.

Las primeras conexiones entre el feminismo y la ecología que dieron origen al ecofeminismo se encuentran en las utopías literarias de las feministas de los años setenta. En ellas se define una sociedad en la que las mujeres viven sin opresión, con democracia interna y en la que prevalece el uso de tecnologías respetuosas con el medio ambiente. Fue Françoise d'Eaubonne (1) , en 1974, quien adoptó por primera vez el término de ecofeminismo para representar el potencial de las mujeres para encabezar una revolución ecológica que significara nuevas relaciones de género entre hombres y mujeres y una relación distinta entre los seres humanos y la naturaleza. Este ecofeminismo inicial ha evolucionado dando lugar a tendencias distintas, todas preocupadas e interesadas por el cambio de las relaciones entre las personas y el medio ambiente.

Ahora bien, de manera general el ecofeminismo plantea la existencia de una conexión entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, argumentando que la capacidad de gestación de la mujer permite una mayor identificación con la naturaleza y por ello propone objetivos comunes para el movimiento feminista y ecologista, planteando la necesidad de trabajar conjuntamente en la construcción de alternativas que reviertan tal situación.


El Primer Congreso Nacional de Mujeres sesionó en La Habana del primero al siete de abril de 1923, de esta forma, se abría un espacio para trazar las líneas a seguir por el movimiento femenino cubano, así como para propiciar la unidad entre las diferentes organizaciones que habían sido creadas con anterioridad. La participación en él quedó establecida a partir del cumplimiento de determinadas condiciones, así como con el compromiso de no emitir criterios desfavorables contra el feminismo. En sus palabras de apertura, la presidenta Pilar Morlón de Menéndez dio a conocer las aspiraciones generales del Congreso:

“Así, pues, el objeto de nuestro Congreso es doble: en primer término es un exponente del grado cultural de la cubana demostrando que, con haberla hecho copartícipe de los beneficios de la enseñanza, le han otorgado el derecho de aspirar a todas las sanas posibilidades y en segundo lugar servirá de exposición del pensamiento femenino respecto a los problemas que afectan al individuo, a la familia, al hogar y a la Patria.” (MEMORIAS, FMC)

En relación a la temática conservacionista, en este primer Congreso dos ponencias abordan el tema: una titulada “Amor y protección a los animales”, a cargo de Jeannette Ryder y la otra “Amor a las plantas y flores”, a cargo de Pilar Houston, ambas estadounidenses.(2) La presencia de dos trabajos que abordaran relativamente la misma temática me resultó muy interesante, si tenemos en cuenta el contenido del resto de los trabajos, orientados sobre todo a la lucha por el sufragio femenino y la reivindicación de una serie de derechos sociales que se hacían indispensables para la equiparación de la mujer con el hombre en la vida civil y política. Los trabajos hablan de la necesidad de fomentar en los niños el cuidado de los animales y el entorno que lo rodea; propiciar la siembra de árboles y exigir la limpieza en las plazas y parques públicos.

Finalizado el Congreso y dados a conocer sus principales acuerdos, los que abordan el tema de la protección al trabajo de la mujer, la equiparación de sus salarios con respecto a los hombres, la reforma penitenciaria y la legislación sobre el adulterio; en especial, el número seis está dedicado a “intensificar el amor a las plantas y los animales”. De esta manera quedaba suscrito el interés de las mujeres cubanas en el cuidado de la naturaleza.


Este Congreso Nacional de Mujeres fue el primero de su tipo en Cuba y América Latina, logrando movilizar a determinados sectores femeninos del país; puso de manifiesto el proceso de radicalización de la mujer frente a las leyes y las costumbres reaccionarias que la discriminaban y sirvió de reflejo a algunos de los males que afectaban al pueblo. Sin embargo, no puede pasarse por alto el hecho de que exigía reivindicaciones para la mujer al margen de la lucha contra el régimen que igualmente explotaba y discriminaba al país y que su carácter burgués le impedía abarcar las necesidades de la mujer cubana en general -dígase campesina, obrera.

El Segundo Congreso de Nacional de Mujeres se celebró en La Habana en el año 1925. Una de las peculiaridades que presentó fue la presencia de la mujer obrera trabajadora, ausente en la primera cita. Motivó el interés de los intelectuales y de la opinión pública en general. La prensa de la época concedió diariamente un espacio al comentario de las sesiones y temas que allí se debatían. Esta vez se prestó atención a algunos problemas sociales que no fueron discutidos en el Primer Congreso y que si bien no se les dio una solución definitiva, al menos fueron señalados y criticados. Aquí se incluyen, por ejemplo, la creación de gremios de las mujeres obreras para la defensa de sus intereses y la prohibición de anuncios que denigraran a la mujer. Se acordó además erigir un monumento a la mujer cubana participante en las guerras de independencia. En esta ocasión, no hubo ninguna ponencia que abordara el tema medioambiental.

Este Congreso culminó con una fuerte división al interior del movimiento femenino cubano, provocado por las diferencias de criterios en aspectos como el reconocimiento de iguales derechos entre los hijos legítimos e ilegítimos y la concesión del sufragio a partir de la asociación con algún partido político. Como consecuencia, las mujeres cubanas no volvieron a reunirse en Congreso hasta el año 1939.

El Tercer Congreso Nacional de Mujeres sesionó igualmente en La Habana. Su objetivo fundamental era agrupar a todas las mujeres de Cuba, sin exclusión de índole política, religiosa o racial, en la defensa de “los derechos de la mujer y el niño, la paz y el progreso de Cuba.” La labor del Congreso resultó amplia, profunda y sostenida. En las conclusiones, se exigieron, entre otros aspectos una reforma a la Carta Magna de la República; el respeto al derecho civil de la mujer; la realización de un Código de la Familia; la lucha contra la delincuencia femenina, encaminada hacia la solución del problema económico de la mujer joven; hacer que desaparecieran en los centros de reclusión el aspecto de sitios de castigo, convirtiéndolos en centros de readaptación de la mujer; luchar contra el proxenetismo y, finalmente, el rechazo a la pena de muerte. Una vez más, el tema de la conservación de la naturaleza no estuvo incluido.

Partiendo del análisis anterior, podemos concluir que la mayoría de los Congresos Nacionales de Mujeres adolecen del tratamiento al tema ecológico. Sólo en el primer encuentro de este tipo se hace referencia a esta temática, a partir de las ponencias de Pilar Houston y Jeannette Ryder. Esto responde, en mi opinión, al carácter clasista de los Congresos. Desde su perspectiva burguesa, la cuestión de la naturaleza y su cuidado no se torna fundamental para estas mujeres, ocupando el centro de sus debates el tema del sufragio femenino, el acceso a la vida política y la igualdad de derechos civiles con respecto a los hombres. Faltarían muchos años para que la mujer, en su lucha reivindicadora incluyera la cuestión ecológica como un intento más de cambio social y de denuncia.

NOTAS:

1-Escritora y profesora francesa pionera del movimiento feminista de los años setenta del siglo pasado.

2- Al congreso estuvieron invitadas asociaciones femeninas de otros países.


BIBLIOGRAFÍA

DOMÍNGUEZ, Ofelia. 50 años de una vida. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1971
EVANS, Sara. Nacidas para la libertad: historia de mujeres en Estados Unidos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1993
GÓMEZ-PASTRANA, Teresa María. El ecofeminismo: una opción real de Transformación social. Disponible en: http://www.rebelión.com. Acceso en: 5 de dic. 2004
GONZÁLEZ, Jorge F. Las luchas por el sufragio femenino bajo el régimen de Machado. 2007. Trabajo de Diploma-Facultad de Filosofía e Historia-Departamento de Historia, Universidad de La Habana, La Habana
GONZÁLEZ PAGÉS, Julio César. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
SUÁREZ F., Liane. La mujer cubana entre 1940-1952. 1996-1997. Trabajo de Diploma-Facultad de Filosofía e Historia-Departamento de Historia, Universidad de La Habana, La Habana

MUJER, QUÉ LUCE Y QUÉ ES

Por: Betty Rodríguez Quevedo.
Estudiante de 4to. Año de
Lic. en Historia,
Universidad de La Habana.

Que no se hable de veracidad en la mujer. "Muéstrate como eres” significa para la mujer casi lo contrario de lo que implica como imperativo para el hombre.
(NIETZSCHE, 1997)


Hablar de la mujer es siempre una cuestión delicada, sobre todo cuando el autor forma parte de ese complicado género. No se perseguirá aquí el objetivo de establecer verdades absolutas, puesto que ellas no existen, y al decir de Paolo Freire, implican la transformación del mundo. Se buscará aquí un modesto análisis sobre el tema en cuestión, argumentado sobre la base de obras literarias, películas y comentarios extraídos de diálogos con personas que no sabían, estaban siendo objeto de estudio

Desde Eva a la fecha la mujer ha sido tildada como el sexo débil, aquella figura cuyo rostro inspira delicadeza, dedicación, casi siempre por estar asociada a la maternidad. Pero, ¿qué pasa si Eva comió el fruto prohibido no por debilidad, sino por fortaleza? A fin de cuentas, siempre se ha visto al osado como al valiente, pues busca, más allá de todo, la plenitud. Mas el castigo de Dios ubicó a la hembra en posición desventajosa, haciéndole creer a sí misma que cargar con su error implicaría la sumisión.

La cultura ha moldeado a la mujer, ha dibujado el tipo de fémina y el esquema de vida que desea para la sociedad. Ella misma se ha adaptado a él y lo repite para posteriores generaciones. Es lo que ha estado bien hasta el momento, y ¿para qué salir de la línea?, si quienes no han sido las respetadas -y esa es una condición que vale para no ser la solterona, para tener un esposo aunque este busque precisamente a aquellas que “muestran los sexos como lepras arañadas por el hombre, cuando Dios le maldijo y le besó Lucifer” (GARBALOZA, 1922, p.45), -han navegado por el inframundo, señaladas como la escoria de toda sociedad.

Se presenta entonces la contraposición: sexualidad civil – sexualidad primitiva. ¿Quiénes son las honradas y quiénes las impuras? El viejo problema de las máscaras donde se trastocan los deseos. A la mujer “santa” le invaden las ansias de sentir sin pensar, de dejarse llevar por los instintos animales. Mas “el ascenso de lo instintivo amenaza (en su reprimida psiquis) con destruir el equilibrio de la institución matrimonial” (FOWLER, 1998, p.58). Piensa en que no es ella y si la otra la que puede desinhibirse y realizar los actos más prosaicos como símbolo de la degradación humana. Por favor, escuchar a Jorge Luis Borges: el sexo no se hizo para los escrupulosos. Además, ¿es que no hay prostitutas de alma? Al decir de uno de los comentaristas, desde una estricta perspectiva marxista, tener sexo por dinero es más real que tenerlo por ilusiones gratuitas. Se busca entonces algo que esté entre lo permisible y lo prohibido, ¿existirá?

Salirse de los valores morales representa dejar andar al instinto, que puede ser muy peligroso, pues desmantelar toda la fachada construida para el ojo del otro, significa erigir un nuevo edificio, y para lograr hacerlo, crear una nueva sociedad. La mujer como símbolo de rectitud, llena de conflictos sexuales, se ve encarnada en el personaje de La Pianista, película dirigida por Michael Haneke. Allí se muestra el convulso mundo de la fémina atiborrada del súper yo freudiano, que le infunde la madre. La protagonista, de un gran prestigio artístico en su país, vive paralelamente un pequeño mundo interior donde deja andar la acción desintegradora del instinto. Esto se trasluce en la suplencia del ello por el súper yo, sin alcanzar nunca al yo. Los tabúes son rotos en los momentos “demenciales”, mas este desaparece ante el ojo inquisitivo de la sociedad, optando al final por la autoflagelación como liberación del alma.

Un ejemplo contrapuesto a este se puede encontrar en Gia, del director Michael Cristofer, donde predomina la idea de la libertad sexual dando alas al ello, llegando incluso a las prácticas homo eróticas. Aquí se rompen las reglas del encuentro del individuo con el límite, simplemente no lo hay, o alguien se atreve a cruzarlo. El sexo es emancipado, disfrutado una vez que ha sido desmoralizado. Mas no por ello la protagonista deja de ser más femenina, atractiva y con grandes posibilades y deseos de ser madre. Simplemente no desechó aquellos sueños e instintos homosexuales que se producen en la niñez.

“La problemática homosexual ha estado ligada a la idea de lo sucio e impuro, relacionado con el pecado; detrás de todo ello circula la noción de la naturaleza caída, propia del cristianismo” (FOWLER, 1998, p.50). Empero, es un tema que existe, que se valora en muchos filmes y obras literarias, incluso en aquellas de antaño. En el capítulo Juegos de Niñas del libro Ofelias de Aida Bahr, se caracteriza el clásico dilema de la familia donde uno de sus miembros, insatisfechos, se da cuenta de su condición homosexual, a la cual no puede responder por lo que representa para los demás. La singularidad en este caso es que se trata de una mujer y no de un hombre como suele verse, con lo que entran a jugar una serie de factores como el sentimiento de culpa y la responsabilidad para con la hija por ser ella la figura clave en su vida. Lucir madre se contrapone para la protagonista, con lucir mujer; y lucir mujer significa también tener el sexo elegido. Mas ella es madre y mujer, ¿qué hacer?

Las edades de Lulú, película dirigida por Bigas Luna, expone el placer de la homosexualidad de forma diferente, cuando coloca a la protagonista como una espectadora y a veces participante de una relación homo erótica entre hombres. Lulú busca el placer en el morbo, en lo que ha estado vedado para sus ojos pero que sabe existe. Lo disfruta desde lo más intrínseco de su ser, su animal. Así, el tema de la pornografía, catalogado por mujeres -en su “querer ser” aparentemente escrupulosas- como sólo de hombres por mostrar relaciones lésbicas, queda limitado para ellas al no entender lo principal: la morbosidad del asunto. Y es que “hasta los temas más prohibidos son significativos actos de emancipación, gritos de libertad ante infinitas represiones al fin sobrepasadas en la defensa abierta de la sexualidad”. (FOWLER, 1998, p.9)

El placer ha sido visto por algunas culturas como tema tabú para las mujeres. El no permitir sentir ha estado asociado a participar en el acto sexual sólo como instrumento para la satisfacción del hombre. Para muchas de ellas el placer se halla justo en el orgasmo del hombre y no en los suyos. Mas esto no se le escapa también, a una buena parte de las mujeres occidentales, aunque ya no se trate de religión. Alí ibn Abu Taleb, fundador del movimiento chií, dijo: “Dios Todopoderoso creó el deseo sexual dividido en diez partes; de ellas, dio nueve partes a la mujer y una al hombre” (BROOKS, 1996, p.13). ¿Qué falta entonces? ¿Voluntad? Si esas virtudes le fueron dadas, todo lo que resta es la liberación de lo primitivo. Se es un animal sexual ¿y qué? El papel de la madre es complejo en estas cuestiones, luce, en muchos casos, asexual para la hija, pues es ella el primer patrón de conocimiento y por tanto de imitación; y así se repite el antiguo cuento de la cigüeña.

El ser recatado y tener una aureola de beatitud, no significa siempre la anulación del placer. Un tema tan escabroso para algunas como la masturbación, forma parte de la vida de muchas mujeres al igual que en la de los hombres. Casi nunca se asocian estos temas a las féminas, unas veces por la ruborización de éstas y otras por el complejo masculino de no concebir a la mujer alcanzando el mayor de los placeres sin la necesidad de un falo. El psicoanalista Freud argumentó que los humanos nacen “polimórficamente perversos”, en el sentido de que una gran variedad de objetos pueden ser una fuente de placer, sólo que con el transcurso del tiempo, estos se van reprimiendo inconscientemente con la llegada de los valores seudo moralizantes. Algunas de las mujeres que practican la masturbación, son víctimas, luego de terminar, de un sentimiento de culpabilidad por pensar que realizan actividades insanas. Fuera de esto, el acto de la masturbación llega como momento de la más íntima entrega, puesto que no se comparte en la mayoría de las veces y ya lo aparencial no importa.

Aparece entonces la mujer en un sitio que difícilmente puede asignársele como única posición. ¿Qué las hace singulares? Pregunta demasiado compleja como para comprometerse a responderla en este texto. ¿Habrá una identidad?, ¿o es que se ha luchado por incorporar una? Puede que entonces sea una identidad asumida, mas si eso es cierto, ¿quién es la verdadera mujer? Ella se mira de una forma, muchas veces autocomplaciente y distante de la realidad; el ello de ellas las mira como unas gozadoras del dolor y también del placer; los hombres las miran, los hijos las miran, la sociedad las mira, todos de disímiles formas. Más jóvenes, más viejas, más maquilladas, menos estropeadas, más dulces, más agresivas… es toda una cosmética que oculta su verdadero ser. Lleva dentro a Lilith que persigue la paridad con el hombre porque se siente su igual. No vacila en cubrir anhelos ante la vulnerabilidad de saberse pecaminosa. No traiciona a la primera dama de la historia, a Eva, le sigue los pasos aunque ahora redentora del prestigio social. Esa mujer no se sabe quién es, ni qué luce, ni qué es.

NOTAS:

1- Es importante su mención en estos temas ya que algunos críticos lo ven como a un filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes.
2-Alusión al título de la novela de Graciela Garbaloza: La Gozadora del Dolor, que rinde homenaje a aquellas mujeres que siendo víctimas de diversas situaciones, ya sean materiales, naturales o espirituales, continúan siendo unas gozadoras.
3- Existe una leyenda donde aparece Lilith como la primera esposa de Adán, quien teniendo relaciones sexuales con él se rehusó a estar debajo, puesto que Dios la había creado a ella también del polvo como su igual. Luego Eva sería creada de la costilla de Adán porque Lilith encolerizada lo abandonó.

BIBLIOGRAFÍA

BAHR, Aida. Ofelias. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2007
BROOKS, Geraldine. Un mundo bajo el velo, la vida oculta de las mujeres musulmanas. Barcelona: Grupo Editorial Random House Mondadori, 1996
FOWLER, Víctor. La Maldición, una historia del placer como conquista. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1998
GARBALOZA, Graciela. La Gozadora del Dolor. Habana: Imprenta El Siglo XX, 1922
NIETZSCHE, Friedrich. Filosofía General. Madrid: Editorial Valdemar, 1997

PELÍCULAS

La Pianista. Director: Michael Haneke.
Gia. Director: Michael Cristofer.
Las edades de Lulú. Director: Bigas Luna.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Gallegas en Cuba.






En la foto Carmen Almodovar
Julio César González Pagés y equipo de la
Red Iberoamericana de Masculinidades


Presentación de la Dra. Carmen Almodóvar al libro Gallegas en Cuba


En términos generales, cuando se acude a la presentación de un libro, se indaga por el autor del mismo, en tanto se unen el escritor y su obra para perdurar en la memoria o para ser condenados al olvido.

Siempre había pensado, que en este mundo de las Ciencias Sociales, tan complicado y espinoso -pero a la par tan lleno de compensaciones- no resultaba fácil abrirse paso rápidamente, bien en el ámbito universitario como en el de las publicaciones. Cuando reflexionaba al respecto no había tomado en cuenta las excepciones. Hoy estamos en presencia de uno de esos casos: el de un joven historiador, poseedor de una cautivante personalidad y de una tenacidad incalculable, que ha logrado romper “tabúes” y algunas barreras consideradas “infranqueables” para ganarse por “sus méritos” un espacio prestigioso como intelectual, dentro y fuera de Cuba.

Julio César González Pagés en apenas dos décadas, ha dictado conferencias y cursos sobre su especialidad –Género- en universidades y centros de investigación altamente reconocidos. España, Estados Unidos, México y otros países europeos e hispanoamericanos, han reclamado reiteradamente su presencia.

A partir de 1991, se suceden los títulos, libros y folletos –avalados por reconocidas editoriales- ven la luz tanto en Cuba como en el extranjero. Después del año 2001 sus trabajos también aparecen en soporte digital e Internet.
Julio César González se acerca tempranamente al estudio del movimiento feminista, a su lucha por el derecho al sufragio… Aún no había abandonado las aulas universitarias y ya era un defensor de estas causas un tanto perdidas u olvidadas en muchas partes del mundo. El doctorado le conduce definitivamente hacia los estudios de género… y en este ir y venir, en su afán por “rescatar al género femenino de la invisibilidad”, se encuentra un buen día con las vicisitudes confrontadas por las mujeres gallegas que deciden emigrar al “Nuevo Mundo” para “hacer la América”, creyendo algunos “cantos de sirena” puestos en boca de supuestos “indianos”, a través de las “cartas de llamada” y todo el imaginario creado al amparo de las “tierras de promisión”.

Surge así el acercamiento del mencionado historiador al tema de la emigración y el libro Las hijas de Galicia, que hoy amplía y reverdece en Gallegas en Cuba, editado en soporte digital.

A mi juicio, la estructura del libro – muy bien balanceada- cuenta con un discurso que, sin perder las precisiones informativas, las valoraciones novedosas, los análisis críticos y por supuesto, una fuerte presencia de criterios propios, mantiene un ritmo ágil y una elegancia sobria que atrapa al lector, obligándolo a continuar su lectura. He ahí uno de los méritos que debe concedérsele al libro, en tanto se ha escrito para leerse con placer, no por obligación.

El lenguaje empleado por el autor es accesible a todo estudioso del tema, sea o no especialista en el mismo; ha tenido el buen tacto de escribir para ser entendido sin necesidad de recurrir a un diccionario a cada paso. No se suma a corrientes de mal gusto impuestos por algunos “seudo-intelectuales”
Hace un momento he subrayado los valores formales de Gallegas…; a continuación voy a referirme a los contenidos de ese dinámico discurso, determinante, a la hora de evaluar una obra.

En primer lugar, el trabajo no está dirigido a examinar la historia de una institución, como pudiera presumirse –dado que la mayoría de las gallegas residentes en La Habana en aquellos tiempos de “república mediatizada” estaban asociadas a Hijas de Galicia –como una manera de agruparse en un territorio ajeno al propio, buscando amparo y calor humano- por tal motivo, el estudio del quehacer de la referida Asociación no resultaría ocioso. Sin embargo, aunque para Julio César González “el eje fundamental que motiva su investigación es la Asociación “Hijas de Galicia”, el verdadero centro temático de su libro es “el análisis sobre qué lugar ocupaban las mujeres gallegas en el seno de aquella hospitalaria sociedad y cuáles eran sus principales preocupaciones.”

La metodología empleada, ajena a los cánones tradicionales –donde interactúan métodos provenientes de diferentes disciplinas dentro de las Ciencias Sociales- a lo que se suma una rigurosa selección de fuentes empleadas, debidamente criticadas- permite al autor cumplimentar con creces los objetivos propuestos.
En el primer capítulo sobresale el epígrafe titulado “De Vigo a Coruña: embarque para las Hijas de Galicia”. El historiador pone al descubierto una página que había sido prácticamente obviada por la historiografía precedente relacionada con el tema abordado: la utilización de las mujeres que emigraban para trabajar honradamente y labrarse un porvenir y se convertían –por razones de la vida- en una fuente abastecedora de prostitución.

Julio César González Pagés se vale de expedientes penales, testimonios y la prensa de la época –entre otras fuentes- para estudiar las causas que conducen a muchas gallegas, a enrolarse en territorio cubano, a las filas de las “prostitutas”. La mayoría de estas infelices mujeres “caen en barrena” y reciben el menosprecio de la sociedad que le rodea. Por excepción –como en el caso de la “Macorina”- se convierten en dueñas de sus propios negocios, aunque estos carezcan de respetabilidad. En el propio capítulo debe destacarse lo concerniente a las “Voces feministas” que se alzan en l 1ro y 2do Congresos Nacionales de Mujeres (1923 y 1925) para reclamar medidas concretas que beneficiasen a la mujer inmigrante y evitar, con estas disposiciones, los atropellos a que eran sometidas, incluso, por parte de sus propios familiares.

El autor de Gallegas… pone al descubierto la denuncia de las feministas cubanas acerca de las diversas fórmulas empleadas en la Isla para explotar a las emigradas. Asimismo, subraya el investigador, cómo alzan su voz en los referidos Congresos, estas mujeres de avanzada, en señal de apoyo para la construcción de un refugio apropiado para las emigradas, contando con la efectiva colaboración de las instituciones españolas.

En el 2do capítulo abunda la información de primera mano sobre el nacimiento del sanatorio “Concepción Arenal”, sus estatutos, sus fundadores y el desenvolvimiento de las 1ras Juntas Generales de Asociados. Sobresale en el capítulo, el espacio concedido en éste a los “debates” suscitados en las Juntas, donde numerosas asociadas denuncian las conductas impropias asumidas por algunos directivos del centro asistencial, elevándose estas denuncias –en casos puntuales- a los tribunales competentes.

El autor se detiene en los “derechos” de loso asociados, en los beneficios sanitarios yen la presencia femenina en el seno de la Junta Directiva. Si se toma en cuenta la época en que se elaboran aquellos Estatutos, se les puede considerar de “Avanzada”. González hace hincapié en que no se obvie el responsable papel jugado por algunas asociadas, quejándose con sólidas fundamentaciones, en cartas dirigidas a los Presidentes de “Hijas de Galicia” de situaciones tales como: la manipulación de los Estatutos por parte de las Juntas Directivas Gobernantes, inapropiadas decisiones de las Juntas, incompetencia en los fallos dictados, etc. Demuestra el autor con sus ejemplos incuestionables, el gran interés de buena parte de la membresía en los problemas internos de la citada Asociación.

En el tercer y último capítulo del libro que se comenta, Julio César González se hace eco, con muy buen tino, de las polémicas surgidas alrededor de la compra de un terreno por parte de la “Sociedad Hijas de Galicia”, para que fuese instalado en él un balneario. Las razones esgrimidas por aquellas asociadas, muy bien documentadas sobre sus derechos para oponerse a la referida transacción, son detenidamente evaluadas por el historiador que destaca la diligente actuación de algunas de aquellas mujeres, en defensa de los intereses de la Sociedad a la que pertenecían, en una coyuntura que no las favorecía.
En el mismo capítulo González analiza, desprejuiciadamente, un tema espinoso: la imagen estereotipada divulgada en cine, teatro y la radio sobre la mujer gallega.

Durante años, el teatro vernáculo impuso en Cuba una imagen de la gallega –que de hecho, simbolizaba a todas las nacidas en España- donde se entremezclaban honradez, incapacidad, tozudez, laboriosidad, torpeza, etc., de manera intencional, discriminatoria, en la misma forma que se hacía con el “negrito criollo”.
El cine se hace eco, particularmente el argentino, de este estereotipo, a partir de la aparición en pantalla de la Cándida protagonizada por Nené Marshall. Julio César González se remite a la reacción de algunos periodistas sobre este sensible tema; particularmente destaca las airadas protestas de Fuco Gómez, oponiéndose a esta pueril y vejaminosa imagen de las gallegas, en unos y otros espacios socio-culturales.

No deja en el tintero el autor a que se hace referencia, la caracterización de la revista Cenit, órgano oficial de “Hijas de Galicia”, publicación que incluye a la mujer en sus cuadros de dirección y le concede la posibilidad de escribir en sus secciones –fijas: González reflexiona, con objetividad, ubicándose siempre en el contexto histórico en el cual se inserta la mencionada revista- sobre los temas abordados en aquellos espacios, que ponen a prueba la capacidad de estas mujeres –devenidas periodistas- y destaca la utilidad y novedad de algunos de sus escritos relativos a la historia, la educación y la formación de valores cívicos.
Coincido con el historiador en que Cenit cumplió ampliamente sus objetivos y la evolución de la revista tiene un carácter ascendente, desde el ángulo cultural, en tanto se atreve a incorporar a sus páginas temas considerados tabúes, en aquellos años, como el dela educación sexual.

Sólo me resta aplaudir esta nueva entrega de Julio César González, que una vez más hace aportes a las historiografías de Cuba y España, coadyuvando con su quehacer a mantener vivos e indisolubles, los lazos de nuestra “Común Historia”.

Cuba: Independencia con nombre de mujer



En la foto Julio César González Pagés
y Oilda Hevia historiadores del tema
de mujeres en Cuba


Por: Dixie Edith
Miércoles 1 de septiembre de 2010,

La Habana, agosto (Especial de SEMlac).- Aunque la historia conocida revele apenas unos pocos nombres, muchas cubanas del siglo XIX se sumaron a las gestas independistas contra el dominio español, a contrapelo de la fuerte y arraigada tradición que las obligaban a vivir puertas adentro de sus casas."Queda por hacer una lectura de género de las guerras de independencia para aquilatar el verdadero papel de las mujeres", sostuvo en entrevista con SEMlac el doctor Julio César González Pagés, historiador que ha dedicado muchas de sus investigaciones a rescatar la memoria de las mujeres de la isla.

"A la hora de hacer un estudio de este período, sobre todo a escala local, es importante visualizar personas, poner nombres. Pero también hay que hacer un análisis más global porque, a veces, cuando resaltamos individualidades, quitamos el mérito al colectivo y creo que las luchas por la independencia de Cuba tuvieron una participación de mujeres que no fue excepcional, sino mayoritaria", agregó el también coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

La llamada Guerra de los Diez Años, primera contra la colonia española que recoge la historia cubana, comenzó el 10 de octubre de 1868 con el levantamiento en armas de Carlos Manuel de Céspedes, un hacendado y patriota de Bayamo, ciudad ubicada a unos 750 kilómetros de la capital, quien también liberó a sus esclavos.

Treinta años duraron las conflagraciones contra España, interrumpidas por breves períodos de incierta paz.

La historiografía cubana las divide en tres: esa primera, que terminó en 1878; una intermedia, muy pequeña, nombrada la Guerra Chiquita, y la final, iniciada el 24 de febrero de 1895, a la que José Martí, el Héroe Nacional cubano, denominó la "guerra necesaria" y culminó con la intervención estadounidense en 1898.

Pero las investigaciones coinciden en que ya antes de octubre de 1868 muchas cubanas habían tomado partido a favor de la libertad y se habían sumado a la conspiración contra España. En ciudades como Matanzas y Puerto Príncipe, del centro y oriente, respectivamente, por sólo citar dos ejemplos, ocurrieron acciones femeninas previas al levantamiento en armas. En la Sociedad Filarmónica de Matanzas, en fecha tan temprana como 1849, un grupo de mujeres no participó del baile en una de sus reuniones, como protesta ante la presencia de oficiales españoles.

De igual forma, en Puerto Príncipe, en agosto de 1851, otras se cortaron el cabello ante el fusilamiento de algunos hombres de la ciudad, entre los cuales estaba el patriota José de Agüero y Agüero, todos acusados de infidentes a la Corona española. En esa época, las mujeres que se cortaban el pelo eran tomadas por prostitutas."Es evidente un compromiso previo a la contienda y, aunque el acto militar de la guerra es masculino, ésta no es sólo el combate, también es el aseguramiento, la retaguardia, los hospitales de campaña", reflexionó González Pagés.

La escritora cubana Mirta Aguirre calificó las luchas independentistas cubanas de "guerras familiares", por la participación en ellas de matrimonios que llevaron consigo a sus hijos, según refiere el texto Influencias de la mujer en Iberoamérica, editado en 1948.Entre los pocos nombres de mujeres que han vencido el olvido de los libros de Historia pueden citarse el de Mariana Grajales, la madre de los hermanos Maceo; María Cabrales, Amalia Simoni y Bernarda Toro, que acompañaron a sus esposos, generales del Ejército Libertador, en los campos de batalla.

También está el de Rosa, La Bayamesa, esclava negra que alcanzó los grados de Capitana; Carmita Cancio, La Negra, colaboradora de Carlos Manuel de Céspedes, que transportaba armas, alimentos y mensajes; Adela Ascuy, también Capitana, pero de Sanidad Militar, quien participó en más de 40 combates; Isabel Rubio, cuya casa fuera el mayor centro conspirador de la occidental provincia de Pinar del Río; y Emilia Casanova, fundadora de clubes patrióticos en la emigración, quien atesoraba cartas escritas por Giuseppe Garibaldi en las que éste apoyaba la gesta de Cuba.

Sin embargo, la también historiadora cubana Raquel Vinat de la Mata, coincide con González Pagés."Evocar en breves líneas el valor desplegado por las cubanas durante las contiendas independentistas del siglo XIX representa, más que un difícil ejercicio de selección, una tarea involuntariamente injusta, pues toda síntesis implica omisiones y, si somos fieles a la razón, muchas son las antepasadas que merecen ser reconocidas como paradigmas de la dignidad patriótica nacional".

Investigadora titular del Instituto de Historia de Cuba, Vinat también ha abogado por una mirada más profunda a esta etapa de la épica patria."No es reiterativo recordar la arbitraria tendencia a identificar la labor femenina cubana con la obra de un exiguo grupo de heroínas. Esto se explica porque algunos investigadores, por desconocimiento o arraigada cosmovisión androcentrista, aquilatan a estas mujeres no sólo por ser las más descollantes, sino más bien por ser una suerte de excepcionalidades", sostuvo en entrevista con la quincenal revista Bohemia, publicada en 2004.

Un hecho queda claro del estudio de la historia. Las guerras independentistas, sobre todo la de los Diez Años (1868-1878), cambiaron la imagen que se tenía de la mujer cubana, tanto por parte de los independentistas, como de los colonialistas españoles.

"Las cubanas son las que han hecho la insurrección en Cuba", expresó el historiador español del siglo XIX Antonio Pírala, un hombre que siempre defendió el colonialismo en la nación caribeña."Cuando una persona tan conservadora como Pírala dice algo así, es señal de la admiración que estas mujeres despertaron en él", afirma González Pagés.

En la guerra y para la paz

"Si tuviera que elegir una heroína, sería, en primer lugar, Ana Betancourt de Mora, porque simboliza el sueño de las mujeres que también abogaron por sus derechos y no sólo vieron en el acto de la independencia un asunto de la patria, de la nación", confesó a SEMlac González Pagés.

Ana Betancourt nació en la oriental ciudad de Camagüey, el 2 de febrero de 1832, en una familia acaudalada. Recibió una educación pragmática, como correspondía a las mujeres de la época, que incluyó bordados, tejidos, cocina y atenciones hogareñas. Y se casó con el joven Ignacio Mora el 17 de agosto de 1854.Mora era un hombre adelantado a su tiempo y no quiso destinarle a su esposa sólo las labores hogareñas y las atenciones matrimoniales. La estimuló a estudiar idiomas, literatura y otras materias, hasta que los sorprendió el fervor independentista y la pareja se sumó sin titubeos a las luchas contra el colonialismo español.

Mora se unió a las tropas del patriota Ignacio Agramante, pocos días después del alzamiento de Céspedes. Ana los despidió y alentó: "Por ti y por mí, lucha por la libertad". Pocos meses después, el 14 de abril de 1869, en Guáimaro, Camagüey, se efectuó la Asamblea Constituyente de la República en Armas, donde nació la primera Constitución de Cuba libre. Allí, Ana Betancourt anticipó demandas que las cubanas asumirían, en conjunto, varios años después."Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer", dijo a los reunidos en Guáimaro.

Otras dos mujeres de la gesta han acaparado especialmente la atención de González Pagés."Una es Magdalena Peñaredonda, pinareña (la provincia más occidental de la isla). Llegó a ser Capitana del Ejército Libertador y luego se incorporó al movimiento feminista, sufragista. Fue una de las periodistas más agudas de los primeros años de la República. Durante la guerra del 95 la llamaban "la delegada de Vueltabajo". Para que una mujer haya sido legitimada de esa manera en aquella época, debe haber sido una mujer muy grande", aseguró.

La otra fue Edelmira Guerra, una cienfueguera que abogó por el derecho al divorcio y fundó un club independentista, el "Esperanza del Valle", en junio de 1896, en la zona central de Cuba. También fue mambisa y realizó labores de espionaje para las tropas libertadoras."Esta mujer no estuvo preocupada sólo por apoyar la guerra, sino también por lo que llamamos ahora cuestionamientos de género", reflexionó el historiador. Clubes como el de Edelmira nacieron en Cuba y en el exilio y resultaron vitales para el sostén económico de la guerra. Se estima que entre 1892 y 1898 existieron alrededor de 85 clubes en la emigración, más unos 20 en la isla.

Según González Pagés, entre abril de 1893 y marzo de 1895 estas agrupaciones lograron recaudar importantes fondos para la guerra.Pese a sus valiosos aportes, las investigaciones señalan que, como suele suceder en los conflictos bélicos, las mujeres fueron las grandes perdedoras de la campaña independentista.

"Fue una guerra devastadora, que duró 30 años, y cuando se instauró la república, a las cubanas no se les dio ni el voto. Muchas se quedaron viudas y sin hijos, a veces en terceros países, sin poder volver porque habían dado todo su dinero para la guerra", relató González Pagés.

Ana Betancourt de Mora fue una de esas mujeres. Lo único que pidió entonces fue un pasaje para venir a morir a Cuba Y no se lo pagaron. Ella falleció en Madrid, en 1906, y no fue hasta 1968 que sus restos fueron traídos a Cuba."Son historias que constan en documentos, en cartas, en la prensa de la época.

Una vez el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals me dijo que, cuando se estudiaran con detenimiento y acuciosidad, la historia de Cuba, sobre todo la relativa a las mujeres, iba a cambiar", aseveró el investigador.


Diario Rotativo de Querétaro